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Carmela Díaz: «España es una sociedad de conformistas. Hay muchos muertos en vida»

«El Edén de las musas» es una historia épica de amor ambientada en el Hollywood y el Chicago de los años 20

  • Carmela Díaz: «España es una sociedad de conformistas. Hay muchos muertos en vida»

Tiempo de lectura 4 min.

28 de junio de 2016. 22:02h

Comentada
30/6/2016

Mujer hiperactiva, valiente, rebelde y decidida, todavía no ha encontrado nada que se le resista. Luchadora empedernida, de las que se salta las normas, convencida de que los sueños se hacen realidad al despertar. «El Edén de las musas» (Tombooktu) es su cuarta novela, con la que viaja hacia una época hedonista que ya no existe y en la que narra una historia épica de amor. La felicidad para Carmela Díaz es escribir descalza bajo un sol radiante frente a un mar de azul turquesa. Y en pareo.

–Hábleme de «El Edén de las musas».

–Es una historia de amor ambientada en una época fascinante, la década de los años 20. Trascurre en Hollywood y Chicago, escenarios que son tan importantes como los personajes de la novela.

–Valentina es la protagonista.

–Sí, es una niña española que llega a Estados Unidos a principios del siglo XX. Un naufragio en la costa de Nueva York la deja huérfana y sola en un mundo que le resulta absolutamente desconocido. Con tesón, decisión y fuerza de voluntad termina superando todas las pruebas del destino hasta convertirse en una de las personalidades más relevantes de la época. Es una diva que llega a participar en producciones de Hollywood y se convierte en la estrella del Edén de las Musas, club mítico de los 20 en Chicago.

–Narra una historia de amor épico.

–Desde luego. Para que ese amor triunfe se tiene que enfrentar a la mismísima mafia de Al Capone.

–Las mujeres son guerreras.

–Yo lo intento, aunque haya gente que lo combata. Ahora somos más guerreras y combativas que los hombres. Vivimos en una sociedad de mujeres valiosas.

–Ha elegido dos escenarios fascinantes.

–Es la década más increíble del siglo XX. Desde la I Guerra Mundial hasta el Crack del 29 la sociedad vive años de frenesí. Se trata de una época hedonista, estéticamente maravillosa. No hay ninguna en la que las mujeres hayan tenido tanto «glamour». Son las que empiezan a romper con el pasado, a enseñar su cuerpo, a descubrir las piernas, la espalda, los escotes...

–Una época que ya no existe.

–Hemos perdido la ilusión de vivir como si no hubiera un mañana. Los señores eran canallas con estilo y las damas, señoras efervescentes. Ahora vivimos en una sociedad adormecida y aborregada.

–Que desaprovecha el tiempo...

–A mí me faltan horas, pero la gente lo desperdicia. El tiempo es lo más valioso que tenemos. El verdadero lujo es disponer de él para hacer lo que queramos. Cuando tenga 80 años preferiría arrepentirme de lo que he hecho a haberme quedado con ganas.

–¿Aunque haya que saltarse las normas?

–Lo he hecho desde que era adolescente. Llevo mal las reglas impuestas. Soy una persona racional, a la que le gusta dejarse llevar por la intuición. Y no me suelo equivocar.

–Parece rebelde.

–Siempre lo he sido. Eso implica estar vivo por dentro. Hay muchos muertos en vida. La libertad y la rebeldía van de la mano. España es una sociedad de conformistas. Los jóvenes siguen queriendo ser funcionarios.

–¿Somos fieles con nosotros mismos?

–La sociedad se deja influenciar muchísimo por lo que nos rodea. Cuando uno es fiel consigo mismo suele alcanzar un estado parecido a la felicidad. Hoy en día prima la imagen sobre el contenido. El postureo está ganando la batalla a lo genuino. Y eso es terrible.

–Me han chivado que ya prepara una quinta novela.

–Casi todo lo que pienso lo llevo al papel. En mis otros libros hay mucho de mí, aunque no sean autobiográficas. En ésta no tanto, porque no es contemporánea. La próxima narrará un viaje a otra época fascinante. Es la historia de una estirpe de mujeres a lo largo de cuatro generaciones.

–¿No merece este impasse político un libro?

–No, me produce tanta vergüenza que en todo caso haría un ensayo. Ya en el 20D las urnas fueron claras y dijeron a los políticos que tenían que sentarse a dialogar, flexibilizar posturas y llegar a acuerdos. A ver qué pasa ahora... Pero no han sido capaces, por lo que no dedicaré horas de mi vida a reflejar una infamia.

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