«África también puede ser un lugar aburrido y feo»

María Ferreira relata su experiencia en un psiquiátrico de Kenia en el libro «Tierra de brujas». «Todos los días me doy cuenta de que hay cosas de África que sigo sin entender»

La periodista y escritora María Ferreira
La periodista y escritora María Ferreira

María Ferreira relata su experiencia en un psiquiátrico de Kenia en el libro «Tierra de brujas».

María Ferreira vivió durante dos años una experiencia insólita y desgarradora en un hospital psiquiátrico en la localidad keniata de Makuyu. “Quizá suena a lugar bucólico. No lo es. Es un pueblo de putas y drogadictos”. Así lo cuenta en las primeras páginas del libro “Tierra de brujas” editado por Viajes al Pasado, un relato sobrecogedor y directo del doble choque que experimentó la joven escritora. El primer golpe fue el paso de la adolescencia al mundo adulto. Cuando llegó allí tenía 20 años. Y el segundo vino con el descubrimiento de un mundo totalmente nuevo, violento y exasperante. “Hay un pequeño lago lleno de vómitos y orines donde flotan condones y sobreviven, milagrosamente, algunos anfibios”, dice sobre Makuyu, el lugar donde se ha sentido más viva.

-¿Qué hacía una chica como tú en un sitio como ése?

-Fue casualidad, siempre me atrajo la idea de África, pero yo tenía una idea de África muy mitificada. Hasta que quise conocer la realidad. Entonces llegué a Makuyu, en Kenia, a una especie de orfanato. Lo primero que vi es que aquel lugar estaba dirigido por un tipo muy corrupto. Todo el dinero que llegaba, que era mucho, no iba a los niños. Así que mi primera impresión de África fue corrupción y pobreza, el primer shock. Decidí irme de allí y trabajar en un centro de salud mental, donde empecé a involucrarme con los pacientes psiquiátricos. Mi pasión por África fue a más, empecé a viajar mucho a Kenia y me di cuenta de que me encontraba bien aquí. Después de empezar a escribir y a trabajar, me di cuenta de que se había convertido en mi lugar en el mundo. No sé si para bien y hasta cuándo, pero de momento sigue siendo así.

-El libro está lleno de experiencias dolorosas. ¿Qué le hace seguir allí?

-En África aprendo a diario. Cuando me acuesto por las noches me doy cuenta de que hay cosas que sigo sin entender. Eso me motiva, es una maravilla. Yo quiero entenderlo, pensarlo y escribirlo. El día que no tenga curiosidad o que no tenga ganas de aprender cosas de aquí me iré. No es la sensación de libertad ni de aventura lo que me mantiene, sino el hecho de que hay tanto que aprender, tantas experiencias, idiomas, culturas y gentes. Kenia no es ni siquiera un país, sino muchas culturas juntas, muchos idiomas juntos. Para mí es genial poder ir desentrañando todo eso, las culturas, las religiones y las gentes.

-¿Lo que cuenta en el libro es la historia de un aprendizaje?

-En el libro he condensado momentos decisivos que suponen el paso de la adolescencia al mundo adulto. Realmente he crecido y me he hecho mayor en África.

-¿Le ha hecho más dura esta experiencia?

-Yo estaba muy confusa, y creo que esa confusión ayudó a que no me tomara muy en serio todo lo que pasaba. Por otro lado, el hecho de estar creciendo en ese momento, de estar fuera de la zona de confort, hizo que me resultara tan duro. Pero yo no soy dura, me siguen afectando mucho las cosas, aunque de un modo diferente. Ahora puedo analizarlo desde un punto de vista racional. Antes todo lo sentía por el estómago.

-En el libro dice que jamás ha visto un anochecer tan feo como en Kenia. ¿No se supone que es justo al revés?

-Aquí hay paisajes maravillosos, pero esa misma belleza la puedes encontrar también en España o en otros países de Europa. África es preciosa, pero también tiene ciudades, pueblos y atardeceres horribles; sin embargo, parece que la gente no ve eso, sólo se fija en lo idílico. África parece que es un paisaje de película, de novela romántica, el lugar perfecto para una luna de miel. Pero también es lo contrario, un lugar de extrema pobreza. África puede ser un sitio aburrido, feo, donde no pasa nada. Y yo quería hablar de eso en el libro.

-¿Quién es la persona que más le ha conmovido de todas cuantas ha conocido en África?

-Ndung’u, sin duda. Es la persona más bonita e increíble del mundo. Es un señor que dedica su vida en silencio a ayudar a otros. Su sueldo no llega a los 40 euros al mes y gasta parte de ese salario en comprar medicinas para los enfermos que no pueden ir al hospital, recorre kilómetros todos los días para verlos y ayudarlos, y lo hace con una sonrisa siempre. Es admirable. Me parece un héroe.

-Dice que Makuyu fue su tierra prometida. ¿No acabó harta de un entorno tan hostil?

-Mi experiencia en Makuyu la puedo resumir con esta imagen. Yo comía piña todos los días en Makuyu, porque no había supermercado, no podía comprar nada y, además, no tenía nevera. De tanta piña que comí acabé desarrollando una alergia a esta fruta. Y ahora no la puedo comer. Con Makuyu me pasó algo parecido. Yo pensaba que mi obligación allí era salvar a alguien, pero luego me di cuenta de que no, de que querer salvar a alguien era muy arrogante porque en primer lugar significaba que yo podía salvar a alguien, cuando en realidad no tenía ni idea de nada. Así que me di cuenta de que tenía que ser humilde, de que no podía cambiar la vida de nadie. Cuando eres adolescente crees que puedes con todo.

-En el libro está muy presente la muerte. ¿Te llegas a acostumbrar a ella?

-Sí, te acostumbras, pero yo sigo teniendo mucho miedo a la muerte. Ahora trabajo y vivo dentro de un hospital de Nairobi. El otro día pedí comida para llevar mientras estaba en el hospital, y cuando estaba esperando llegó un camión con un muerto. Yo me puse a comer pensando que no me iba a impresionar, pero acabó impresionándome. La muerte puede ser algo tan natural... pero a la vez da miedo.

-También ha vivido en Kenia la experiencia del amor...

-Con el amor me ha pasado como con África. Lo tenía muy mitificado, el amor romántico... Pensaba que era así. Luego he descubierto que el amor era otra cosa, y no sé si estoy decepcionada o me gusta más así, que a veces sea feo, como África.

-Ahora está trabajando sobre el yihadismo. ¿Qué le llama más la atención?

-Hay un desconocimiento muy grande del peligro que hay aquí. Cuando se habla de yihadismo se habla mucho de Oriente Medio y de Europa. Pero en Somalia hay ataques de Al Shabab prácticamente todos los días, y dentro de Kenia también tenemos ataques. Llama mucho la atención que esto pasa desapercibido cuando lo que está sucediendo es bastante peligroso. Yo quiero entenderlo y contarlo.