Los hombres, primates con armas de destrucción masiva

El científico asegura que “la humanidad se encuentra en Defcon 1″ y que “con el cambio climático nos encontramos muy cerca del final”.

El paleontólogo Jose Maria Bermudez de Castro
El paleontólogo Jose Maria Bermudez de CastroCENIEHCENIEH

José María Bermúdez de Castro, paleontólogo y codirector de Atapuerca, ha escrito un libro que despeja las sombras de la evolución humana y arroja luz sobre el horizonte de nuestra especie, que anda embrollada con los retos del cambio climático, la tecnología emergente, las polarizaciones políticas y la disonancia entre nuestra biología de Homo y la capacidad de destrucción que hemos generado con el arsenal nuclear. «Estamos en una situación comprometida provocada por nosotros mismos. Habernos considerado superiores nos ha hecho soberbios. Pero las pandemias, como la actual, los tsunamis y otras catástrofes nos enseñan que somos una especie frágil».

Bermúdez de Castro, que posee un humor y un optimismo que no eclipsa el pesimismo, habla del «reloj del apocalipsis», un concepto que supone una hábil metáfora para hablar de la cuenta atrás en la que se desenvuelve hoy el ser humano. «Hace unos años se reunieron varios científicos. Estudiaron los momentos complicados que hemos afrontado en el pasado y los que tenemos hoy. Dedujeron que la humanidad se encuentra en Defcon 1. Con el cambio climático nos encontramos muy cerca del final. Estamos en un peligro real, cerca de la medianoche. Es lo que llamaron el ’'reloj del apocalipsis’'».

El científico, que publica «Dioses y mendigos», no quiere tropezar en derrotismos y defiende que la «humanidad todavía puede reaccionar». «Si nos da tiempo, no habrá problema. Pero si no..., apaga y vámonos. Mi preocupación es que nos pongamos de acuerdo todos los países, porque cuando veamos, como se dice, las orejas al lobo, ya estaremos al final». Bermúdez de Castro sostiene que el hombre todavía no ha alcanzado el límite evolutivo y que, «si pasamos el Rubicón de este instante tan delicado» para nuestra supervivencia como especie, seguiremos cambiando. «Uno de nuestros problemas es que somos primates con armas de destrucción masiva. Nuestra fisonomía no va a modificarse demasiado, pero el desarrollo de la tecnología es imparable. Tenemos que unir nuestra parte evolutiva con la ciencia. Y ya se consigue mezclando biología y tecnología».

Esta línea de investigación ya ha dado sus primeros frutos y apuntado tendencias que hasta ahora solo parecían argumentos para novelas de ciencia ficción barata. «En 25 años vamos a presenciar cosas asombrosas que antes no creeríamos, como conectar nuestras mentes. Eso llegará. Nos conectaremos mentalmente. ¿Por qué no? No veo impedimentos. ¿Imaginas lo que supondrá que cien genios contacten entre sí de esta manera? No es que nos comuniquemos por telepatía, pero sí habrá algún tipo de conexión. Científicamente pasa algo cuando estás con una persona y dice lo que estás pensando. O cuando sientes un especial ’'feeling’' con una persona. Lo que sucede es que no sabemos cómo funcionan esos mecanismos».

Con la tecnología

El autor alude, de manera sutil, a la mayor herramienta del hombre y uno de los grandes misterios que encierra la existencia humana: el cerebro. «La capacidad para guardar datos que tiene es superior a cualquier centro de almacenamiento digital que pueda existir en el mundo. Es mayor incluso que el MareNostrum (el superordenador de Barcelona), lo que sucede es que no sabemos aún cómo funciona. No sabemos nada de él. Pero es una maravilla. Algo único. Las máquinas nunca tendrán la capacidad de nuestro cerebro».

Lo principal para la ciencia radica en abrirse paso a través de las interrogaciones que plantea. El científico español no descarta la simbiosis entre el cerebro y la tecnología. Una ecuación que arrojaría resultados asombrosos, porque nos ayudará a alcanzar la capacidad de cálculo que poseen muchas computadoras y compatibilizar esa habilidad con las ventajas que procura el cerebro. «Pero lo primero, efectivamente, es hackear el cerebro. Ojalá podamos hacerlo, porque eso significará que habremos pasado esta coyuntura histórica en la que estamos y que cuesta tantas vidas humanas y que golpea tanto a la economía. No descarto que a lo mejor tengamos un colapso dentro de un tiempo. Ya hemos tenido varios. Ahora nos viene otro muy gordo, casi a marchas forzadas».

La especie humana posee una cara A y otra, B. Somos capaces de lo mejor y lo peor. Como primates, tenemos el liderazgo, pero cuenta también con un inconveniente. «El líder era el responsable de la tribu, el más fuerte, el más hábil para dirigir el destino de una comunidad. Ahora somos más de 7.000 millones de personas. ¿Elegimos al mejor? No siempre en las democracias. Pero es que, como somos tantos, también necesitamos una cadena de mando y no todos están capacitados para mandar. Ahí está el problema. La cadena de mando no es perfecta».