Cultura

Paul Newman y el cansancio de ser “tan guapo”

Se cumplen 14 años del fallecimiento de uno de los actores más hermosos de Hollywood, así como de un intérprete de gran talento, que nunca presumió ni agrandó su ego

PAUL NEWMAN
PAUL NEWMAN FOTO: Dennis Hopper

No hay mirada igual que la de Paul Newman. Sus ojos de un azul cristalino han pasado a la historia como un símbolo de la belleza de Hollywood, siendo aún considerado por muchos el hombre más guapo del mundo. Se cumplen hoy 14 años desde que falleciera en Connecticut el actor, director y productor, ganador de un Oscar a Mejor actor en 1987 por “El color del dinero”. No obstante, su figura y recuerdo no se han borrado, poniéndose casi siempre en valor su presencia, su físico, pero a veces olvidando su impecable carrera cinematográfica, talento que fue lo que realmente le llevó a lo más alto.

Newman nunca respondió al sensacionalismo. Jamás presumió de belleza ni su ego se rindió a los rumores. No tuvo una vida escandalosa en lo sentimental, sino que su interés se centraba en lo que había ante y tras la cámara. Algo que demuestra una reacción que tuvo Joanne Woodward, quien más tarde se convertiría en su esposa y que conoció a Newman en 1954, durante la representación de la obra “Picnic”: “Parecía el modelo de un anuncio de helados”, dijo ella, a lo que el intérprete respondería más tarde que “Joanne era moderna e independiente, mientras que yo era tímido y conservador. Tardé mucho tiempo en convencerla de que yo no era tan anodino como parecía”.

Debutó en el cine con “El cáliz de plata” (1954), dirigida por Victor Saville y que Newman consideraría su peor cinta. Y su gran oportunidad como actor llegaría en 1956, cuando protagonizó “Marcado por el odio”, cinta dirigida por Robert Wise y que protagonizó junto a Pier Angeli y Sal Mineo. A partir de entonces, la vida de Newman comenzó a cambiar radicalmente: encadenó éxitos como “El largo y cálido verano”, cinta de 1960 por la que se alzó como Mejor actor en Cannes, así como “El zurdo” (1958) y “La gata sobre el tejado de Zinc” (1959).

Asimismo, destacó en sus papeles en “Un marido en apuros” (1958), “El golpe” (1973) o “Dulce pájaro de juventud”, así como, tras una época como director -hizo cintas como “Rachel, Rachel” o “El efecto de los rayos Gamma”-, volvió al cine para ascender directo a los Oscar. Fue nominado en ocho ocasiones, pero solo consiguió la estatuilla a Mejor actor por “El color del dinero”. En cuanto al resto, fueron seis nominaciones a la misma categoría por “La gata sobre el tejado Zinc”, “Hud, el más salvaje entre mil”, “El buscavidas”, “La leyenda indomable”, “Ausencia de malicia” y “Veredicto final”, así como otra a la de Mejor productor, por “Rachel, Rachel”.

Una perfección imperfecta

Su leyenda como “sex symbol” se forjó durante los años 60, junto con Marlon Brando y Robert Redford. Si bien rodó más de 50 películas, destacó además de por su capacidad como actor, por su forma de hacer de galán, gángster, detective, seductor... Una imagen que no correspondía con su personalidad, pues Newman siempre se demostró “imperfecto”, incluso inferior a sus compañeros. De hecho, parece que la editorial Knopf publicará durante este año unas memorias de Newman, basadas en conversaciones que el actor mantuvo junto con su amigo y guionista Stewart Stern.

Unas páginas que captarán, según explicó la editorial, “el ascenso paradójico e imparable de una estrella que luchó con las dudas, creyendo que era inferior a Brando y Dean, y sin embargo trascendió su condición de galán para convertirse en ganador de un Oscar”. Asimismo, añaden que estas memorias “constituyen un retrato del actor en su totalidad, y con una visión íntima de su vida familiar”.

Además, al comienzo de su carrera, el público solía comparar a Newman con Brando, de tal manera que el primero llegó a confesar que había firmado 500 autógrafos haciéndose pasar por Brando. Así como ciertos directores llegaron a defender que Newman era un gran actor, pero que ser “tan guapo” había jugado en su contra. Pues surgieron, cómo no, rumores, que aseguraban que su fama de “hombre perfecto” era tan grande que se aficionó al alcohol, como modo de evadirse de sus problemas. Algo que, no obstante, no llegó nunca a confirmar.

A Newman, por tanto, le cansaba ser guapo. Es decir, odiaba que se refirieran a él por sus ojos o su semblante, así como prefería mostrarse como una persona de carne y hueso, un actor que basó su esfuerzo en brillar en su trabajo. No obstante, consiguió ambas cosas: convertirse en una estrella de Hollywood y pasar a la historia como uno de los hombres más bellos jamás conocidos.