Ángela Vallvey: «Las niñas reciben los mismos mensajes que hace doscientos años»

La novelista y articulista da un giro a historias tradicionales como las de Cenicienta y Blancanieves y las reinterpreta en clave moderna en su libro «Cuentos clásicos feministas» (Arzalia).

La novelista y articulista da un giro a historias tradicionales como las de Cenicienta y Blancanieves y las reinterpreta en clave moderna en su libro «Cuentos clásicos feministas» (Arzalia).

Ángela Vallvey reescribe el cuento tradicional, el que antes contaban los abuelos a pie de cama, para liberarlo de atavismos, prejuicios y diversas obsolescencias y traerlo al día de hoy. O sea, modernizarlo, pero con el reto, toda escritura siempre es un desafío, de respetar la obra. «La tradición impone, claro. He estudiado estas narraciones clásicas, las conozco y las admiro. Por eso me atrevo a hacer esto, porque conozco su proceso de creación. No son obras sagradas, sino colectivas y, por eso, creo que se pueden aportar cosas».

–En su libro, Caperucita pasa el tiempo con videojuegos.

–Quería que todos los cuentos tuvieran referencias a la realidad y que en ese paisaje de fantasía distópica hubiera elementos cotidianos de hoy. Vivimos un mun-do de cambios civilizatorios por la tecnología y esos objetos cotidianos y dan una idea de la evolución de las mentalidades y cómo nos ubicamos en las nuevas modas y modos de vivir. Este personaje, en el origen es alguien abstraído, que no tiene conciencia del mundo. Por ejemplo, en este caso, es una persona que se ocupa de las realidades virtuales de los videojuegos. Es alguien que no conoce el mundo real.

¿Su Bella Durmiente es un chulazo?

–Quería una visión feminista y por eso la mujer no puede estar dormida. En el cuento original, la mujer dormida es una metáfora. Se refiere a la que no es consciente de lo que sucede a su alrededor. En el cuento, la viola un caballero que pasa a su lado y la deja embarazada. Cuando despierta se casa con un violador. El matrimonio repara la violación. Lo que viene a decir es que las mujeres que no son conscientes de lo que ocurre se pueden llegar a someter a una violencia espantosa. Por eso no pueden estar dormidas. Ahora es ella la que va a despertar a el durmiente. Y no tiene claro, la misma actitud que el malvado.

–¿Con la Sirenita se refiere al cuerpo de la mujer?

–Sí. Se ha problematizado a lo largo de la historia. Las mujeres, con tanto empoderamiento y conciencia, teníamos que haberlo superado. La mujer se ha visto reducida al cuerpo por su condición biológica y eso ha tenido consecuencias. Hoy en día sigue siendo un problema. En este cuento también me refiero a la automutilación por amor. Las personas que intervienen en su cuerpo por complacer a la persona que aman, con cirugías, por ejemplo. Muchas mujeres siguen enconsertadas en un modelo de belleza que es irreal, que no se ajusta a la realidad. Cuando a la mujer se la considera solo por su cuerpo supone una esclavitud tremenda.

–Disney ha subrayado los machismos.

–Las películas de las que solemos hablar al referirnos a Disney están desfasadas y antiguas. Tomaron unos prototipos y los ridiculizaron, los convirtieron en monigotes sentimentales que transmitían mensajes muy caducos. Pero han cambiado las cosas. Hoy no tienen nada que ver. Desde Cenicienta a «Frozen» ha habido una evolución, pero no proviene de la industria, sino de la sociedad.

–¿Qué heroína de los cuentos ha sufrido más machismo?

–La Bella y la Bestia. No lo he incluido por motivos editoriales, pero me hubiera gustado. Bella es un personaje que cree que con su amor va a transformar a cualquiera. Se encuentra con la Bestia y considera que con la fuerza de su amor lo va a transformar en un príncipe encantado. Es un mensaje tóxico que se ha extendido en muchas mujeres que se lo creen. Encuentran a un bestia y se creen que con el amor lo van a cambiar. Pero el bestia las pega, las maltrata y las mata, incluso.

–A veces hacen daño estos prototipos.

–Muchos de esos relatos están pensados para un mundo en el que las mujeres corrían peligro y se pensaba que el matrimonio era el resguardo al que debían acceder. Una vez casada estaba protegida. Esto es propio del mundo rural, que no es la sociedad que tenemos ahora. Si esos prototipos se importan tal cual, transmitiendo sus objetivos: el amor, el hogar, la familia, el marido... eso, aparte de que sea rancio, de que esté obsoleto, es antieconómico, porque se rechaza la riqueza que aportan las mujeres y se las reduce al cuerpo, la sexualidad y la intimidad. Casi todos ellos tienen ese mensaje, que el amor es el premio, desde Cenicienta a Blancanieves, y es pernicioso.

–No le gusta el amor que resulta empalagoso.

–Y, sorprendentemente, el amor romántico, entendido en su expresión almibarada, vende, y los libros que no hablan de eso, son desdeñados. Los mensajes que se da a la niñas son los mismos que hace doscientos años y la cosa parece que no va a cambiar. Hay que hacer lo posible por cambiarlo. El amor sano es bueno, lo que ocurre es que a las niñas y los niños no se les puede contar la historia de que el amor es el objetivo de una vida. Las mujeres no pueden creer eso porque pueden fracasar. No todo puede ser amor en la vida de una mujer.

–Ya no se cuentan cuentos...

–Por desgracia, los padres no tienen tiempo para contarlos. Este es un mundo estresante y absorbente, y los hijos tienen otras fuentes, como películas, tabletas..., que compiten con la narración oral, que es el vínculo emocional entre el padre y el hijo al transmitir una enseñanza. Lo que se pierde es este vínculo entre los mayores y sus niños.