Bienvenidos a la casa de Nerón

La primera casa del emperador, que se quemó en el incendio que devastó Roma en el año 64 d.C, podrá ser visitada tras diez años de restauraciones

A partir de hoy se puede visitar y verla al detalle a través de unas gafas de realidad virtual
A partir de hoy se puede visitar y verla al detalle a través de unas gafas de realidad virtual

La primera casa del emperador, que se quemó en el incendio que devastó Roma en el año 64 d.C, podrá ser visitada tras diez años de restauraciones

A Nerón le gustaba pensar a lo grande. Parece una obviedad, pero nos explicamos. Piensen que un agente inmobiliario les ofrece una casa de 800 metros cuadrados, toda de mármol y estucos decorados. Por salón/comedor –o triclinio, como dirían los antiguos romanos–, un espacio con columnas tan sumamente grande que servía como teatro. Y por jardín o ninfeo, para no abandonar el vocabulario adecuado, unos espectaculares baños con capacidad para 50 invitados. De postín, se entiende. La ubicación es fabulosa: desde lo alto del Palatino se ve toda la ciudad. Sin ruidos y en pleno centro de Roma. Luminosa no lo es mucho, porque actualmente se encuentra enterrada. Pero basta con salir por una escalerilla y apreciar el azul intenso del cielo que contrasta como en ningún otro lugar con la piedra de los Foros Romanos.

Mientras hoy sus jóvenes contemporáneos soñarían con poder pagar una milésima parte del alquiler que costaría una vivienda así, para nuestro querido emperador no fue más que un lugar de paso. La llamó la Domus Transitoria, porque desde allí podría transitar del monte Palatino al Esquilino, dos de las famosas siete colinas que coronaban la Antigua Roma. Mejor no pedir presupuesto, pero tras diez años de restauración, a partir de hoy se puede visitar y verla al detalle a través de unas gafas de realidad virtual. Las webs de anuncios inmobiliarios aún no han llegado a tanto. El experimento ya se lleva realizando desde hace algún tiempo en la Domus Áurea, la verdadera mansión soñada por el último de los Julio-Claudia.

Casualmente, en el año 64 hubo un gran incendio en Roma que arrasó la ciudad. La historia está tan trillada como los mitos que la rodean. Se cuenta que el emperador invitó a barra libre a la peor calaña de la Suburra, el barrio marginal por excelencia, y les instó a que provocaran las llamas mientras él tocaba la lira. También que le sirvió para represaliar a los primeros cristianos, ya entonces perseguidos. Si ya hoy una historia así no encontraría culpables, pensemos en los chismorreos de casi 2.000 años. Lo cierto es que el fastuoso incendio le permitió a Nerón olvidarse de la Domus Transitoria y levantar la Domus Áurea, su palacio definitivo. Es evidente que la corrupción inmobiliaria no se ha inventado ayer.

Todo lo que ofrecía el primer pisito no es nada comparado con las 50 hectáreas por las que se esparcieron sus propiedades. Incluido el célebre Coloso de Nerón, una estatua de bronce de unos 30 metros, que después fue colocada delante del Anfiteatro Flavio, al que todo el mundo empezó a llamar Coliseo. La vanidad del emperador le pasó factura. Roma celebró su muerte apenas cuatro años después de construirse su nuevo hogar. Su memoria fue borrada, pero si viajan a Roma en esta Semana Santa, ahora podrán visitar sus aposentos.