Chiringuitos playeros, ínsulas efímeras del disfrute estival

Consiguen una de las ilusiones más ansiadas, dejar entrever el cercano horizonte de la satisfacción a escasos metros de la orilla del mar

Imaginamos el futuro de mil maneras, pero no nos atrevemos a pensar en playas sin chiringuitos
Imaginamos el futuro de mil maneras, pero no nos atrevemos a pensar en playas sin chiringuitosLa RazónLa Razón

Imaginamos el futuro de mil maneras pero no nos atrevemos a pensar en playas sin chiringuitos, como bien de interés bañista, protegidos por turistas y hasta por los enemigos del sol, bajo el poder de la sombra.

Basta observar las fotos de los chiringuitos que vuelven a aterrizar en las playas para retratar el prólogo del verano de frente y de perfil. Los visitados esta semana para ser radiografiados disfrutan de ese extraño clima tranquilo que precede al aluvión de clientes que convierten estas agradables infraestructuras en centros de peregrinación.

El chiringuito playero se vuelve polifacético, a ratos, como patente playera que nunca descansa. Punto de encuentro global. Isla cervecera con un toque de coctelería sin prejuicios. A babor los surferos y deportistas a estribor las barriguitas cerveceras. Sin objetivo o cliente común son capaces de aglutinar a todos los visitantes de la playa. Todo un universo para el verano que acaba de comenzar. No necesitan presentación.

Algunos nacieron con éxito pero con el paso del tiempo van feneciendo cualitativamente. Otros consiguen una de las ilusiones más ansiadas, y dejan entrever el cercano horizonte de la satisfacción, a escasos metros de la orilla del mar, mientras los empáticos camareros se mueven con éxito como robots articulados portando cervezas y tintos de verano con orquesta culinaria y música de fondo gastrónoma incluidas. Querer y poder.

En otras ocasiones se manifiesta la venganza del Sol contra los clientes por el empeño, las prisas y las presiones por colocar los parasoles de aquella manera. Y por si fuera poco, la falta de sombra tumba la inclusión culinaria.

Los chiringuitos de playa no escapan a esa perpetuidad efímera FOTO: La Razón La Razón

Un aperitivo sencillo constituye un verdadero lujo al borde del mar. Hostelería práctica de campaña sin aditivos para conquistar al cliente accidental o de forma enigmática al vecino de la playa durante el resto del verano mientras dosifican el buen servicio toda la temporada. Prohibido agobiarse. El ritmo del servicio a fuego lento permite disfrutar de la panorámica.

Aunque la cantera de los optimistas es de lo más diversa, por más esfuerzos que hacemos por entender algunos guiñoles playeros, a veces, no cuaja la convicción de que todo es posible en el marco de la restauración estival. No todos valen.

La autodeterminación de las sombrillas y hamacas se convierte en un auténtico señuelo y cuando menos te lo esperas encuentras un nicho playero en forma de chiringuito. De aquí no nos movemos. Espacios con todo lujo de detalles para facilitar la jornada a los bañistas y no bañistas. Y es que comer y beber en compañía del mar ayuda y mucho. Y quien conoce a determinados clientes, saben que no olvidan. Ya se sabe que los caminos hacia la arena son inescrutables.

Otros se convierten en fotoprotectores en forma de sombrillas industriales, pérgolas, o tejadillos, que combinan el factor contra los rayos ultravioleta acompañado de una rubia fría con otras propiedades gastronómicas en forma de tapas y raciones mientras se combaten los golpes de calor con el mínimo esfuerzo.

Las cosas sencillas no son siempre las más fáciles. Los chiringuitos de playa no escapan a esa perpetuidad efímera. Tras la temporada estival su presencia se desvanecerá. El romance de los bañistas y turistas no sobrevivirá a las vacaciones.

Hay que exprimir esta fidelidad playera a la orilla del mar hasta el último minuto, pero con condiciones. Amores o desamores de verano. Todos a una, corean su eslogan favorito…hay chiringuitos para rato, al menos para tres meses.

Las dudas estriban en averiguar cuál merece la pena visitar. Manos a la obra, todo es empezar. Chiringuitos playeros, ínsulas efímeras del disfrute estival.