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Churchill: Nosotros, y no yo, vencimos a Hitler

El 12 de enero se estrena «El instante más oscuro», donde Gary Oldman recupera al primer ministro británico, filme que está basado en un libro sobre los días más decisivos de su carrera política y en los que decidió enfrentarse a Hitler en vez de pactar con él, como pedían muchos

El 12 de enero se estrena «El instante más oscuro», donde Gary Oldman recupera al primer ministro británico, filme que está basado en un libro sobre los días más decisivos de su carrera política y en los que decidió enfrentarse a Hitler en vez de pactar con él, como pedían muchos.

Observar la imagen de Gary Oldman caracterizado de Winston Churchill produce el mismo impacto emocional que cuando vimos a Daniel Day-Lewis encarnando a Abraham Lincoln. Sí, otra película del «glorioso Primer Ministro inglés», que dirigió los destinos del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial y que está basado en un libro clásico: «El instante Más oscuro» (Crítica) escrito por Anthony McCarten, que, a su vez, es el guionista de este filme dirigido por Joe Wright.

¿Era necesaria otra biografía de uno de los iconos de la historia política moderna de Europa a través de sus campañas, elecciones, cambios de opinión, virtudes y defectos? Sin duda. Porque aunque no sorprende nada de lo leído, el libro, que ha dado pie a la película, está perfectamente trazado, pulcramente aseado y reduce al político a un tamaño más «manejable», lejos de esa desmesura con la que se le ha retratado en tantas ocasiones. Es un gran texto sobre los 25 días que ayudaron a convertir al hombre en un icono del siglo XX y de la lucha contra Hitler. Pero que, sobre todo, resultaron unas semanas cruciales para la supervivencia de Occidente y de sus, entonces, frágiles democracias. Las fechas transcurren desde su nombramiento el 10 de mayo hasta que se culminó la evacuación de la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF, por sus siglas en inglés), en Dunquerque, el famoso 4 de junio (un acontecimiento sobre el que, precisamente, se ha rodado otra cinta este mismo año). En estas páginas vemos a un Churchill que debe lidiar con el horror, así como con un rey escéptico, un partido conspirando con-tra él y un país descreído. ¿Cómo Churchill podría cambiar el estado de ánimo de un país y apuntalar la voluntad de un pueblo que parecía derrotado? La respuesta la encontramos en este fascinante relato que nos cuenta día a día,casi hora a hora, cómo el político inglés, con todas las posibles inseguridades del momento, cambió la historia de Gran Bretaña.

«El instante más oscuro», que tiene el pulso de una novela, arranca con el ascenso de Churchill al cargo de primer ministro. Todos recordamos cuando declamó aquello de «no tengo nada que ofrecer (al pueblo británico) sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor» durante el pleno de la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1940. Fue su original intervención ya como primer ministro ante sus colegas parlamentarios tras la dimisión de Neville Chamberlain unos días antes forzado por la desastrosa operación británica en Noruega (de la que Churchill, como Primer Lord del Almirantazgo, por segunda ocasión desde 1915, tenía una cierta responsabilidad). Inauguraba su cargo con energía, pero también con reservas, intentando ganar el pulso al pesimismo imperante. La oratoria sería su principal arma, siempre, pero especialmente en aquellas semanas de primavera. Al discurso ante los Comunes del día 13 seguiría un mensaje a la nación retransmitido por la BBC el 19 de mayo que logró una enorme aceptación popular y el también famoso discurso «We Shall Fight on the Beaches» («Lucharemos en las playas»), pronunciado en la Cámara de los Comunes el 4 de junio. Tres momentos para recordar; tres alocuciones que presentaban al mundo un hombre que no comprendía la derrota.

Hoy día recordamos aquellas palabras como parte de la leyenda del político que salvó al Reino Unido ante el imparable avance alemán. Una guerra relámpago que, iniciada con la conquista de Dinamarca en una única jornada, llegó a su máxima ostentación con el ataque sobre Europa occidental el 10 de mayo y se hizo en pocas semanas con los Países Bajos, Bélgica y (para sorpresa de todos) Francia.

¿Negociar con Hitler?

Pese a la legendaria determinación y terquedad del «premier» inglés, que ha pasado a la historia como el bulldog británico, paradigma de la tenacidad e inasequible al desaliento, las dudas le asaltaron y llegó a concebir seriamente la insoportable idea de negociar con Hitler. Recordemos que el recién llegado al número 10 de Downing Street se había erigido en lo contrario a la política de apaciguamiento que encarnaron Chamberlain y el ministro de Asuntos Exteriores, Lord Halifax, quienes, en los años previos al estallido de la segunda gran guerra, creyeron que se podía negociar con Hitler para poner coto a su expansionismo por Europa y evitar otra contienda en el continente.

¿Cómo podría haber sido esa «oferta de paz» alemana? Con mediación de la Italia de Benito Mussolini (quien barajaba la posibilidad de entrar en la guerra del lado alemán); e incluso se valoró una cesión de territorios británicos en el Mediterráneo (Malta, por ejemplo), la importantísima plaza de Gibraltar o colonias en el África oriental. Una presión ejercida por la labor de un Halifax que, oponiéndose a Churchill y con el apoyo de Chamberlain y no pocos miembros del Partido Conservador, consideraba que frente a una lucha sin cuartel ante quien parecía ser un vencedor indiscutible (Hitler), lo que más convenía al Reino Unido y la supervivencia de su imperio era no cerrarse en banda a una oferta de paz, en caso de que se produjera, y no perder más vidas humanas en Europa. Una victoria de Hitler era vista en esos días del mes de mayo como una certeza plausible; y, aunque la opinión pública no debía saberlo, el derrotismo se hizo saber en parte del Gabinete de Guerra que Churchill nombró cuando recibió el encargo del rey Jorge VI de presidir el Gobierno.

El libro nos muestra a un Churchill presionado, en horas bajas y sobrepasado por la realidad de una contienda que parecía perdida, con unos aliados en Europa que se sometían paulatinamente a la máquina de guerra alemana y con un «socio» americano, Fran-klin D. Roosevelt, que oficialmente enarbolaba la neutralidad, un aislamiento internacional, y que en pocos meses pasaría a una no beligerancia y a reforzar solo algunos acuerdos de ayuda con el Reino Unido.

McCarten nos permite conocer al Churchill personaje, protagonista y a la postre leyenda. Y frente a él, su principal rival en esas semanas: Edward Frederick Lindley Wood, más conocido como Lord Halifax. Este enfrentamiento queda reflejado en un duelo vertiginoso: la resistencia a ultranza de uno frente al posibilismo negociador del otro. Debemos tener en cuenta que Winston Churchill no pasaba por sus mejores momentos en aquel 1940 en tanto que era considerado demasiado agresivo y poco fiable (le perseguía el fracaso de Galípoli en la Primera Guerra Mundial, operación naval que impulsó como Primer Lord del Almirantazgo). También era considerado como alguien demasiado impulsivo, con una labor política errática y visto incluso como un «chaquetero» (y de los conservadores a los liberales, pasó de vuelta a la casa tory pero siempre siendo un radical libre).

Halifax, por el contrario, había desempeñado con eficacia un virreinato de la India apoyando el proceso de autonomía que los políticos (con Gandhi a la cabeza) exigían, y como ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Chamberlain creía en que la política internacional debía hacerse con «racionalidad» y pragmatismo. En ese punto surgió la espantada del Churchill vehemente que ha llegado hasta nuestros días. Al final, por supuesto, eligió pararse y luchar. El autor hace un buen servicio al mostrar cómo usó su pluma para avanzar en la causa de Gran Bretaña, al tiempo que realiza un tipo de análisis retórico muy útil que examina el uso de palabras repetidas, frases y motivos por parte del «premier» británico y su sutil referencia a otros discursos y ensayos clásicos: «En marcado contraste con las arengas egomaníacas de Hitler, que enfatizaban la palabra “yo”, Churchill conocía el poder de “nosotros” al exhortar al pueblo británico a emprender una lucha tan terrible».

Decisiones clave

La obra ofrece una imagen «diferente» de un primer ministro que más tarde recibiría el Premio Nobel de Literatura, pero que aquí se encontraba sitiado por las presiones de su cargo y en unos momentos en los que el Reino Unido y el «mundo libre» se jugaban su propia pervivencia frente a la posibilidad de que Hitler dominara Europa entera. La política entre bambalinas que cambiaron el curso de la historia. Estas páginas certifican las decisiones y los motivos por los que Winston Churchill se convirtió en Winston Churchill, o lo que viene a ser lo mismo: en un verdadero icono del que Roosevelt llegó a decir que tenía cien ideas en un día, pero que solo cuatro eran buenas y las otras noventa y seis, sumamente peligrosas... Que el lector decida cómo enjuiciar las que se tomaron en esas semanas.