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Farinelli, visto con sobriedad

Texto de Gutiérrez Aragón. Actor: Miguel Rellán. Dirección musical: Aaron Zapico. Forma Antiqua. Auditorio-Teatro de San Lorenzo de El Escorial, 7-VIII-2019

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Lleno total en la inclinada sala pequeña del Teatro de San Lorenzo de El Escorial para un espectáculo de pequeño formato propuesto en su día por Patrick Alfaya, director de la Quincena Donostiarra, al Festival del Escorial. Más tarde la Quincena acabó descolgándose y en su lugar apareció el Festival de Santander, donde se ofreció ayer.

La producción nació a partir de la novela de Jesús Ruiz Mantilla, quien se puso en contacto con Manuel Gutierrez Aragón para crear con ella lo que ambos denominan «teatro musical barroco». Un actor, Miguel Rellán, y un contratenor, Carlos Mena, dan vida a Carlo Broschi, más conocido como Farinelli, en su lado humano y canoro. Es posiblemente el castrato más famoso de todos los tiempos, aunque tuvo que revalizar con otros que se sometieron a la operación de amputación sexual y, entre ellos, muy especialmente Senesino. Su fama perdura hoy e incluso de han rodado varias películas sobre su vida, siendo quizá la más conocida la de Gérard Corbiau de 1994.

Rellán, en el papel de Farinelli, mira atrás en su vida durante un soliloquio, recordando la discutible intervención quirúrgica para que combinase la voz angelical de un niño con la potencia de un adulto; su célebre «combate» contra una trompeta en Roma a los 17 años; sus viajes por Italia, Austria o Londres hasta su llegada a la corte de Felipe V, donde permaneció 22 años, y vertebra su discurso en torno a su carrera y su lado humano. Sus palabras dialogan con arias que Farinelli cantaba al rey Felipe V para sacarle de su melancolía y que interpreta Carlos Mena, acompañado por once instrumentistas de Forma Antiqva. Más de una veintena de piezas, entre treinta segundos y diez minutos de duración, ilustran la música de la época.

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Mena se luce desde la escena de la batalla con la trompeta en cada una de sus intervenciones, con una voz de contratenor que proyecta y regula muy bien, aflautada en el registro agudo y apoyada por sólidos graves. Texto y música se entrelazan en un espectáculo sobrio, de hora y media, que se sigue con interés y al que quizá le falte un punto más de emotividad y una selección en las arias con mayor variedad estilística. Claramente destaca «Cara sposa» de Haendel, precisamente el compositor a quien Farinelli nunca pudo llevar a su terreno.

Con este espectáculo, el ballet «Antígona» de Víctor Ullate y un concierto visual para piano, concluye el festival de verano, en una edición que tuvo su gran momento en «Madama Butterfly» y en la que ha habido sorpresas muy agradables como la Orquesta Nacional y Juvenil de Chile.

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