Cine

"La influencia": Mi madre es una bruja

En su debut cinematográfico Denis Rovira recupera los elementos del cine de terror clásico para emprender un viaje emocional por los fantasmas heredados del pasado

Emma Suárez protagoniza "La influencia"
Emma Suárez protagoniza "La influencia"

En "La influencia", el debut cinematográfico Denis Rovira, el director recupera los elementos del cine de terror clásico para emprender un viaje emocional por los fantasmas heredados del pasado

En un antiguo caserío encajado en las faldas de un monte asturiano la muerte se arrincona en las puertas de todas las habitaciones mientras Alicia se baja de un coche y contempla con desconfianza los cimientos de un hogar que nunca sintió como suyo. Al más puro estilo "Hereditary"la ópera prima del director Denis Rovira comienza situando al espectador en el clásico escenario del género de terror por excelencia en donde jugar a vaticinar quién va a ser el primero en morir antes de que empiecen a sucederse toda clase de fenómenos paranormales se convierte en un impulso inevitable. Basada en la novela homónima de uno de los maestros literarios del terror contemporáneo Ramsey Campbell, "La influencia"refleja la historia de una enfermera interpretada por una realista y potente Manuela Vellés que junto con su marido Mikel (Alain Hernández) y su hija Nora (Claudia Placer) regresa a la casa familiar después de muchos años sin querer pisarla para ayudar a su hermana (Maggie Civantos) a acompañar los últimos días de vida de la madre de ambas, Victoria, una posesiva y oscura mujer atormentada por su pasado a la que da vida la actriz Emma Suárez y que se encuentra en un estado de coma profundo al tiempo que aletea agónicamente gracias a la ayuda de una máquina a la que está conectada que le impide de forma momentánea fusionarse con el más allá.

El cineasta reconoce que "hay momentos de violencia y momentos de catarsis pero todo el proceso de creación ha sido muy fluido"antes de incidir en la importancia que tiene durante el transcurso de la cinta la constitución de los personajes femeninos como la piedra angular que sujeta el relato: "De alguna manera quería contar ese poder que tiene la mujer en la familia. Si la sociedad se inicia históricamente con el matriarcado lo que pretendemos con la película es volver a eso. La antagonista de la película está enferma, está en la cama, pero tiene un poder tremendo que enraiza con el poder de las brujas. La figura de la bruja como concepto es lo que me interesaba trabajar, de la mujer que tiene fuerza, que tiene poder, un poder que no tiene por qué ser malo y que ha estado manipulado durante muchos años por instituciones como la Iglesia. Victoria es un personaje totémico porque consigue en ausencia y en presencia manipularles a todos".

Sustos atropellados, sobresaltos narrativos, temblores de camas, apariciones fantasmagóricas, intensidad gore y vueltas al pasado se reproducen en las diferentes escenas de este debut cinematográfico producido por Kiko Martínez, cuya conexión destaca Rovira: "El hecho de que Jaume Balagueró y Paco Plaza se hubiesen inspirado también anteriormente en novelas de Ramsey para llevar a cabo sus respectivas óperas primas me resultaba cuanto menos curioso y terminé, por diferentes avatares, accediendo a Kiko Martínez, la persona que produjo estas dos películas". Cogiendo el testigo de sus compañeros de dirección, Denis plantea una puesta en escena en donde las profundas conexiones emocionales y malsanas de Nora con su abuela se convertirán en el germen de todos los males posteriores y en el principal condicionante de unos vínculos familiares que comparten un pasado que se resiste a marcharse.

Todo ello revestido de un miedo que actúa tal y como recalca Manuela Vellés, como base y como raíz de la propia curiosidad: "Desde que éramos pequeñas y nos decían no toques eso y lo tocabas ya experimentamos lo que es el miedo. El miedo es el morbo, el querer conocer lo desconocido y a todos nos atrae lo desconocido. El cine de terror es una vivencia, una experiencia y las salas son el mejor lugar para disfrutarlas. Para oírlo bien, verlo bien y concentrarte en una sola cosa. Con ello vienen nuestros fantasmas, algo que todos tenemos. Y es liberador también... permitirte gritar o pegar un salto. Lo expresivo me gusta mucho, todo lo que sale hacia fuera, lo que explota".