La revolución del oso de peluche

Paddington reaparece en una adaptación cinematográfica, dirigida por Paul King, que causa furor y desata la «Paddingtonmanía» en Inglaterra

CARA DE SUSTO. Las aventuras de Paddington, que llegarán al cine el día 6, han atraído al cine a niños y mayores
CARA DE SUSTO. Las aventuras de Paddington, que llegarán al cine el día 6, han atraído al cine a niños y mayores

La preocupación de Michael Bond a la hora de llevar su gran creación a la gran pantalla era totalmente entendible. El escritor de 89 años, que a día de hoy sigue trabajando diariamente, publicó en 1958 las aventuras de un oso del Perú de exquisitos modales recién llegado a Londres. Jamás imaginó que aquellos relatos se convertirían en un clásico infantil a escala internacional. La serie de cuentos ha vendido más de 35 millones de ejemplares y ha sido traducida a 40 idiomas. En Reino Unido, Paddington es tan emblemático como el Big Ben o el té de las cinco. En definitiva, el autor no podía defraudar a su personaje ni tampoco a los lectores repartidos por todo el mundo, así que durante años rechazó todos los proyectos que llamaban a su puerta. Ninguno le convencía del todo. Hasta que David Heyman, productor de la saga de Harry Potter, finalmente ha obrado el milagro. Y hay que decir que la espera ha merecido la pena. Con un reparto estelar en el que figuran Nicole Kidman, Rally Hawking, Hugh Bonneville y Julie Walters, la película cuenta la historia de esta adorable criatura desde que su tía Lucy le envía a Londres tras un terremoto en su Perú natal hasta que es adoptado por la familia Brown. La cinta ha causado una auténtica «paddingtonmanía» en tierras británicas. Se ha abierto una exposición en el Museo de Londres y se han instalado esculturas por varios de los rincones más visitados de la capital, como en el aeropuerto de Heathrow o la plaza de Trafalgar. Bond publicará además también el 23 de diciembre «Love from Paddington» (Con amor, Paddington) y ya ha anunciado que el personaje morirá con él porque pedirá en su testamento que no se cedan los derechos para la publicación de nuevos episodios. El nuevo libro contiene las cartas del oso a su tía Lucy explicando cómo es su nueva vida.

Con todo, el estreno de la esperada película llegó con cierta polémica. Y es que el organismo encargado de censura –el British Board of Film Classification– dijo que no era «aconsejable para niños muy pequeños». Señaló que contenía «referencias sexuales moderadas» y ejemplos de «conducta peligrosa».

Una «extravagancia» británica

Se referían concretamente a una escena donde un policía flirtea por unos segundos con un hombre disfrazado de mujer y otro momento en el que la mascota se esconde en la nevera y la villana (Nicole Kidman) amenaza con matarle y disecarle. El revuelo que se montó fue tan monumental que el organismo se retractó y dijo que sólo había «insinuaciones». Los críticos –y esta redactora– no podían dar crédito. La cinta no puede resultar a quien la ve más entrañable. Es simpática, moderna, dinámica y con esa pizca de saludable locura que los británicos siempre se han permitido, a veces disfrazándola de «extravagancia» o «estilo».

Los efectos especiales son impecables, la fotografía exquisita, las actuaciones de primera y los guiños a los padres constantes. Como el momento en el que se recuerda cómo el señor Brown pasa de ser un joven motero hippie a un hombre hiper protector nada más tener a su recién nacido en brazos. Lo más importante es que el propio Bond ha quedado contento. «Ver a Paddington en el cine nos hace una tremenda ilusión, y a la vez es bastante abrumador», declara su hija Karen Jankel, encargada hoy del legado del escritor. El autor vivió cerca de la estación de Paddington y se inspiró para escribir su relato en un oso de peluche que le compró a su esposa una Navidad porque se apiadó de él al verlo solo en una estantería.

Jankel señala que aunque el oso «es más bien serio» y su padre «tiene un buen sentido del humor», comparten características comunes, como «sus buenas maneras y un fuerte sentido de lo que está bien y lo que está mal».

El autor dedicó la primera edición del libro de debut a su hija, nacida justo antes de su publicación, en 1958. «Para mí ha sido casi como un hermano. Hemos crecido juntos. Ha formado siempre parte de nuestras vidas, y compartirlo ahora con todo el mundo desde la gran pantalla es un gran acontecimiento», señala. «Pero sin duda estamos muy felices de cómo ha quedado todo», añade. Para la dirección se confió en Paul King quien coordinó a un equipo de 500 animadores y especialistas en efectos visuales para poder tener a un Paddington «real». Reproducir hasta los más pequeños detalles, como el viento que agita sus pelos o el movimiento de su barriguita al andar, es determinante a la hora del resultado final. En este sentido, el realizador no tiene palabras suficientes para elogiar a sus colaboradores: «Hay quien cree que como todo está hecho por ordenador, no hay arte en ello; pero es justo lo contrario, el personaje ha sido creado por unos artistas de enorme talento que acaban a mano hasta el último de los fotogramas. El ángulo exacto de una ceja o la forma en que la luz refleja en sus ojos en determinado momento puede componer o destruir una toma, y todas ellas tienen que pasar cientos y cientos de revisiones para que todos quedemos satisfechos. Se trata de un trabajo muy intensivo que solamente puede sacarse adelante con una ingente cantidad de amor y dedicación; creo que el resultado ha sido extraordinario».

La búsqueda de una voz

Por otra parte, otra de las decisiones más difíciles a las que se enfrentó el quipo fue la elección de la voz del personaje. En la primavera de 2014, el aclamado actor británico Colin Firth ya llevaba algún tiempo trabajando en el proyecto. Sin embargo, durante los primeros meses de la posproducción, King y el intérprete se dieron cuenta de que algo fallaba. «Nos dimos cuenta poco a poco, ambos, a lo largo del proceso de creación del oso, que duró muchos, muchos meses, de que la voz de Colin sencillamente no encajaba. Todos pensamos que Paddington necesitaba una voz más ligera y más joven, ¡no tan elevada, oscura y elegante! Por eso decidimos delante de una taza de té y un sándwich de mermelada que lo mejor era que Colin abandonara sin más el proyecto», recalca el director.

La búsqueda de una voz para Paddington duró varias semanas, y muchos de los actores de más talento del país hicieron las pruebas para interpretar este papel icónico. Finalmente se optó por el joven actor de cine y televisión británico Ben Whishaw, quien resultó ser sencillamente perfecto. «La voz de Ben tiene cierta otredad –recalca el director–. Paddington ha aprendido inglés escuchando viejas grabaciones en un gramófono, y eso hace que tenga un acento «propio» algo anticuado pero, al mismo tiempo, también le aporta ciertas cualidades de suavidad y calidez». Sin duda, también ayuda que Whishaw sea un consumado actor capaz de perderse en el momento y fundirse con el personaje, ya se trate de un ser humano o de un úrsido», añade.

Kidman, una peligrosa taxidermista

En el cine existe una interpretación que es casi una categoría en sí misma: la de malvada de cuento. Por ahí circulan, tomando cuentos o historias más o menos populares, casi todas las actrices en un momento u otro de su carrera. Desde Julia Roberts en una versión de «Cenicienta»; «Tilda Swinton», en «Las crónicas de Narnia»; Glenn Close, como Cruella de Vil en «Los 101 dálmatas»; Michelle Pfeiffer en «Stardust» o Angelina Jolie en «Maléfica», entre otras. Ahora el turno le toca a Nicole Kidman, que será la encargada de perseguir a Paddington a través de todo Londres para capturarlo. Para su propósito empleará toda clase de estrategias y sucias artimañanas. La actriz no ha tenido que someterse, como otras compañeras que han acometido esta clase de papeles, a una caracterización especial que convierta su imagen en algo casi icónico, como es el caso de Angelina Jolie. Pero su personaje guarda retazos de aquella fantástica Cruella de Ville: es taxidermista y quiere hacerse con el popular oso para incorporarlo a su colección de animales disecados.

Paddington, un personaje y mil artistas diferentes

En el Museo de Londres, la muestra «Un oso llamado Paddington» –el título de la primera novela del británico Michael Bond– reúne entrañables objetos del famoso plantígrado, que, en la historia, llega a la estación de tren de Paddington en Londres procedente «de lo más oscuro del Perú». Un tráiler de la cinta preside el rincón donde el museo ha dispuesto los elementos cuidadosamente seleccionados que cuentan la evolución del personaje, convertido en todo un icono de Reino Unido y en preciado «souvenir» turístico. Los muñecos utilizados en la primera serie televisiva en los años 70: la parka de la lana, el desvencijado sombrero y la maleta usados en la animación de la nueva película y ediciones traducidas al hebreo o al japonés de las novelas son algunos de los objetos que se pueden ver. Destacan también una ilustración original de los libros de Paddington por la artista Peggy Fortnum y el primer oso de peluche del personaje, que Shirley Clarkson, de Gabrielle Designs, diseñó en 1972 como regalo de Navidad para sus dos hijos, Joanna y Jeremy –hoy convertido en el famoso presentador del programa de la BBC «Top Gear». Curiosamente, Clarkson diseñó el peluche, omnipresente en las tiendas de recuerdos, con botas de agua, porque quería que pudiera mantenerse en pie, algo que no estaba en la novela original pero que el escritor Michael Bond incorporó posteriormente. La llegada de Paddington a la estación londinense del mismo nombre se conmemora en ese lugar con una estatua de bronce de Marcus Cornish inaugurada en el año 2000, que incluye la etiqueta que lleva en el cuello y que reza: «Por favor, cuiden de este oso. Gracias». Por otro lado, para celebrar el gran año de Paddington, se han repartido por Londres figuras del oso diseñadas por famosos, como la actriz Emma Watson, que le ha pintado mariposas, o el músico Liam Gallagher, que le ha cambiado su parka azul por una caqui como la que él habitualmente luce. En el Museo de Londres está la estatua que ha diseñado el actor Benedict Cumberbatch, que le ha colocado en la cabeza, como no podía ser de otra manera, una gorra de Sherlock Holmes.