¿Debe cobrar la “antisistema” Cristina Morales, Premio Nacional de Narrativa, los 20.000 euros del galardón?

"Espero que prenda fuego al cheque de 20.000 euros que le ha dado el Gobierno. No creo que vaya a querer cobrar ese dinero del pueblo español al que odia", ha dicho Rivera

Cristina Morales y Albert Rivera.
Cristina Morales y Albert Rivera.

La concesión del Premio Nacional de Narrativa a la escritora Cristina Morales no hace sino crecer a cada día que pasa. Sus “incendiarias” declaraciones cargando contra la Policía Nacional como un órgano represor y “su satisfacción por los altercados en Cataluña y su "alegría"porque haya "fuego"en las calle de Barcelona en vez de "cafeterías abiertas"no han sentado demasiado bien, máxime teniendo en cuenta que se trata de un galardón que otorga el Ministerio de Cultura y que, por si fuera poco, viene dotado con un premio de 20.000 euros al que, por supuesto, la autora no piensa renunciar.

Hoy, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha criticado a la escritora por sus declaraciones a las que ha respondido en su perfil de Twitter invitando a la autora a no cobrar la dotación del premio que convoca anualmente el Ministerio de Cultura.

"Espero que prenda fuego al cheque de 20.000 euros correspondiente al Premio Nacional de Narrativa que le ha dado el Gobierno. No creo que vaya a querer cobrar ese dinero del pueblo español al que odia", ha escrito el dirigente de la formación naranja, quien ha finaliza su tuit añadiendo "qué vergüenza".

Por su parte, el actor y dramaturgo Albert Boadella ha criticado también las palabras de Morales. "La gente que aviva el fuego son unos insensatos", ha señalado en respuesta a los medios durante la presentación de la obra '¿Y si nos enamoramos?', en los Teatros del Canal.

A su juicio, declaraciones como las de la premiada buscan "conseguir que lo que sucede en Cataluña", que a su juicio "es una tragedia nacional", vaya "por unos derroteros que nadie quiere". "El 99 por ciento de los españoles no quiere que Cataluña se separe de España y eso puede suceder. Yo soy de los que pienso que sucederá", ha dicho.

Para Boadella, "a todo el mundo le gusta que su propiedad sea respetada" y los españoles son "partícipes"de la "gran sociedad que es España". "Somos todos copropietarios y si te roban unas hectáreas te cabreas. Unos accionistas se van a llevar su parte sin que nosotros tengamos nada que decir", ha opinado.

Como señalaba hoy Pedro Alberto Cruz en un artículo en LA RAZÓN, Cristina Morales luce la etiqueta de radical y la exprime al máximo. Sus declaraciones revelan incluso la sobreactuación de quien utiliza el medio para llegar a ningún fin. A simple vista, pudiera parecer que Morales ha puesto su apología de la violencia al servicio de la causa independentista. Pero no todo es tan evidente como parece. La escritora ha reconocido sentirse aburrida del «procés», al que ha calificado como un «juego entre élites». Del mismo modo, en su novela «Lectura fácil» –con la cual ha obtenido el galardón– arremete contra todo el contexto político en el que se desarrolla la historia, incluida la CUP y Ada Colau.

La radicalidad implica responsabilidad, aunque a Cristina Morales tal aserto le pueda resultar marciano. En primer lugar, si defiendes una expresión artística violenta –como tantos autores antes que ella han hecho–, aplícala sobre ti misma y no sobre conciudadanos que no tienen culpa de nada.

En segundo lugar, no puede sentirse harta del «procés» y legitimar una violencia que viene auspiciada por las mismas élites burguesas y capitalistas que ella misma critica. Porque no nos engañemos: las barricadas de Barcelona no surgen de la lucha de clases sino, muy al contrario, del diletantismo clasista. ¿Qué nos queda entonces: la violencia por la violencia? O Morales se ha equivocado de oficio o de batalla: como escritora, debería priorizar el poder de la palabra sobre cualquier forma de intimidación física. Y, puestos a respaldar procesos revolucionarios, ¿de verdad se piensa que las guerrillas urbanas que asolaron Barcelona la semana pasada estaban pensando en el hipertrofiado modelo turístico de la ciudad? Como se acaba de decir, la radicalidad implica responsabilidad, porque lo que se busca con ella es transformar la realidad, no destruirla, y menos por divertimento.