Carmen Iglesias: «No existe la democracia perfecta, es una tela de Penélope que hay que ir tejiendo»

La historiadora anuncia que la versión digital del “Diccionario Biográfico de España” estará en internet a partir de mayo

La directora de la Real Academia de la Historia y miembro de la RAE, Carmen Iglesias, presentó ayer el Ciclo de Biografía e Historia, “La primera globalización: América y los Océanos. Aventureros y Exploradores. 1492-1700”, organizado por la Fundación Santander. La académica aprovechó para anunciar que la versión digital del “Diccionario Biográfico de España” estará en internet a partir de mayo. El acceso será libre y gratuito, y se podrán consultar las vidas de más de 50.000 antepasados españoles. La historiadora, además, ha echado un vistazo a la actualidad con LA RAZÓN.

-¿Estamos siendo injustos con la Transición?

-Totalmente, porque fue un periodo ejemplar en el sentido del paso de una dictadura a una democracia sin un sentido civil grave. Podríamos haber sufrido un retroceso, y naturalmente con el tiempo se ven las costuras y los jóvenes piden otras cosas. Pero su legado es fundamental, la democracia es una tela de Penélope inacabada que se va tejiendo, no existe la democracia perfecta. Hay que ir ampliándola, pero siempre dentro de las reglas que se han dado. Todo cambio tiene que hacerse dentro de lo pactado, cuando se habla de diálogo contra los que se han saltado la ley, como historiadora, me parece un planteamiento falso. El diálogo surge antes para dar unas reglas comunes a todos y, a partir de ahí, modificar por la vía establecida. Si te la saltas estás dando un golpe del Estado.

-¿Se ha enseñado correctamente en las escuelas lo que es la democracia?

-Ha fallado la educación porque se ha dispersado en autonomías y cada una enseña lo que le parece. No ha habido una educación cívica, en democracia, en mostrar que vivir en un Estado de derecho ha costado muchos siglos, guerras, dolor y esfuerzo. Por lo tanto, hay que valorarlo y mantenerlo. Y ahí están las dos guerras mundiales.

-Usted dice que “el siglo XXI es el de las mujeres”, ¿habría que incluir más figuras femeninas en los libros de Historia para que eso ocurra?

--No se trata de cambiar. Por ejemplo, en el siglo XIX la historiografía se basaba en los políticos, en los grandes hombres, y posteriormente ha ido cambiando hacia describir la vida más cotidiana. Eso no hay que transformarlo. Lo que hay que hacer es ampliar, añadir las fuentes que tengamos de mujeres en este momento.

-¿Qué desafíos tiene la Corona española en los próximos años?

-Representa un modelo de moderación y arbitraje. La Jefatura del Estado no tiene que pasar por una política, que es necesaria, pero tiene que modificarse para no aferrarse al poder. Una monarquía parlamentaria, en ese contexto, tiene que dar estabilidad.

-¿La monarquía era antes más respetada?

-Los tiempos cambian, pero en los países europeos las monarquías que se han mantenido por tradición y eficacia están en las primeras líneas de bienestar. Aquí en España, el tema de la educación ha sido el fallo serio. Las autonomías teóricamente está muy bien, pero el trasvase en la práctica ha sido nefasto. El día que me enteré que una ambulancia no puede pasar con un enfermo de una comunidad a otra me pareció que retrocedíamos directamente al mundo feudal. Y esto es por las ambiciones políticas de los partidos de turno en el poder.

-Ahora está estudiando ciencias cognitivas, ¿qué puede pasar por la cabeza de una persona que se corrompe en el poder?

-Pierde el sentido de la realidad. El ejercicio de la corrupción le es satisfactorio por unas sustancias químicas internas neuronales que se producen de forma biológica. Y así se cree omnipotente y capaz de hacer cualquier cosa.