Un paseo por los jardines más bonitos de Valencia, la mejor opción para el verano en la ciudad

Algunos de ellos aúnan la paz de sus especies botánicas con pinceladas de la historia urbana

El Jardín del Chalet de Panach es uno de los grandes desconocidos de Valencia
El Jardín del Chalet de Panach es uno de los grandes desconocidos de Valencia FOTO: La Razón Ajuntament de València

Hacer turismo en la ciudad de Valencia y disfrutarla durante las vacaciones para poder visitar todos esos lugares que los quehaceres diarios nos impiden, puede ser una buena opción para aquellos que están en verano en el Cap i Casal. Tanto propios como forasteros. Y pasear por los jardines de la “Tierra de las Flores” puede ser una fantástica opción para desconectar del estrés diario.

Aquí te proponemos una opción aún mejor, que aúna la paz de estos espacios con las pinceladas que la Historia dejó en enclaves privilegiados, otrora propiedad de familias valencianas y hoy recuperadas para vecinos y visitantes: los jardines históricos de los que la ciudad presume. El Ayuntamiento de Valencia recogió todos estos enclaves hace años en una interesante guía coordinada por Amparo Medina y realizada por Julio Lacarra.

Jardín de Ayora

Es un hermoso jardín de trazado libre, con toques románticos que acompaña a un bello palacete modernista construido en 1900. El Ayuntamiento de Valencia compró los terrenos que actualmente ocupa el Jardín de Ayora y en 1976 comenzó las obras de acondicionamiento, restauración y limpieza de un precioso jardín abandonado a su suerte durante muchos años.

Con una superficie de 48.300 metros cuadrados y situado entre las calles de J. Monsoriu, Conserva, Plaza Organista Cabo y Avenida Santos Justo y Pastor pasa en 1.987 a ser gestionado y mantenido por la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares.

Situado en una zona tranquila, el jardín tiene un ambiente sosegado y sereno, ideal para pasear, destaca su frondosa vegetación, con grandes ejemplares de ficus, jacarandas, falsas acacias, aligustres de China, Olivos, eucaliptos y árboles de la lana.

El conjunto de este jardín esta dividido en cuatro zonas bien diferenciadas:

-El entorno presidido por el hermoso palacete de aires modernistas construido en 1900 por el comerciante José Ayora sobre proyecto de Peregrín Mustieles, que hoy alberga un Espacio Cultural de la Universidad Popular.

-El antiguo jardín anexo al palacete

-Una zona nueva, abierta y funcional de reciente construcción.

-La nueva zona de la estación de metro Ayora

La parte mas antigua, cerrada por un muro de piedra, se accede desde la calle a través de tres puertas antiguas de hierro. En él el verano es menos caluroso gracias a la gran cantidad de árboles existentes que dan sombra a la mayor parte de su superficie. Las calles serpentean delimitadas por setos recortados que encierran a su vez macizos con árboles, arbustos y vivaces que dan a su conjunto una gran belleza y naturalidad. Gracias su amplio número de bancos que se reparten por la zona el jardín es escogido por muchas personas mayores que encuentran en él un lugar de reunión para disfrutar del sosiego, la tranquilidad y el agradable microclima que da el jardín.

El entorno ajardinado alrededor del antiguo ‘chalet’, utilizado actualmente como guardería infantil, contiene numerosos juegos infantiles que atraen al mismo a muchas familias con sus hijos. En esta zona conviven especies arbóreas de gran antigüedad (naranjos y palmeras) con muchos árboles y arbustos de reciente plantación, ya que este espacio se acondicionó en 1985.

En la zona Oeste exterior al antiguo muro, se ha construido un nuevo jardín abierto y funcional. Contiene varios juegos infantiles y zonas de petancas. El espacio mas amplio es rodeado por una pérgola de grandes dimensiones, cubierta por buganvilla.

Por último, al Este, en la parte exterior al muro se ha creado un nuevo ajardinamiento sobre la estación de metro de Ayora.

Este jardín, en su conjunto, ofrece grandes contrastes: une el pasado con el presente, lo antiguo con lo nuevo, áreas tranquilas y sosegadas con otras de juegos y esparcimiento; por todo esto, es un jardín muy utilizado por los vecinos.

El parque de Ayora, en Valencia
El parque de Ayora, en Valencia

Jardín del chalet de Panach

El jardín cuenta actualmente con una superficie de 6.066 metros cuadrados. Fue abierto al público en 2003, aunque posteriormente fue ampliado en 2010. El chalet de Panach era la residencia de verano de la familia Gil Panach, de la cual toma su nombre. Sus primeros propietarios fueron Manuel Panach y Francisca Pastor, los cuales tenían una conocida óptica en Valencia. Construido en el siglo XIX, el edificio principal estaba rodeado por un jardín y un huerto de naranjos, además de contar con otras construcciones hoy desaparecidas, como eran las caballerizas y la casa de los guardeses. Del chalet solo queda el edificio principal, cuyo interior se decoraba con azulejos de Nolla y con lámparas que imitaban a las del Hotel Alfonso XIII de Sevilla. El jardín del Chalet de Panach recupera el antiguo huerto existente junto al chalet mediante la creación de un jardín dividido en tres zonas claramente diferenciadas, en el que el motivo central es el propio chalet, rehabilitado como biblioteca pública (Biblioteca Pública Teodoro Llorente).

El Jardín del Chalet de Panach es uno de los grandes desconocidos de Valencia
El Jardín del Chalet de Panach es uno de los grandes desconocidos de Valencia FOTO: La Razón Ajuntament de València

Jardín de Parcent

En el solar del desaparecido Palacio de Parcent, de amplia más que larga, historia, se plantó un jardín de traza sencilla y elegante, aprovechando elementos arquitectónicos del viejo edificio y beneficiándose de la noble proximidad de la magna cúpula de la escuela Pía, de los Santos Juanes y del mercado modernista central y aún de las espaldas de casas, de raíz pobre y apariencia romántica, del comienzo de la calle de Eixarchs, tan importantes -paradójicamente, se tiene en cuenta su modestia y sencillez- como para haber detenido el avance de la Avenida del Oeste o del Barón de Cárcer, con arranque junto a San Agustín y aquí muerta o parada.

El viejo palacio que tuvo su origen en tiempos de Carlos III por obra de los Cernecio, luego herederos de la casa Condal de Parcent fue al parecer “la primera del Reino de Valencia”. El colosal edificio albergó a José Bonaparte en 1813, y a los Reyes de las dos Sicilias, cuya hija venía a desposarse con Fernando VII; fue teatro, sede de la coral “El Micalet”, con un teatrillo de la organización de ciegos, anteriormente fábrica de sedas, y mil cosas más.

Jardín de Monforte

Con una superficie aproximada de 12.000 metros cuadrados, es un jardín para el reposo y el encuentro con la sensación estrictamente estética y naturalista. En él encontramos gran cantidad de bellas estatuas y jarrones, relajantes fuentes ornamentales y figuras de plantas recortadas, árboles y arbustos de gran belleza y antigüedad, setos recortados y zonas de flor que hacen de este jardín uno de los más bellos de la ciudad de Valencia.

Su origen se remonta a uno de los huertos existentes en la zona de extramuros de Valencia, concretamente al huerto de José Vich, Barón de Llaurí. Fue vendido en 1849 a Juan Bautista Romero, Marqués de San Juan, que pago por el 80.000 reales.

El Marqués de San Juan encargó al arquitecto valenciano Monleón Estellés la construcción del Jardín. En 1872, al morir el Marqués, pasa a su esposa, que lo deja en herencia a una de sus sobrinas Josefa Sancho Cortés. El matrimonio de ésta con Joaquín Monforte Parrés, provoca que desde ese momento se le denomine Jardín de Monforte.

El año 1941 es declarado “Jardín Artístico Nacional”, quedando bajo protección del Estado. Posteriormente, en 1970, pasa a propiedad municipal, restaurándose y abriéndose al público en 1973, tras la rehabilitación del Palacete y del trazado artístico neoclásico del jardín.

De este jardín se ha dicho que el “último jardín histórico-artístico del siglo XIX que queda en la ciudad de Valencia”.

Contiene 33 estatuas de mármol, abundancia de estanques y surtidores, un gran estanque con forma de flor de nenúfar, destacando los grandes ejemplares de magnolios, laureles y ginkgos

Recuperado para la ciudad por el Ayuntamiento de Valencia, después de la riada de 1957 y abierto al público en la primera Iberflora (1972), es gestionado y mantenido por la Fundación Pública Municipal de Parques y Jardines Singulares desde 1984.

Plaza de la diosa Flora, en los Jardines de Monforte
Plaza de la diosa Flora, en los Jardines de Monforte FOTO: La Razón Ajuntament de Valencia

Jardines del Real (Viveros)

La categoría histórica de este jardín, su extensión y cuidada jardinería, y la misma abundancia de monumentos escultóricos o de otro tipo que realzan su entorno, lo convierten en el corazón verde de la ciudad de Valencia.

Actualmente, este representativo jardín de la ciudad de Valencia, dadas las características propias del espacio, ha sido propuesto para su catalogación como “Conjunto Arbóreo Singular de Interés Local”, a efectos del artículo 6 de la Ley 4/2006, de 19 de mayo, de la Generalitat, de Patrimonio Arbóreo Monumental de la Comunitat Valenciana.

Puede considerarse el jardín más emblemático de la ciudad por su historia, valor cultural, ecológico y paisajístico, extensión y diversidad botánica.

Su trazado responde a diversos estilos de jardinería, fruto de las diferentes remodelaciones realizadas, con parterres de estilo romántico en su zona sur, zonas que imitan paisajes naturales en su parte norte, o la conocida “Rosaleda”.

Además de destacar por su gran cantidad y diversidad de ejemplares arbóreos, 2.769 ejemplares y 167 especies botánicas diferentes, contiene individuos excepcionales como la alineación de Washingtonias filiferas y robusta en el paseo de entrada desde el Llano del Real, uno de los paseos más largos en los que caminar dentro de Viveros, la gran Jacaranda mimosifolia y el impactante Podocarpus macrophyllus frente a la Alquería de Canet, construcción muy representativa y en buen estado de conservación, de la arquitectura rural valenciana.

Alineación de palmeras washingtonianas en los Jardines de Viveros
Alineación de palmeras washingtonianas en los Jardines de Viveros FOTO: La Razón Ajuntament de Valencia

Alameditas de Serranos

“Alameditas de Serranos” es el nombre popular con que se conoce un jardín de tipo romántico y estructura alargada, emplazado en la margen derecha del río Turia que comprende desde el puente de San José hasta el de la Trinidad.

La iniciativa se debió al Barón de Herves, corregidor de la ciudad, el cual en 1830 mandó construir dos paseos a uno y otro lado de las Torres de Serranos con el fin de limpiar y embellecer la ronda que se extendía desde los puentes mencionados.

Los jardines se delinearon por los académicos Cristóbal Sales y Francisco Ferrer en 1830 y 1832 respectivamente, construyéndose unos años después en 1837, las escalinatas a uno y otro lado de la puerta de Serranos, siguiendo los planos del arquitecto Salvador Escrig. Posteriormente en 1938 se rebajó la escalinata con motivo del cambio de rasantes en el pavimento de la ronda y se hicieron algunas obras de remozamiento tras la riada de 1957.

Entre las estatuas que adornan y dan mayor prestancia a los jardines destacan dos esfinges colocadas a la entrada del puente llamado “de madera”, desaparecido en 1957 y repuesto por otro de más sólida estructura, y el busto de Peppino Benlliure, obra de José Capuz, realizado en bronce dorado a fuego y colocado en artístico pedestal.

El monumento se inauguró en el verano de 1919, ubicándose en frente de la casa de los Benlliure donde permaneció hasta 1957 en que fue derribado por la crecida del Turia; posteriormente volvió a reponerse en su sitio en el año 1962. Su inscripción: “Al pintor José Benlliure Ortiz, la juventud artística valenciana, con la cooperación e los círculos de Bellas Artes de Madrid y Valencia”. Otras estatuas son el busto del pintor Pedro Ferrer Calatayud, con el escudo de Valencia y la inscripción “Valencia al pintor Pedro Ferrer Calatayud. 1860-1944-1978″, está fundido en bronce y es obra de Rafael Rubio Rosell; una niña, en bronce, pos Esteve Edo; un busto de “Azorín”, también en bronce, efectuado por Victor-hino, que lo firma al lado y fecha 1968 (Victoriano Gómez López) en el que figura “Valencia a Azorín, 1969″ bajo el escudo de Valencia, sin corona; y la escultura de Salvador Tuset realizada en bronce verdoso por Amparo Tuset, dirigida por Octavio Vicent, en cuyo pedestal figura el escudo de Valencia y “Al pintor Salvador Tuset Tuset 1883-1951. Homenaje del Colegio Oficial de Profesores de Dibujo y del Ayuntamiento de Valencia, 1973″. Hay otro busto, al poeta Federico Mistral, firmado al lado por L. Bolinches, y en el pedestal, el Losange de Valencia y “Valencia a Mistral ”, figuró antes en la plaza del Conde de Carlet.

La diosa de Ceres en las Alameditas de Serranos
La diosa de Ceres en las Alameditas de Serranos FOTO: La Razón Ajuntament de Valencia

Jardín Botánico

El Jardín Botánico de la Universidad de Valencia tiene su origen en un huerto para la enseñanza de la botánica o hort de simples que se creó durante el siglo XVI, aunque desconocemos su emplazamiento original. En el siglo XVIII, con la llegada de las ideas de la Ilustración y el apoyo de ciertas organizaciones como la Real Sociedad Económica de Amigos del País, se instaló el nuevo jardín, más adaptado a los avances científicos, en el llamado huerto de Tramoyeres, extramuros de la calle de Quart. Pero los trabajos en él no comenzarían hasta 1803, bajo la dirección del rector Vicent Blasco.

Su época de esplendor le llegó bajo la dirección del catedrático de Botánica Félix Pizcueta, entre 1829 y 1863, quien mejoró las colecciones y permitió la aclimatación de plantas exóticas. Poco después se amplió el jardín hacia el Paseo de la Pechina, se construyó el invernadero de la Balsa y a finales del siglo XIX se construyó el gran umbráculo, obra del arquitecto Arturo Mélida.

Hoy cuenta con una importante colección botánica, con unas tres mil especies de árboles y plantas provenientes de los cinco continentes, destacando la colección de palmeras y árboles tropicales o la de cactus y otras plantas del desierto. Desde 1987 el Jardín Botánico se ha recuperado como centro investigador y docente de la Universidad, independiente de las Facultades y adscrito directamente al rectorado, realizándose importantes obras de adaptación que culminaron en el año 2000.

Glorieta

Este jardín fue trazado por el arquitecto Manuel Serrano Insa. Para su construcción se aprovecharon los solares originados por la demolición de varias casas situadas entre Santo Domingo y La Aduana al ser edificado este nuevo edificio a fines del siglo XVIII.

A este fin fueron adquiridos los citados solares por el mariscal Suchet en 1812.

Al llegar Elío a la capitanía general se piensa en instalar en esta superficie un monumento a Fernando VII rodeándolo de arboleda. El monumento no llegó a realizarse nunca pero se comenzó la plantación de naranjos, sauces y fresnos, con lo que se comenzó a delinear el futuro paseo.

Entre 1817 y 1820 se adquieren una serie de obras escultóricas procedentes del huerto del canónigo Pontons en Patraix para la ornamentación del jardín, entre ellas el tritón realizado por Ponzanelli y que todavía se conserva, las cuatro estaciones y el Neptuno, aquellas actualmente en los Viveros.

Las obras paralizadas con la caída del General Elio, no se reanudan hasta 1826 siendo Capitán General O’Donell quien mandó cerrar el jardín con una balaustrada de madera entre pilares de piedra rematados por pomos y jarrones. Esta balaustrada tenía una puerta de cierta monumentalidad frente a la calle del Mar, construida bajo la dirección del arquitecto Cristóbal Sales y rematada por dos leones de piedra que sujetaban con sus garras sendas esferas y llevaban al lomo geniecillos con emblemas, esculturas que realizó Vicente Piquer, se construye, ahora además el primer pabellón de música, en este momento la extensión del paseo jardín era de 150 metros desde la puerta de la plaza de Tetuan a la del Parterre y veinte metros de ancha.

Al cesar en el mando O’Donell en 1833 se hace cargo de las sucesivas mejoras de la Glorieta el Ayuntamiento, quien en 1841 toma posesión del huerto del convento de Santo Domingo con una extensión de “ocho hanegadas, un cuartón y doce brazas de tierra”, con la intención de anexionarlo a los jardines de la glorieta.

En 1844 se ensanchan los andenes y se desmonta la fuente del Tritón que fue a parar a unos almacenes. Dos años después Domingo Cicchiari establece junto a la puerta de la calle del Mar un café que trataba de emular a los que se habían puesto de moda en París y Londres, alumbrándolo con luz de gas.

En 1895 se construye una casa de socorro entre el café y la verja recayente a capitanía, situada en el mismo solar donde antes había unos almacenes. En 1901 se lleva la estatua de Neptuno procedente de la Alameda y antes del Huerto de Pontons. El paseo sufre además una importante reforma de jardinería al elevarse macizos de plantas y flores con tierra procedente de los derribos de la calle de Peris y Valero, con lo que se consigue dar un aspecto más uniforme al conjunto.

En 1905 Penichet describe el jardín como una “hermosa decoración de selva” con bosquecillos plantados de cedros, madroños, lentiscos y romeros coronados de corpulentos pinos y recias encinas que se levantan en medio de un parque florido rodeado de umbrosos plátanos... Más tarde, hacia 1919 Martínez Aloy habla del poderoso cedro, los corpulentos ficus y phenix, la gigantesca encina, la ecuatorial corifa, las hermosas latanias procedentes de la India y las enormes magnolias. La más profunda transformación de la Glorieta se efectuó en 1927, época de las grandes reformas urbanas de Valencia, siendo alcalde Luis Oliag, el Ayuntamiento acuerda llevar a cabo una total modificación del paseo; en unos meses desaparecieron las verjas, la mayor parte de los edificios allí existentes y muchos de los más antiguos y corpulentos árboles.

A partir de entonces La Glorieta queda reducida a la extensión que aproximadamente tiene hoy, con algunos monumentos dedicados a personajes valencianos destacados como el del Doctor Gómez Ferrer obra de Paredes, menos los niños a sus pies, que son de Luis Bolinche; el busto dedicado al pintor Francisco Domingo Marqués, fundido en bronce, de Mariano Benlliure, que estuvo antes en las Alamedidas de Serranos, y los de los pintores Muñoz Degrian y Joaquín Agrasot, ambos obra del escultor Francisco Maroc y Díaz -pintado, el primero coronando un banco de planta y perfiles curvos; el segundo en bronce, como lo fue también el primitivo del sainetero Eduardo Escalante, obra de Mariano Benlliure, que robada la cabeza, fue sustituida por una de mármol, obra del mismo Marco, situando este monumento a Escalante en un jardín del Cabañal, quedando reseñado allí.

En 1950 se colocaron en la glorieta un determinado número de antiguas farolas de gas con instalación de luz eléctrica fluorescente y se realizó un cercado de ciprés con supresión de la calle central abierta y cerrada más de una vez, dando así mayor amplitud a la zona e niños posteriormente en restauración de la glorieta conformándose según su morfología actual.

La Glorieta, en el centro de la ciudad
La Glorieta, en el centro de la ciudad FOTO: La Razón La Razón

Jardín del Parterre

Construido sobre unos solares existentes en la antigua plaza de la Aduana, es el lugar considerado por Martínez Aloy como el más bajo de Valencia. La fecha aproximada de construcción de estos jardines es el año 1850. En 1852 se plantaron ya cuarenta y siete magnolias y dos araucarias. La organización definitiva del Parterre tiene lugar bastante después, al ser inaugurado el monumento al Rey Jaime I. Según Nebot Pérez, este jardín estaba provisto de cuatro estanques circulares, otros tantos grupos de pinos de canarias, dos pisántropos, metrosidros y araucarias. Es posible que los citados metrosidros que Martínez Aloy considera como únicos ejemplares en Valencia, procedieran del jardín del Palacio Arzobispal de Valencia, pues esta rara especie de arbolado fue traída a España por el arzobispo de Valencia y patriarca de las indias Francisco Favián y Fuero. Según un acuerdo de la Corporación municipal, el 18 de marzo de 1901 se coloca en el banco corrido de piedra que rodea el parterre la verja de hierro que servía anteriormente de respaldo a los bancos de la Glorieta.

Un aspecto fundamental del Parterre lo constituye la monumental estatua dedicada a Jaime I. La idea de erigir la estatua surgió de la tertulia que se organiza en 1875 en torno a Teodoro Llorente, director de “Las Provincias”. Los contertulios pensaron que Valencia debía de solemnizar el sexto centenario de la muerte del Rey conquistador y presentaron un escrito al Ayuntamiento pidiendo la construcción del monumento.

La fecha del centenario pasó sin poderse erigir la estatua por falta de recursos económicos. Para que el entusiasmo popular no decayese se acordó en 1878 construir el pedestal, con una altura de siete metros y medio. Al año siguiente aparece en el “Boletín Oficial” la convocatoria dirigida a los escultores valencianos para realizar la estatua. Se presentaron Molto, Yerro, Gilabert, Santigosa y Aixa, pero el concurso fue declarado desierto, por lo que se iniciaron las gestiones para encargar la estatua a los hermanos Vallmitjana de Barcelona. La firma del contrato se realiza en 21 de octubre de 1882 con el alcalde José María Sales. La estatua fue tallada en madera por Agapito Vallmitjana y aprobado por la Junta en abril de 1886. Para poder fundir la obra, la Junta del monumento se dirigió al Ministerio de la Guerra, solicitando le fueran suministradas quince toneladas de bronce, lo que fue concedido, por Real Orden, en julio de 1886, mediante el envío desde la fortaleza de Peñiscola de cinco cañones y un obús que sumaban la cantidad solicitada. La fundición de la estatua fue concedida mediante concurso a “La maquinista valenciana” que se comprometió a realizarla en un plazo de ocho meses. Por una serie de problemas técnicos la Maquinista Valenciana no pudo terminar el monumento hasta diez años y medio después de firmado el contrato, por fin el 12 de enero de 1891 fue emplazada la estatua en el pedestal, inaugurándose oficialmente el día 20 de julio del mismo años. Posteriormente se colocó en la cara delantera el escudo de armas del conquistador y en la parte trasera el escudo de la ciudad de Valencia modelados por el escultor Aixa y a un lado y otro las leyendas ofreciendo el monumento al Rey Jaime I El Conquistador.

Desde su creación el jardín ha sufrido muy pocas variaciones. La instalación de luz eléctrica fluorescente se realizó al mismo tiempo que la de la Glorieta, añadiéndose alrededor de los macizos macetas con geranios. La riada de 1957 dañó este jardín, al igual que el de la Glorieta siendo necesaria su reconstrucción, con lo que cambió algo su morfología, de los cuatro estanques sólo se conserva en la actualidad uno al que se ha eliminado la verja de hierro decorándolo con losas de piedra y plantas acuáticas, algunas de loto; asimismo, se varió el exterior del pedestal del conquistador, suprimiendo los grandes peldaños.