Historia

Fallece Imre Kertész, muere la memoria de Auschwitz

Fallece a los ochenta y seis años, en su casa de Budapest, Imre Kertész, ganador del Premio Nobel en 2002 y superviviente del Holocausto

El escritor húngaro en 2007 durante una visita promocional a Barcelona
El escritor húngaro en 2007 durante una visita promocional a Barcelona

Fallece a los ochenta y seis años, en su casa de Budapest, Imre Kertész, ganador del Premio Nobel en 2002 y superviviente del Holocausto

Para los lectores españoles, la concesión del premio Nobel a Imre Kertész llegó en un excelente momento, pues fueron en aquellas semanas del año 2002 cuando el escritor protagonizó diversas publicaciones culturales con motivo de la que era su última obra, «Yo, el otro: crónica del cambio», aparecida en la editorial en la que se dio a conocer aquí y donde acabaría publicando la mayoría de sus obras, Acantilado. Y precisamente el texto citado tal vez pudiera ser un buen ejemplo de la línea de pensamiento del escritor húngaro y de su estilo: texto más o menos breve y misceláneo, como solían ser todos sus libros; el postrero y póstumo en español saldrá a la venta el próximo día 6, «La última posada», los diarios del autor en una suerte de, como él mismo dice, «antesala de la muerte». Una muerte que le ha llegado en su ciudad natal, Budapest –donde vio la luz en 1929–, enfermo de párkinson, a la que volvió en 2012 después de mucho tiempo instalado en Alemania, país que según él le había acogido mejor que Hungría y al que donó los manuscritos de algunas de sus obras mayores.

- Campos de exterminio

«Yo, el otro» indagaba en dos de las coordenadas que sustentaron su literatura: la individualidad, herida de muerte tras la espantosa experiencia que Kertész padeció con catorce años en los campos de exterminio, y el trasfondo sociopolítico, en estas páginas en torno al periodo de transición en las grandes capitales de la Europa central durante los años noventa del siglo pasado y, en su caso particular, alrededor de una dictadura comunista que le aisló hasta hacerle invisible. Probablemente, por la crueldad gubernamental y sus distintas censuras –fue despedido en 1951 del diario para el que escribía cuando fue absorbido por el órgano del Partido Comunista y entonces se dedicó a la traducción–, de la obra de Kertész no hubo ni una sola recepción crítica hasta mediados de los años ochenta y, sobre todo, 1991, año en que el totalitarismo húngaro hizo aguas. Para hacerse una idea de su «ausencia», si de grandes autores de Hungría se trata, el crítico americano Harold Bloom citó a Attila József, Ferenc Juhasz y Laszlo Németh, pero del último premio Nobel no había ni rastro. Superviviente del terror nazi en los años 1944 y 1945, apenas existió literariamente pese a conseguir publicar en 1975 «Sin destino», sus memorias narrativas de la adolescencia bajo el dominio nazi que comenzó a redactar en 1958.

Como no podía ser de otra manera, esa terrorífica experiencia marca la literatura del judío Kertész. «Sin destino» no era una novela al uso, aunque se intentara cierto tono creativo al comienzo y al final, sino el minucioso recorrido de un deportado a la fuerza con la consiguiente vida rutinaria, primero en Auschwitz y después en Buchenwald. El protagonista se llamaba György Köves, y era un chico que, como a su padre, le reclutaban en 1944 tras la ocupación de las tropas alemanas en Hungría y la imposición del exterminio de la población judía. Un viaje en un tren de ganado llevará al joven Kertész a conocer, durante un año, las atrocidades perpetradas por el nazismo, hasta que sea liberado y pueda regresar a casa, reemprender la escuela y convertirse en periodista y, desde la reedición de esta obra en 1985, en un reconocido escritor. «Sin destino» será el testimonio de ese tiempo junto a las cámaras de gas, el trabajo, las palizas y el hambre, aunque confesado con un estilo que evitaba retoricismos y sentimentalismos, prefiriendo ver los recuerdos con cierta distancia irónica. De este modo, el protagonista se negará a llamar infierno al campo, sosteniendo que «nosotros mismos somos nuestro propio destino».

La mirada ingenua y libre de prejuicios de Köves hacía que el lector conociera las pequeñas grandes cosas que hacían verosímil y profundo el contacto con el salvajismo nacionalsocialista. Kertész lo hacía con la misma sobriedad del otro gran narrador de la barbarie hitleriana, Primo Levi, quien sucumbió a la tentación del suicidio, el recurso al que se resistió con firmeza Kertész al considerar que se trataba de todo un deber sobrevivir después de Auschwitz. Muy al contrario, el escritor iría encontrando consuelo y dignificación a lo sufrido mediante diversos libros que reflejaban una gran dosis de paciencia y humildad. Así, este judío no creyente, como se autocalificaba, mostró la cara más compleja de su pensamiento, deudor de Wittgenstein y Kafka, en «Kaddish por el hijo no nacido», un relato que ubicaba a un hombre en la asfixia personal de recordar los campos de concentración y el régimen comunista que lo aprisionaba y que no le permitía salvar su matrimonio. Es decir, hablaba de la capacidad de adaptarse o no a las circunstancias, tal vez el elemento temático principal de toda su trayectoria intelectual.

Ciertamente, sólo unas pocas obras serían suficientes para que Kertész se ganara el aprecio de la Academia Sueca –es el primer y único húngaro en haberlo recibido–, por exponer los valores humanos más esenciales frente a la adversidad. El premio le supondría salir definitivamente de la marginalidad literaria, pues tras su paso por los campos, en Hungría se impondría el régimen estalinista y su imagen de hijo de burgueses equivaldría al perfil de un enemigo; se dice que durante 35 años Kertész vivió en un piso de veintinueve metros cuadrados en los que escribió su «trilogía de la ausencia», y en no pocas ocasiones se vio en la cuerda floja, teniendo que emplearse en trabajos precarios hasta que poco a poco, ya en los 70, se abrió camino como traductor de filósofos y narradores de lengua alemana.

Ya a comienzos de este siglo, le llegaría un unánime reconocimiento universal que proyectaría la traducción masiva de sus obras; de tal manera que llegaría poco después del Nobel a España otra narración autobiográfica, de 1988, «Fiasco», también incidiendo en las consecuencias del totalitarismo, y otras correspondientes a escrituras de la década de los 90, la más fructífera para el autor: por ejemplo, el dietario «Diario de la galera», los relatos «La bandera inglesa» y los ensayos incluidos en «Un instante de silencio en el paredón: el Holocausto como cultura», además de la novela de 2003 «Liquidación» y una adaptación al cine en 2005 de «Sin destino». Y es que ya lo decía el autor: cada vez que se ponía a pensar en escribir algo, la presencia de Auschwitz era tan poderosa que acababa siempre hablando de ello.

Bibliografía selecta

- «Sin destino»

Acantilado, 2001

Cuenta el año y medio de la vida de un adolescente en los campos de concentración nazis.

- «Kaddish por el hijo no nacido»

Acantilado, 2001

Libro original de 1990; el título parafrasea una oración judía. Analiza el trauma del «lager».

- «Liquidación»

Alfaguara, 2004

Novela. Un hombre que trabaja en una editorial recoge los papeles póstumos de un amigo escritor.

- «La lengua exiliada»

Taurus, 2006

Conjunto de artículos y discursos sobre las implicaciones éticas y culturales del Holocausto.

- «Dossier K.»

Acantilado, 2007

Libro muy singular en el que Kertész se entrevista a sí mismo para dar su propia imagen tras el Nobel.

- «Un instante de silencio en el paredón»

Herder, 2009

Con el subtítulo de «El Holocausto como cultura».

- «Fiasco»

Acantilado, 2009

Novela entre realidad y ficción sobre el padecimiento de la sociedad en la dictadura estalinista.