«Múltiple»: Yo y los demás

Dirección y guión: M. Night Shyamalan. Intérpretes: James McAvoy, Anya Taylor-Joy, Betty Buckley, Jessica Sula. Estados Unidos, 2016. Duración: 117 minutos. «Thriller».

Tres chicas pugnan por escapar de un enfermo mental
Tres chicas pugnan por escapar de un enfermo mental

A juzgar por la ingeniosa «La visita» y la «Múltiple» que nos ocupa, podría decirse que M. Night Shyamalan ha decidido soltar a la Bestia que llevaba dentro

A juzgar por la ingeniosa «La visita» y la «Múltiple» que nos ocupa, podría decirse que M. Night Shyamalan ha decidido soltar a la Bestia que llevaba dentro. Si las incursiones en el fantástico que le hicieron célebre se caracterizaban por la elegancia de sus recursos formales y una marcada tendencia a la melancolía, que contrastaba con su afición a esos giros sorpresa tan previsibles como absurdos, en esta nueva etapa parece haberse subido al tren del cine de terror puro y duro. Sin embargo, si «La visita» parecía atravesada por una sanísima vena autoparódica, «Múltiple» es solemne como una misa negra. Su modelo secreto es «El protegido». Aquí también hay un enfrentamiento especular entre un supervillano y su némesis atormentada (o viceversa), aunque para llegar al clímax que hermana sus traumáticos pasados haya que atravesar un denso bosque de palabrería pseudofreudiana sobre el trastorno de personalidad múltiple. Imposible imaginar una película más estática sobre una identidad en permanente movimiento: excepto en la hermosa secuencia de arranque, es la película más torpe de Shyamalan en su concepción del espacio. Tal vez el laberíntico subterráneo donde vive Kevin (o Dennis o Patricia o Barry o etcétera) con las tres adolescentes que acaba de secuestrar sea la representación visual de su alambicada y desorientada mente, pero resulta decepcionante que el director de «El sexto sentido» sea incapaz de ubicarnos en su locura desde la puesta en escena. Da la impresión de que «Múltiple» es más bipolar que multiforme. He aquí, pues, dos películas que nunca se ponen de acuerdo: una serie B que aplaudiría el William Castle de «Homicidal» filmada con la seriedad discursiva de un docudrama para el canal Historia. Si Shyamalan se hubiera atrevido a mostrarnos las 23 (+ 1) personalidades de su protagonista, forzando a James McAvoy a salir de una zona de confort en la que apenas hace seis, siete variaciones de una misma identidad que carecen de tensión dramática, tal vez «Múltiple» tendría la electricidad, el sentido del riesgo, el humor esquinado y la inventiva de «En nombre de Caín», el «delirium tremens» que Brian de Palma dedicó a esta enfermedad psiquiátrica. Lo que queda es una fría, tediosa, a ratos ridícula fábula sobre los vínculos emocionales que se establecen a través del trauma.