Enemigas íntimas: así fue la rivalidad entre Olivia de Havilland y su hermana Joan Fontaine

Uno de los últimos desencuentros tuvo lugar en los 70, cuando su madre tuvo que ser intervenida por el cáncer que padecía, idea que a Joan no le pareció adecuada debido a su avanzada edad: 88 años. Enfadada, Olivia organizó el funeral sin avisar a su hermana, rompiendo definitivamente su relación

Joan Fontaine y Olivia de Havilland
Joan Fontaine y Olivia de Havilland

La rivalidad entre las hermanas Joan Fontaine y Olivia de Havilland es legendaria. Hoy, Olivia, que todavía sigue viva (la actriz ha fallecido el 26 de julio de 2020 a los 104 años de edad), se habrá puesto de los nervios al enterarse por la prensa de que su hermana pequeña ha vuelto a ganarle por la mano. «¡Yo me casé primero –dijo en una entrevista–, gané el Oscar antes que Olivia, y si me muero antes, sin duda se quedará lívida porque también le habré vencido en esto!».

La rivalidad viene de lejos. Uno de los últimos desencuentros tuvo lugar en los años 70, cuando su madre tuvo que ser intervenida por el cáncer que padecía, idea que a Joan no le pareció adecuada debido a su avanzada edad: 88 años. Enfadada, Olivia organizó el funeral sin avisar a su hermana, rompiendo definitivamente su relación.

Lilian Fontaine estuvo en el centro de su rivalidad desde niñas. Olivia, más hermosa y vitalista, fue la preferida de su madre, mientras que Joan, apocada y enfermiza, sufrió los celos de aquella relación. Tras la separación de sus padres, se volvió a Japón para vivir con su padre, el aristócrata inglés Walter de Havilland, donde mejoró de su anemia y volvió a Hollywood dispuesta a competir con su hermana.

Olivia de Havilland encadenó una serie de éxito con la Warner Bros de compañera de reparto de Errol Flynn. Once películas que compusieron un esplendoroso mosaico a lo largo de los años 30, iniciado con «El capitán Blood» (1935), seguido de «La carga de la Brigada Ligera» (1936) y rematado con «Robin de los bosques» (1938) y «Dodge, ciudad si ley» (1939).

1939 es el año triunfal de Olivia de Havilland con su interpretación de Melania, papel que le había ofrecido Georges Cukor a Joan y que ésta había rechazado, pues su sueño era encarnar a Escarlata O'Hara en «Lo que el viento se llevó» (1939). «Si quieren a alguien para hacer de boba –les dijo–, llamen a mi hermana Olivia». Y ése fue el papel de su vida.

Mientras tanto, Joan Fontaine no acababa de encontrar el personaje adecuado a su personalidad de mujer ingenua, de una belleza frágil y delicada, perfecta para encarnar papeles en melodramas victorianos. Durante los años 40, ella fue la encarnación de la heroína romántica, enamora de hombres problemáticos, aunque la deriva desquiciada de su personaje la llevaría de víctima a malvada viuda negra años después. Fue la rival de Sarita Montiel en «Dos pasiones y un amor» (1956).

También 1939 será el año triunfal de Joan Fontaine, pues Cukor la vuelve a llamar para interpretar «Mujeres» (1939) y Selznick la contrata en exclusiva para interpretar a la primera heroína de Hitchcock en Hollywood, «Rebeca» (1939), con la que obtiene una nominación a los Óscar, el mismo año que Olivia es nominada por su papel de Melania.

Su rivalidad se agudiza al año siguiente, cuando Joan Fontaine gana el Oscar por su papel de sufrida enamorada en «Sospecha» (1941) y Olivia de Havilland es nominada por «Si no amaneciera» (1941). Es su gran momento de gloria. Sin embargo, Joan, paralizada por la culpabilidad, se levanta aturdida a recoger el Oscar al oír la voz de Olivia increpándole para que reaccione.

Cinco años después, Olivia gana el Oscar por su papel en «La heredera». Joan era la encargada de entregárselo. Pero cuando le tiende la mano para felicitarla, Olivia la ignora, oficializando su enemistad ante el mundo. Ése es el comienzo del fin, de sus desencuentros, que culmina cuando Howard Hughes deja a Olivia y la sustituye por Joan, a quien pide en matrimonio.

Los celos dieron paso a la rivalidad y, más tarde, el odio se transformó en indiferencia. Siempre fue Joan quien lanzó sus invectivas contra su hermana Olivia, celosa del amor que su madre sentía por ella, hasta el punto de haberle prohibido que utilizara su apellido paterno. «Para mí, Olivia es como si no existiese. Nos odiamos tanto cuando éramos jóvenes que ahora hemos agotado la carga de odio y nos limitamos a ignorarnos».

Si hubiera que buscar un reflejo cinematográfico de esa enconada rivalidad entre dos hermanas actrices rencorosas, la película que de forma grotesca las retrató fue «¿Qué fue de Baby Jean?» (1962), de Rober Aldrich, inspirada en su legendaria e irrepetible enemistad.