«Mayo, 1940»: Hacer memoria

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Dirección: Christian Carion. Guión: A. Bampfield, C. Carion y L. Irmann. Intérpretes: August Diehl, Olivier Gourmet, Mathilde Seigner. Francia, 2014, Duración: 115 min. Drama histórico

El cine francés durante la ocupación tuvo que doblegarse ante los deseos de sus invasores. Muchos de sus cineastas más notables emigraron a Estados Unidos, los judíos estaban vetados y no era el momento de ser patriotas. No es extraño, pues, que ante el recuerdo de esos años de colaboracionismo, pero también de resistencia en la sombra, «Mayo de 1940» parezca, en su voluntario anacronismo, la película que Francia habría necesitado en esa época para levantar el ánimo, al menos en lo que respecta a su mirada sobre el heroísmo rural. Cuando vemos las imágenes de los habitantes de un pequeño pueblo del norte de Francia, obligados a abandonarlo todo por la llegada de los nazis, es obvio pensar en el éxodo de los refugiados que llegan en masa a Europa, y es inevitable percibir en la película la intención de que tomemos conciencia de la importancia de hacer memoria. Habríamos agradecido que la gama moral de grises estuviera más matizada, que el alcalde fuera menos heroico y sus vecinos menos obedientes, que la historia –que coprotagonizan un alemán que huye del tsunami nazi y su hijo, que, separados por la inminencia del invasor, se buscan– fuera menos melodramática. Pero hay una dignidad auténtica, a lo Marcel Pagnol, en esta gente del campo que todo lo vota y todo lo comparte, y un oficio antiguo, eficaz, en la dirección de Christian Carion, que a veces incluso resulta vistosa.