Cultura

El mito prefabricado de la Pasionaria

En Rivas han derrumbado una estatua de Dolores Ibárruri cuando se celebra el 30 aniversario de su muerte. Recordamos la figura la guerrillera y madre proletaria a la que la propaganda soviética convirtió en leyenda

Tres días después de la caída del Muro de Berlín murió la Pasionaria, el 12 de noviembre de 1989. No llegó a contemplar el derrumbe absoluto del socialismo real, de ese sistema tiránico y asesino por el que trabajó, y del que vivió siempre. Para entonces, Dolores Ibárruri ya era un mito fabricado por la factoría de propaganda soviética, cuya estela aún hoy se puede ver. Crearon su imagen y le atribuyeron eslóganes. La hicieron pasar por dura guerrillera revolucionaria, luego madre proletaria ejemplar, y después, en 1977, por demócrata. Durante la década de 1930, usada como propaganda de guerra, la llamaron «Dama de Elche del socialismo», «madre del sol de la mañana», o «segura estrella salvadora».

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La frase «No pasarán» no es suya, sino del general Pétain, el presidente de la República francesa que colaboró con los nazis. «Prefiero vivir de pie a morir de rodillas», una ironía en boca de una comunista que apoyó sin fisuras la liquidación social que emprendió el estalinismo, tampoco es una frase suya, sino de Emiliano Zapata.

Incluso su nombre fue modificado por la propaganda. Sus padres la inscribieron en el Registro Civil, en diciembre de 1895, como «Dolores». El nombre de «La Pasionaria» se debió a que en 1918 firmó como tal su primer artículo en «El minero vizcaíno», ya que era Semana Santa. Su carrera política fue rápida. Comenzó en el PSOE, en Somorrostro, pero en 1920, junto a las Juventudes Socialistas, se separó del partido para fundar el PCE. Diez años después ya estaba en el Comité Central.

Repudió a la Segunda República. No en vano, el gobierno republicano-socialista la encarceló en dos ocasiones entre 1931 y 1933 por actividades subversivas. Marchó a Moscú, y participó en el congreso de la Internacional Comunista de julio y agosto de 1935, donde se decidió participar en la política del Frente Popular. Fiel servidora del estalinismo, fue elegida miembro del Presidium del Komintern. La militancia entonces de los comunistas era muy escasa, así como su peso político, de ahí que Indalecio Prieto, uno de los líderes del PSOE, tuviera muchas reticencias a que formaran parte del Frente Popular. Era una consigna de Stalin: formar frentes amplios con «partidos burgueses de izquierdas», para aprovechar su fuerza e infiltrarse en las instituciones.

Esto le permitió a La Pasionaria salir diputada por Oviedo, circunscripción segura para ella tras octubre del 34, en las elecciones de febrero de 1936. En su primera intervención parlamentaria, después de unas palabras de Calvo Sotelo, uno de los líderes de la oposición, dijo a los que estaban a su alrededor: «Este hombre ha pronunciado su último discurso». No era nada nuevo: su verbo iba destilando la violencia que luego se vio en la Guerra Civil. Salvador de Madariaga y Josep Tarradellas, diputado entonces de ERC, así lo corroboran en sus respectivas memorias. Calvo Sotelo fue asesinado días después.

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La Pasionaria fue supuestamente la autora del comunicado del 19 de julio de 1936, en el que proclamaba el «No pasarán». A partir de ahí, y sobre todo cuando los comunistas, con Santiago Carrillo a la cabeza, organizaron las checas de Madrid y la liquidación social, su papel fue propagandístico, visitando el frente y marchando al extranjero. En marzo de 1939 se estableció en Moscú, donde pasó la mayor parte de su exilio. Después de luchar contra el fascismo, cambió de opinión en cuanto Stalin y Hitler pactaron el reparto de Europa. Bajo la protección rusa dio los artículos que justificaron la invasión nacionalsocialista y soviética de Polonia, y el consiguiente exterminio de la élite polaca. En la publicación «España popular» escribió que la derrota de la República era culpa de la socialdemocracia, de Francia y de Gran Bretaña. A esto añadió que el pacto de la URSS con la Alemania nazi aseguraba la paz, y que la «Polonia reaccionaria» debía ser eliminada. Luego tuvo lugar la masacre de Katyn, donde unos 20.000 miembros de la élite polaca fueron asesinados.

Pasionaria dirigió el PCE desde 1942. La estrategia fue intentar mantener la guerra viva en España a través de los maquis. La otra política que adoptó fueron las purgas internas. La «autocrítica» recayó incluso en el amante de Pasionaria, Francisco Antón, once años menor que ella. El hombre le dijo que se había enamorado de otra, y la líder comunista, enfurecida, lo acusó de ser un espía al servicio del imperialismo. Fue desterrado a Varsovia, donde trabajó como esclavo en una fábrica.

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En 1960 fue apartada de la dirección del PCE y sustituida por Santiago Carrillo. No fue hasta 1977 cuando volvió a su país, junto a otros comunistas históricos. Fue entonces cuando España dio una lección de democracia a quien había defendido el totalitarismo casi toda su vida. Presidió la Mesa de Edad de las Cortes, y luego fue elegida diputada. Nadie le pidió rendir cuentas. Siguió siendo un símbolo, aunque sobrepasada por los tiempos. Hoy hay una estatua suya en Leganés (Madrid).