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Reinventarse en el Sahara

Eloy Domínguez Serén presenta «Hamada», un documental que refleja el sufrimiento pero también una cara más positiva del pueblo saharaui.

Eloy Domínguez Serén presenta «Hamada», un documental que refleja el sufrimiento pero también una cara más positiva del pueblo saharaui.

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Vivir en un campo de refugiados. Donde no pasa nada más que el tiempo. Donde no hay más cambios que el de la temperatura. Donde existe una contradicción entre una sociedad tradicional que opera bajo la influencia de la religión y un férreo deseo de sentirse libre y tener una vida propia, aunque sea bajo precarias condiciones. Ahí se despierta el sentido de identidad, la necesidad de luchar por ciertas libertades a partir de la creatividad. Al menos, eso es lo que busca Zaara. En «Hamada», un documental dirigido por Eloy Dominguez Serén, esta joven vive en medio del desierto del Sahara y sueña con poder conducir su propio coche. Pero, para eso, primero tiene que tener dinero. Y para tenerlo, hay que trabajar. Pero, ¿de dónde va a sacar un empleo? «Ella misma se inventa sus propias posibilidades y se enfrenta a la cotidianidad desde una actitud constructiva», explica el director quien ha estado ocho meses –a lo largo de tres años– codo con codo con estas personas que, como parte del pueblo saharaui, sufren día a día el conflicto contra el Reino de Marruecos.

Domínguez explica que, cuando se enteró que existía una escuela de cine en este campamento, se ofreció voluntario para trabajar allí. Durante su estancia, «establecí una relación muy profunda con los jóvenes, porque no solo estaba haciendo mi película, sino que hacíamos otras actividades juntos», recuerda. Entre otras cosas, el director ayudaba a reconstruir casas y colaboraba en un hospital, lo que le otorgó una visión muy íntima con lo que allí sucede. «Ese lugar no está hecho para los seres humanos», comenta, ya que la realidad que se encontró –y que refleja en el documental– no era solo la falta de agua o de electricidad. «En un contexto durísimo, con una situación tan frustrante que acaba siendo permanente, la gente ha aprendido a creerse sus pequeñas realidades y a tener la capacidad de reinventarse», explica Domínguez.

El eterno bucle

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Lo que viven tanto Zaara como Sidahmed o Ainina –principales protagonistas del filme– cada día, desgraciadamente y a ojos del director, se conoce poco. «He pasado la cinta por unos 20 países y no tienen ni idea del conflicto, muchos ni habían oído hablar del pueblo saharaui», continúa, «y uno de los problemas es que la noticia suele ser el conflicto bélico, pero, como ellos siguen apostando por la vía diplomática y pacífica, los medios de comunicación no se hacen eco». Desde que la ONU, en 1991, convocó un referéndum –que nunca se llegó a celebrar– para que los saharauis decidieran sobre su autonomía, estas personas viven en un bucle que parece eterno. Además, explica Domínguez que «el problema está en que países como España o Francia mantienen una posición de neutralidad y, desde mi punto de vista, lo que hacen es lavarse las manos».

«Hamada» significa, en lengua saharaui, «vacío», «sin vida». Y es este hueco el que llenan estos jóvenes con sus risas, juegos de cartas o conversaciones mientras toman té. Pero también con sus actitudes, pues hay algo que llamó especialmente la atención del director: «El papel tan activo de las mujeres en la vida social y política». Explica que «las chicas tienen una energía muy determinada y creo que la protagonista es imagen de ello». Por ejemplo, cuando le preguntan a Zaara cuál es su hombre ideal, ella no duda en responder: «Si le digo que voy a la luna, voy a la luna». «En ese sentido, me sorprendió que son muy conscientes de sus derechos y sus libertades, y que tienen una visión que, aunque incluso ni siquieralo sepan, es muy feminista», explica el director.

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