Cambios al sol

La Razón
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Vino el verano y sus calores empiezan a afectar. Hagamos un repaso antes de vacaciones. En Madrid cierra el Real su temporada operística con un espectáculo de restos. Antonio Moral, en 2010, acordó con la Scala una coproducción de «El Tríptico» pucciniano que iba a firmar el fallecido Ronconi. Mortier, a quien no agradaba Puccini, fulminó el proyecto, aunque poco a poco hemos visto «Suor Angelica» y ahora «Gianni Schicchi», no ya con «Goyescas», sino con un minirecital de Plácido Domingo incluido. Recordemos que este espectáculo se programó por y para Plácido para que dirigiese Granados y cantase Puccini, e iba a contar con las firmas escenográficas de Eduardo Arroyo para la primera y Woody Allen para la segunda. Al final no hubo dinero para la escena de Arroyo y Plácido ni cantó ni dirigió. El Real se arriesgaba a una masiva devolución de entradas y el tenor estaba en Madrid de brazos cruzados aparte de viajar a Valencia para controlar su Centro de Perfeccionamiento y animar a Helga Schmidt. Pues se resolvió con un minirrecital como intermedio con un caché a negociar, porque Domingo cantaba en él más que en todo Schicchi, pero también había que pagar a su sustituto, Alaimo. Así, el tenor en el escenario y el público sin pasar por taquilla a devolver las entradas. Parte de éste, cansado, se fue antes de Puccini. Erraron. Por otra parte, Paolo Pinamonti se va de Madrid tras un gran trabajo en la Zarzuela, pero ¿qué italiano renuncia a dirigir el San Carlo de Nápoles? Seguro que su bolsillo también engordará. En Valencia mandaban todo mujeres hasta hace poco: Catalá, Johnson, Gómez, Barberá, Schmidt, Beneyto, Tomás, Ciscar, Gil Lázaro, Pastor, etc. Unas y otras van saliendo por causas diferentes. Justas unas cuantas, triste el fallecimiento de Inmaculada Tomás y de juzgado de guardia la salida de Schmidt y su retención en Valencia trasgrediendo España los derechos humanos con una persona gravemente enferma de cáncer, tal como rezaba un titular en prensa musical inglesa de prestigio. En Sevilla Pedro Halffter dejó su podio con la ROS pero, en una peculiar venganza, se llevó los patrocinios a la Maestranza, demostrando mando en plaza en la Fundación BBVA. Otra vendetta: la de Thielemann tras ser preferido Petrenko por la Filarmónica de Berlín. Consiguió ser nombrado director musical del Festival de Bayreuth y fulminó la Isolda de Anja Kampe, pareja de Petrenko. Lo que Katharina Wagner, que acaba de deshacerse allí de su pariente Eva Wagner-Pasquier, no sabe, es que ha metido al lobo en la cueva. Thielemann podría acabar con ella si llegan desavenencias.