Cuando había un Little Spain en Nueva York

Un documental cuenta la historia de La Nacional, epicentro de los españoles en la Gran Manzana

Una imagen de la comunidad española en Nueva York
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De todo aquello no queda nada. Bueno, no exactamente, porque, además de la memoria, hay un lugar. En el número 239 de la Calle 14, en plena isla de Manhattan, epicentro de la vida de Nueva York, todavía abre sus puertas cada día La Nacional, el centro cívico y social que daba acogida a los españoles que llegaban a la ciudad a buscarse un futuro desde 1868 y en torno a la cual germinó una comunidad española que dio en llamarse Little Spain que se calcula que, en los años 30 del pasado siglo, coincidiendo con el estallido de la Guerra Civil, estaba formada por hasta 30.000 emigrantes.

Primero fue en torno a la llamada Sociedad Benéfica Española, que acogió a gallegos y asturianos principalmente en las últimas décadas del siglo XIX. Se fueron instalando por el sur de la isla, buscando trabajo como hombres de mar que eran. Pero ante las sucesivas crisis en la madre patria, los emigrantes españoles no hacían más que llegar en oleadas a Ellis Island, donde pasaban la preceptiva cuarentena antes de poder poner un pie en EE UU. A mediados de la década de 1920, gracias al empresario José Camprubí, fundador en 1918 del diario en español «La Prensa», abrió las puertas La Nacional en el edificio donde todavía se ubica. En torno a ella, muchos españoles abrieron sus negocios en los que se atendía en castellano. Tiendas de ropa, librerías y restaurantes, por supuesto. Casa Moneo era una tienda de ultramarinos que importaba productos en conserva. Gavila Brothers vendía primitivos electrodomésticos y la Iberia, textil de primera calidad. Dos restaurantes gallegos se hicieron célebres: El Faro (que sigue hoy abierto) y El Coruña. También proliferaron cafés de reunión obligada: El Oviedo, Café Madrid o el Mesón Flamenco, entre otros. Por allí pasaron Sorolla, Dalí, Buñuel y el propio Lorca, dicen, se alojó en La Nacional. En la fachada colindante, la iglesia de Guadalupe celebraba misas en español y la comunidad prosperó. Sin embargo, en los años 70, la isla de Manhattan se sumió en una crisis económica, de drogas y de delincuencia y los últimos restos del Little Spain echaron la persiana de cierre. Quienes allí echaron raíces también eligieron otros barrios para vivir.

Imagen de la fachada de La Nacional en Manhattan, calle 14, en la actualidad FOTO: La Nacional

La historia se ha contado en varias ocasiones e incluso María Dueñas ambientó su novela «Las hijas del capitán» en el entorno de La Nacional y Little Spain. Ahora, un documental dirigido por Cèlia Novis, «Once Upon a Place» («Érase una vez un lugar») narra la evolución de este lugar que acogió a miles de compatriotas que buscaban un futuro. El documental cuenta también la historia de Nueva York y de la inmigración, desde el desarrollo de la ciudad a principios del siglo XX con numerosos españoles trabajando en la construcción del metro, pasando por la Primera Guerra Mundial, la Ley Seca o las consecuencias de la Guerra Civil Española en la comunidad. Muchos de los descendientes de aquellos emigrantes conservan imágenes y recuerdos de las fiestas de los viejos tiempos. En los años 90, el edificio estuvo a punto de ser demolido, pero un grupo de abogados y gestores le devolvió parte de la solvencia económica necesaria para que esos recuerdos nunca se apaguen del todo.