Fernando Simón, la voz de su amo

La farsa propagandística de Simón no es otra cosa que la directriz marcada desde Moncloa

La conducta de Fernando Simón puede servir de epítome revelador de la gestión llevada a cabo por Pedro Sánchez respecto a la trágica pandemia de la Covid-19. La contemplación del periplo mallorquín del director general del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias para grabar un programa de Jesús Calleja, buceo marítimo y ascenso en globo incluidos, la misma semana en que el coronavirus provocaba la muerte de varios cientos de personas en España, revela la insensibilidad e impermeabilidad de los gobernantes monclovitas hacia el nefando escenario.

La aventura insular de Simón no es más que el colofón, por ahora, de una línea de actuación desde la primera comparecencia pública como portavoz gubernamental de la plaga que nos azota. Todas las afirmaciones «no habrá más allá de algún caso en España»; «si lo hay, será controlado»; «afectará a dos o tres personas»; «no hay que cerrar los colegios» o «las mascarillas no deben ser obligatorias» constituyen tan solo parte de un rosario de razones impropias de un médico. Al contrario, son las provenientes de un impostor, que lo es al menos en lo referido a su título de doctor. Pero sobre todo, conforman argumentario irrefutable para la dimisión o destitución.

No nos engañemos, la farsa propagandística de Simón no es otra cosa que el reflejo de la voz de su amo, de la directriz ordenada desde Moncloa, de la mentira por bandera. A modo de ejemplo, recordemos las reiteradas referencias del presidente del Gobierno de España al comité de expertos para justificar toda una serie de decisiones interesadas, un comité que resultó ser inexistente. El bote de las esencias publicitarias lo abrió Sánchez con sus televisivos «aló presidente». Simón, eso sí, no merece nuestro aplauso, pero quizá merite una Secretaría de Estado. Así es la vida.