David Stasavage: «A las autocracias también se llega por las urnas»

Su libro «Caída y ascenso de la democracia» ahonda en la historia de este sistema político y reflexiona sobre los retos que afronta en medio de la radicalización

Asalto al Capitolio, un momento que hizo temblar al mundo
Asalto al Capitolio, un momento que hizo temblar al mundo FOTO: DPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

El pasado es una advertencia y no se trata solo de algo sin utilidad. La Historia no se repite, pero refleja los errores que cometemos. David Stasavage, decano de políticos de la Universidad de Nueva York, reflexiona en «Caída y ascenso de la democracia» (Turner) sobre los desafíos y riesgos que afronta este sistema político.

¿De dónde proviene hoy el descrédito de la democracia?

Se habla mucho de que la democracia está en retroceso, aunque cuando consideramos esa observación, que tiene algo de verdad, necesitamos recordar otro hecho:hay más personas viviendo bajo una democracia hoy que antes de la caída del Muro de Berlín en 1989. Las democracias actuales tienen problemas, y, en el caso de los Estados Unidos, muy importantes, pero sigue siendo una fuerza poderosa en varios continentes.

¿Es posible perderla?

Sí, y lo hemos visto muchas veces, a menudo, en lugares sorprendentes. Uno de los aspectos que sostengo es que la democracia como sistema político ha existido durante miles de años de una forma u otra en varias regiones del mundo. La democracia como sistema siempre estará presente, pero las democracias individuales pueden desaparecer y desaparecen. Cuando pensamos en la moderna, que se basa en la elección de representantes a través del sufragio de masas en lugar de depender de la participación directa, se tiene que recordar que la idea de este sistema solo ha existido durante dos siglos. Es un período muy corto, por lo que es pronto para decir si nuestra forma de democracia resulta sostenible.

¿La tecnología perjudica o beneficia a la democracia?

Dependerá de cómo alteren el equilibrio de fuerzas entre los ciudadanos y el Estado. Considere el ejemplo de la escritura. Las primeras formas que no eran alfabéticas, como la lineal A y B en la Grecia de la Edad del Bronce, eran difíciles de aprender y las usaban solo una élite burocrática que dominaba la sociedad. La introducción de una forma alfabética de escritura en Grecia puede haber ayudado a fomentar la democracia porque se hizo accesible a más ciudadanos. Cuando pensamos en las herramientas del aprendizaje automático y la inteligencia artificial hay que preguntarse si serán accesibles únicamente para una élite o para un segmento más amplio.

¿Los políticos, con su falta de programas e ideas, influyen en el descrédito de la democracia?

A menudo se les culpa de desacreditar la democracia y, a veces, se lo merecen, pero también hay recordar que son los votantes quienes eligen a qué políticos. El término griego original para democracia, «demokratia», transmite la idea de que el pueblo tiene el poder. El éxito de cualquier democracia depende de que la gente utilice este poder y lo ejerza con eficacia.

¿Pueden las democracias deslizarse hacia la autocracia?

Sí pueden. Con las imágenes de la década de 1930 en mente, a menudo pensamos en esto como un fenómeno repentino. Hoy en día, el término más común que vemos aplicar a los politólogos es el de «retroceso democrático», una serie de pequeños pasos, cada uno de los cuales sesga las elecciones y la representación y conduce a que un partido no pueda ser desalojado. Si pensamos en un país como Hungría, podemos darnos cuenta de que este deslizamiento hacia la autocracia puede ocurrir incluso si se mantiene la institución central de la democracia: las elecciones con sufragio universal.

¿Afecta la economía global a la democracia?

Un cuestión clave es en qué condiciones es posible mantener mercados libres y abiertos y una democracia representativa estable. Una de las lecciones de las últimas décadas es que cuando se presta poca atención a quienes salen perdiendo en la apertura económica, corremos el riesgo de que esas personas recurran a alternativas políticas más radicalizadas.

¿ China relegará la influencia de las democracias?

Dudo que logre relegarla, aunque es cierto que China presenta un gobierno autocrático a través de una burocracia estatal que tiene una historia muy larga y que ha demostrado ser duradera.

¿Cuál es el futuro de la democracia?

Solo el tiempo dirá exactamente hacia dónde se dirige la democracia, pero hay una cosa que vale la pena repetir. Nuestra versión actual de la democracia, que se basa en elecciones competitivas bajo sufragio universal, solo ha existido durante dos siglos como un ideal, y menos aún como una práctica. Si pensamos en el largo recorrido de la historia humana y en cómo las diferentes sociedades se han gobernado a sí mismas, entonces este es un período de tiempo muy breve. Por tanto, no debería sorprendernos que nuestras instituciones necesiten evolucionar para sobrevivir

UN FRÁGIL PATRIMONIO
Por David Hernández de la Fuente
Democracia y Totalitarismo se alternan. Entre ellos existe un periodo cíclico de caída y ascenso. Esta es una tensión que no cesa a lo largo de la Historia. El autor de este libro advierte de los peligros que existen y que amenazan a la democracia, algunos muy conocidos, como la demagogia, que bien conocían los antiguos, desde Polibio, favorito de nuestro Ortega, que habla del «gobierno de la masa», hasta los romanos. La historia de la democracia se demuestra que es consustancial a la vida en las comunidades humanas y bien merece un panorama como el que se ofrece aquí. Esta obra analiza los sistemas de gobierno participativos a lo largo de la historia de la humanidad en muy diversas latitudes, algo que supone una gran novedad y que es muy meritorio. En este empeño señala a Oriente Medio, África y hasta América, pero aquí David Stasavage comete el leve pecado de, al querer resaltar estas otras civilizaciones, relativizar el gran éxito que supuso la democracia ateniense, que es la gran cuna de este sistema político y que resultó un salto que no volvió a repetirse hasta la Revolución Americana. Pero el autor no solo mira hacia el pasado en este volumen. No es un ensayo anclado en la Historia. También se fija en lo que está ocurriendo en el presente, que es donde aporta enormes aciertos y demuestra una gran intuición. Subraya que uno de los riesgos de los gobiernos participativos, ayer como hoy, proviene de las veleidades unipersonales de algunas de las figuras prominentes que existen ahora en las facciones políticas. Muchas veces nombres que en apariencia pueden representar los intereses del pueblo, pero que, por sus orígenes familiares, educación, retórica y propuestas, se demuestra que solo están atentos a unos intereses personalistas y no están tan próximos a sus conciudadanos. Sus decisiones, en ocasiones, ponen en riesgo la convivencia de la comunidad. Este es un tema interesante, porque, precisamente, el nacimiento de las democracias siempre ha estado vinculado con el derrocamiento del poder injusto y los tiranicidas. Stasavage no elude los riesgos de caer en la autocracia y comenta asimismo la convivencia de las democracias occidentales con naciones como China.