Literatura

Alexia Domínguez: «No estaba hecha para la realidad y me refugié en la ficción»

Presenta el 17 de noviembre en Madrid «El artista del cielo», una novela negra con el periodismo y las sectas como puntos cardinales.

Presenta el 17 de noviembre en Madrid «El artista del cielo», una novela negra con el periodismo y las sectas como puntos cardinales.

La acción comienza con la aparición de un cadáver en la playa de la Barceloneta. El cuerpo lleva una carta astral grabada en el pecho y un periodista recibe el encargo de su jefe de redacción de investigar un caso morboso. Con esto desvelamos poco de la historia de «El artista del cielo», la novela que acaba de publicar Alexia Domínguez y que presenta el 17 de noviembre (19:30) en la librería Tipos Infames de Madrid, una trepidante investigación policial sobre sociedades secretas, astrología y hasta intereses farmacéuticos de fondo.

–La historia de su libro no hace más que complicarse.

–Una pista lleva a otra y van surgiendo elementos como el movimiento esperantista, las sociedades secretas y más misterios que no desvelaré...

–Es una novela con muchos elementos, pero, ¿cuál fue el primer hilo?

–Partió de una frustración y de una mirada crítica hacia el periodismo que he ido adquiriendo, porque creo que es una profesión que puede ir en beneficio y en detrimento de la sociedad.

–¿En qué sentido?

–Te das cuenta de que las empresas periodisticas están sometidas a la publicidad, a tener que vender ejemplares, y eso les hace susceptibles de caer en el sensacionalismo morboso, por ejemplo, algo que trato en el libro. Yo fundé una revista digital que tenía como principio contar las historias que no se contaban –por eso la llamé «La Página Cero»– y tratar de hacerlo sin publicidad. Claro, era imposible. Ese fracaso fue como un golpe de realidad para darme cuenta de que el sistema no se cambia así como así. Me planteé muchas cosas, pensé qué hacer.

–¿Y qué hizo?

–Empecé a indagar en los años 70 y en los ideales enfocados a la comunidad y las utopías de fraternidad universal. Llegué a las sociedades secretas, los movimientos clandestinos, las sectas... incluso me interesé por el esperanto, que proponía una lengua universal que no fuera en detrimento de otras. Pensaba de qué manera se podía plantear una sociedad futura alternativa. Investigué mucho y concebí la historia.

–Actuó movida por la decepción, pero, ¿no es usted un poco idealista?

–Me di cuenta de que no estaba hecha para la realidad y por eso me refugié en la ficción. Quizá esa fue la manera de sobrellevarlo y no me averguenza decir que hay un punto «naíf». El mundo funciona así y no lo voy a cambiar yo. Pero quería poner esos ideales de juventud en el libro y creo que hay muchos periodistas que trabajan duro para sacar la verdad, aunque la percepción general es que la realidad es aplastante. La figura del reportero que lleva 20 o 30 años trabajando con sus fuentes y que está en la calle y que investiga se está perdiendo. Las redacciones se llenan de recién licenciados escribiendo noticias para generar «clicks» que no tienen interés.

–Hay muchos elementos en la novela, ¿por qué el arte?

–Porque pienso que, cuando quieres destruir una sociedad, lo primero que debes hacer es acabar con su arte. Es la primera muralla que derribas para que la sociedad deje de expresarse y de pensar en sí misma. Y a continuación está la historia, el control de los hechos. Me gustaba imaginar el arte desapareciendo.

–La superstición también tiene un papel: el zodiaco es clave.

–Siempre he tenido esa curiosidad. Una sociedad necesita, además de la cultura, creencias y valores. Estamos acostumbrados a la religión, pero no quería introducir esos conceptos del bien y del mal, sino hablar de la influencia de la naturaleza sobre nosotros. Igual que la luna o el sol cambian las mareas y el estado de ánimo, pensaba cómo lo hacen los astros y entré en contacto con la Sociedad de Astrología de Cataluña y fui comprendiendo. No es tanto que tu destino esté escrito, sino que si sabes actuar en consecuencia a un modelo de conducta que es propio de ti, conseguirás, digamos, la mejor versión de ti mismo, y, por tanto, la felicidad.

–No hemos hablado del asesinato y la investigación.

–Es el punto de unión. Quería que un periodista protagonizara todo y yo hice lo que haría él. Fui a preguntar a la Sociedad de Astrología y a la Sociedad de Esperantistas, hablé con un médico forense, con un investigador de policía y con un comisario de la brigada de crimen organizado. Él me contó que las sectas hoy en día no las forma un tío con una túnica subido a una colina, sino alguien con traje y Power Point. Y toda la investigación que hacía Alexia Domínguez se convirtió en la de Álex Dalmau, el protagionista.

–Pues tengo entendido que Álex tiene trabajo todavía...

–Me gusta pensar que el libro ha sido la primera temporada de una serie. Quedan preguntas por responder...