«Dead Man Walking»: Un muerto, hecho ópera, que realmente camina

Michael Mayes en una escena de «Dead Man Walking», en el Real
Michael Mayes en una escena de «Dead Man Walking», en el Real

De J. Heggie y T. McNally. Voces: J. DiDonato, M. Brueggergosman, M. Mayes, M. Zifchak... Orquesta y Coro titulares del Teatro Real. Dir. de escena: L. Foglia. Dir. musical: M. Wigglesworth. Teatro Real. Madrid, 26-I-2018.

No se pierdan este espectáculo. Tienen que verlo. El texto de la hermana Helen Prejean, feliz de estar presente en el Real, dio lugar en 1995 al filme «Pena de muerte», de Tim Robbins, con Sean Penn y Susan Sarandon en los roles principales. Cinco años después se estrenó esta ópera en San Francisco, enseguida en otros estados americanos y en 2006 llegó a Europa con éxito similar. Ya se han ofrecido más de 300 representaciones en el mundo, hay más de 20 producciones y su música se ha grabado dos veces. Esto no sucede con cualquier ópera contemporánea, habitualmente destinadas al baúl de los recuerdos. Evidentemente es por algo. Jake Heggie es casi un compositor pop, aficionado a la música por «Mary Poppins» y capaz de entender lo que la ópera es hoy en día, un género que ha de llenar al público como en su día lo lograron Verdi o Puccini. Ellos utilizaron las armas, la escritura, que su época demandaba. Heggie –como Gershwin, Bernstein, Sondheim o más recientemente Adès, Rhim, Saariaho, Penderecki o Benjamin– emplea las de su tiempo y más que nada las de su tiempo americano, que no son otras que el musical y el cine, continuando con ello la senda de lo que podríamos calificar como «ópera sinfónico-popular». Es el camino actual, por mucho que los seguidores europeos de la renqueante vanguardia tachen esta música de «facilona». Pero es más, la ópera es, debe ser, un espectáculo total, combinación de música, texto y teatro. «Dead Man Walking» reúne todo ello en un espectáculo
–Leonard Foglia, producción de Chicago– modélico y subyugante, de los más compactos ofrecidos hasta la fecha en el Real. El libreto es formidable, resumiendo el texto original con gran espíritu dramático, y la partitura se fusiona con él en simbiosis total. Incisivos, precisos y eficaces. Muy sólidos los dúos entre prisionero y hermana, emotiva la escena del sueño de ésta, potente el sexteto final del primer acto... Es precisamente la música y la proximidad escénica teatral lo que hace posible que el final emocione como hoy ya no nos emociona la película. Se cuidan todos los detalles en sus 17 escenas: el cambio a color verde en la escuela de la esperanza; cómo esconde los brazos Joseph cuando se da cuenta que va a salir esposado en la última foto familiar: el silencio que vuelve a ser una nota musical en el impactante momento del inicio de la inyección letal... El espectador queda acongojado, inerme y han de pasar unos largos segundos hasta que reacciona ante la disyuntiva que la historia le plantea, incluso aunque no se haya podido percatar que los acordes que acompañan al crimen de ambos hermanos De Rocher son los mismos que acompañan a su ajusticiamiento. Diente por diente, ojo por ojo. Y, para terminar, no se puede pedir más al reparto del Real, con Joyce DiDonato, Michael Mayes, Measha Brueggergosman y Maria Zifchak en actuaciones sobresalientes, igual que el resto de un reparto en el que hay una decena de españoles con muy cuidada dicción inglesa. Mark Wigglesworth dirige con contundencia, pero también matiz a unos coros y orquesta en excelente momento. Concluyo imitando a Heggie en sus acordes citados: no se pierdan este espectáculo. Tienen que verlo.