El humor absurdo pierde a Pedro Reyes

Conocido como el "rey del humor absurdo"y reconocido como uno de los cómicos más carismáticos del panorama nacional.

Genial, surrealista, maestro del absurdo, gran monologuista... Y suma y sigue. Ayer se agotaban los calificativos para definir a Pedro Reyes, que falleció en la madrugada del miércoles en su casa de Masarrojos (Valencia), a los 53 años. Su compañero Pablo Carbonell lo anunció a través de Twitter para luego añadir que «a él se lo debo todo. Él iba a ser Luis Buñuel y yo Gene Kelly, pero nos quedamos en esto: dos niños».

Pedro Reyes (1961, Tánger, Marruecos) era un cómico que se daba la justa importancia: ninguna, ni aunque el éxito le viniese de cara, como ocurrió en múltiples ocasiones, en las que desconcertaba al espectador con un humor que nacía y moría en el absurdo, en las situaciones más disparatadas que resolvía con el golpe de efecto más inesperado. Era un obrero de su oficio que se distinguía del resto por tener una personalidad muy marcada y reconocible por el mundo.

Tras trasladarse a Huelva, donde vivía su madre, el humorista, escritor, actor y director empezó su carrera. Allí conoció a su primer compañero y alma gemela: Pablo Carbonell, que recordaba ayer que comenzaron «sin dinero ni ropa», en declaraciones a Efe. En 1977 crearon la compañía de teatro Centuria y, ya instalados en Sevilla, crearon el dúo Pedro y Pablo.

La estación siguiente fue Madrid, donde recalaron en 1982. Sus inicios en la capital fueron complicados –llegaron a actuar en el Parque del Retiro, donde pasaban la gorra–, hasta que llegó su primera oportunidad de enjundia de la mano de Lolo Rico, que le ofreció participar como personaje recurrente en «La bola de cristal». Ahí, Reyes empezó a desplegar todo su talento. Es recordada su interpretación, vestido de «punkie» directamente salido del bar «La Bobia», de algunos pasajes de «La Odisea».

Vuelta a los orígenes

En este programa, en teoría dirigido al público infantil y adolescente, mostró su versatilidad. Después intervino en «¿Pero esto qué es?», aunque la popularidad con mayúsculas le llegó con «No te rías, que es peor», donde sorprendió una vez más a la audiencia con su capacidad para recrear cuentos y relatos hasta darles la vuelta y ofrecer su peculiar visión. Humorista sin complejos, trabajó con Rafaella Carrá en «¡Hola Rafaella!» al tiempo que iniciaba una carrera en el cine como secundario en «El año de las luces» (1986), «Los negros también corren», (1987), «Pasodoble» (1988), «Makinavaja, el último choriso» (1992) y «Atún y chocolate» (2004), entre otras. Sin embargo, no abandonó la televisión. Una de sus intervenciones más llamativas fue su participación en la tercera edición de «¡Mira quién baila!», para recrearse y ofrecer su faceta más deslumbrante en «El club de la comedia», «Buenafuente» y «Me resbala».

En los últimos años volvió a sus orígenes: el teatro. Su gran capacidad de trabajo, que todos sus compañeros alababan ayer, hizo que en 2013 estrenase dos obras escritas y dirigidas por él: «Las hermanas Wuachosky» y «Sapore di amore». En la actualidad estaba de gira por España con la obra «Taxi», en la que compartía cartel con Josema Yuste y Felisuco.