La Pasionaria, Carrillo... los otros Largo Caballero

Si la moda iconoclasta continúa es posible que empecemos a nombrar las calles por números y letras para que nadie se ofenda, a veces, con razón

La retirada de las placas a Largo Caballero e Indalecio Prieto en Madrid capital ha abierto una puerta: la aplicación de la norma también al “otro bando”. En este ajuste de cuentas con el pasado lo lógico sería no tener dos varas de medir, sino ser ecuánime y retirar todo aquello que responda a la letra y al espíritu de la ley. De esta manera, estarían nominados todos aquellos que de palabra u obra alentaron o practicaron el guerracivilismo, o defendieron ideas totalitarias y dictaduras.

En este sentido, en España nos afectan dos normas. La primera es la Ley de Memoria Histórica, de 2007, elaborada por el gobierno de Zapatero. El resultado de esta ley no ha sido más concordia ni más historia, sino más conflicto. La otra norma es la resolución 2019/2819 del Parlamento Europeo sobre la Memoria Histórica que equipara al comunismo con el nazismo. El texto enfadó mucho a la izquierda radical y a los progresistas que ven con simpatía a los comunistas. La resolución europea asegura que en algunos estados miembros siguen existiendo parques, plazas, calles, monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan regímenes y personas totalitarias.

En este sentido es impensable que en Polonia encontremos una calle a La Pasionaria. El motivo es que la dirigente comunista aplaudió el pacto Ribbentrop-Molotov de 1939 para el reparto del territorio polaco, así como el genocidio que Alemania y la URSS llevaron a cabo con la población de dicho país. ¿Por qué en Polonia no, y en España sí puede haber calles o estatuas dedicadas a Dolores Ibárruri?

No se le recuerda ni una buena palabra o acción. Pasó varias veces por la cárcel por levantarse contra la República, en las Cortes de 1936 dedicó unas palabras proféticas a Calvo Sotelo, y estuvo detrás de las purgas, checas y robos que hizo su partido durante la Guerra Civil. Es más; despechada, consiguió que su amante fuera enviado tres años a un campo soviético. Estalinista hasta la médula, volvió a España para las Cortes de 1977. Esto no dice nada bueno de ella, sino de la España de entonces, que prefirió olvidar sus crímenes.

Ocho mil sentencias a muerte

¿Tendría una calle en España un político franquista que hubiera firmado más de ocho mil sentencias de muerte durante la Guerra Civil? No. Lluis Companys, sí. El presidente de la Generalitat de Cataluña firmó dicho número de sentencias desde 1936, además de permitir los asesinatos de la CNT-FAI a “sospechosos” civiles y religiosos, y luego las purgas comunistas.

En la Comunidad de Madrid hay una calle dedicada a Lina Ódena, una comunista que se suicidó en septiembre de 1936 al verse rodeada por falangistas. Era una estalinista que completó su formación en la URSS antes de volver a España. El asunto es que Ódena, que iba en un coche con chófer cuando la pillaron, participó en las matanzas de Guadix y Motril, donde mató al sacerdote de un tiro en la cabeza. Otros dicen que eso no ocurrió. De todos modos, no parece la biografía de una demócrata.

La calle a la División Azul causó mucha controversia, resuelta porque aquel cuerpo militar se formó después de la Guerra Civil. La izquierda insiste en quitarla porque la División Azul apoyó un régimen totalitario. Cierto, pero es el mismo caso de las Brigadas Internacionales, que sí estuvieron en nuestra Guerra Civil. Hay monumentos en Madrid, Barcelona y Albacete, y mención en otros lugares. George Orwell, que no pasó nunca por ser de derechas, señaló que eran unas tropas estalinistas, mandadas por asesinos, como André Marty, como apoyo para establecer en España una dictadura títere de Stalin. No pelearon por la República, sino por el comunismo soviético.

Margarita Nelken tiene calles por toda España. Fue una diputada del PSOE que se opuso al voto de las mujeres, condenada a veinte años de prisión por su participación en el golpe contra la República de 1934, y huída de la justicia a la URSS. Félix Schlayer, cónsul noruego en el Madrid de la guerra, escribió en su obra “Matanzas en el Madrid republicano”, que Nelken sacaba a los presos de la cárcel Modelo para asesinarlos. Fue el tipo de exterminio que se usó en Paracuellos del Jarama y en otros lugares, como contó el historiador Julius Ruiz.

La polémica sobre Santiago Carrillo continúa. Era consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid cuando tuvo lugar la matanza de Paracuellos. Más de 4.000 personas. El comunista siempre negó su participación, y achacó el asunto a que no tenía recursos suficientes para controlar a los milicianos. Sin embargo, el historiador progresista Paul Preston asegura que Carrillo conocía esas operaciones de liquidación porque nombró a Segundo Serrano Poncela como director de Seguridad, que fue quien organizaba a diario las sacas. Si esta moda iconoclasta continúa es posible que empecemos a nombrar las calles por números y letras para que nadie se ofenda, a veces con razón.