Cine

El doctor Knock nos pone enfermos

Omar Sy protagoniza esta versión de un clásico de Jules Romains sobre un médico que fomenta la hipocondría de sus pacientes.

Fotograma de «El doctor de la felicidad»
Fotograma de «El doctor de la felicidad»

Omar Sy protagoniza esta versión de un clásico de Jules Romains sobre un médico que fomenta la hipocondría de sus pacientes.

La gente sana son enfermos que se ignoran». Lo dice el protagonista de «Knock o el triunfo de la medicina», una comedia de Jules Romains estrenada en 1923 que desde entonces ha pasado a ser una pieza de repertorio en Francia. La obra presenta a un médico de dudoso bagaje académico que, tras recalar en el pueblo de Saint-Maurice, comienza a poner en práctica dicho lema, creando en sus pacientes necesidades medicinales, explotando arteramente sus hipocondrías.

La directora Lorraine Levy ha querido partir de este material muy conocido en Francia para darle una vuelta «optimista» al relato: «El personaje de Romains se vale de estratagemas para corromper la ciencia y la medicina en beneficio suyo e impone su ley a la población sumisa de la villa. Es una farsa trágica, con una visión muy pesimista de la humanidad. Yo quise alejarme de ese periodo de entreguerras, con el ascenso del nazismo, en el que surge la obra para introducir la película en una problemática más actual: el sitio que ocupa el extranjero en la sociedad».

Ahí es donde entra Omar Sy (el famoso Driss de «Intocable»), un doctor Knock –por primera vez negro– de prácticas hipocráticas también dudosas pero en aras de encajar en la sociedad: «Es un hombre falible, atormentado, que busca su humanidad para poder encontrar la de las demás», señala Levy.

Como en la obra original, Knock verá muy incrementadas sus ganancias poniendo en práctica técnicas que hoy en día son más habituales que en los años 20 y hasta en los 50 a los que Levy ha trasladado la acción: «Romains ya exponía un concepto muy moderno de la mercadotecnia, que consiste en crear la necesidad antes de proponer el producto que va a poder satisfacerla. Knock ha entendido que para gustar a la gente y volverse indispensable, basta con decir exactamente lo que quieren oír», señala la directora, y añade: «Es un procedimiento que conocen bien nuestros políticos».

Tras los pasos de Tati

Temas como la sugestión, la seducción, la manipulación atraviesan una cinta que, no obstante, rechaza una visión sombría de Knock y busca, a través de sus aventuras en el pueblecito de Saint-Maurice, la redención de sus pecados de superviviente y un tono de comedia costumbrista que, explica la realizadora, bebe de Jacques Tati: «Opté por alejarme de los años 20 con el fin de modernizar la historia y crear un mundo imaginario muy inspirado en Tati, un mundo burlesco y estilizado al que le convenía el estilismo de los 50». Los tiempos en los que el cartero era aún el «vínculo social», los hombres trillaban el campo y los señoritos vivía en provincias. Curiosamente, una de las cosas más complicadas para Levy fue convencer a los productores de que el exitoso Omar Sy fuese Knock: «Solo porque era la primera vez que un actor negro iba a interpretar un papel del repertorio clásico», revela.