Fernando Savater: «Hoy se piden más ajusticiamientos que Justicia»

«Conjunto de derechos, deberes y garantías reconocidos por el Estado a cada uno de nosotros. No están basados en ninguna identidad cultural, étnica, ideológica, religiosa o racial predeterminada, sino en nuestra pertenencia como miembros a la institución constitucionalmente vigente, que establece las reglas de juego que compartimos, a partir del respeto a las cuales cada cual puede tratar de diseñar el perfil que quiera dar a su vida, sea para asemejarse a unos o para diferir de todos». Así define Fernando Savater el concepto «ciudadanía democrática». El pensador ha reunido sus últimas reflexiones en «¡No te prives!» (Ariel), un libro batallador, hiriente con las políticas mesiánicas y los falsos apóstoles.

-¿Qué está sucediendo en nuestro país?

-Hay mucha gente que lo está pasando mal: el paro, la crisis, el espectáculo indecente de la corrupción financiera y política que subleva a la gente y la indigna. Y todo eso en un contexto de gran ignorancia política. En este país se ha descartado la posibilidad de una educación cívica y ha sido sustituida por una educación de la identidad. Ante estos males hay gente que lo que quiere no es una reforma, sino una revancha. Y sale a la calle a pedirla, porque son incapaces de pedir una reforma en profundidad. Es un terreno abonado para los populismos y los fascismos.

-Los «otros» son hoy la «casta».

-Uno de lo descubrimientos del franquismo fue inventarse a los «rojos»: eran todos, desde los liberales y los demócratas hasta los comunistas. No es nuevo lo de señalar categorías diferentes para excluirse uno mismo y apuntar: «Ellos son malos, yo soy bueno». Decirles a los demás: «Vosotros no habéis hecho nada malo, los malos son los de fuera». Eso atrae a las gentes simples, porque las mentes complejas buscan los dos lados de las cosas. A las personas no les suele atraer la autocrítica. Por eso hay que educar.

-Está enfadado con la izquierda.

-Me molestan los errores de la izquierda, ver cómo se ha puesto del lado de fuerzas irracionales, como los nacionalismos, en vez de explicar que la ciudadanía no es la ciudadanía fraccionada en catalanes, vascos y los demás; que eso solamente son categorías culturales, no políticas. Yo no reconozco a catalanes y vascos más que culturalmente. Sólo hay ciudadanos españoles, porque son los estados de derecho los que crean la ciudadanía. La patria del ciudadano es la Constitución, no la tierra en la que tiene puestos los pies. Y que los socialistas fomenten esos fragmentos, esos «en Madrid no nos comprenden», es decepcionante e indica que esa izquierda debe ser sustituida por otra.

-Dedica un reflexión a la palabra «pueblo».

-«Pueblo» es un subterfugio para descargar la conciencia sin hacer autocrítica. Hannah Arendt compara la revolución americana y la francesa. La francesa se hizo en nombre del pueblo; la americana, en nombre de los ciudadanos. Esto es esencial. Un ciudadano es bueno, malo o regular; pero el pueblo siempre es bueno; el ciudadano debe hacer autocrítica sobre sus errores; el pueblo, en cambio, lo que quiere está bien. Si le engañan, siempre es la casta, los malvados... Si uno está dentro del pueblo está santificado, haga lo que haga, aunque sea cortar cabezas. Los que hablan en nombre del pueblo siempre aseguran ser del pueblo, o sea, de los buenos. Los demás son los que defraudan.

-La gente ya no está contenta con la Transición ni con la democracia.

-Cuando murió Adolfo Suárez, se apuntaba: «Ya no hay políticos como ésos»; yo digo que no hay ciudadanos como aquéllos, que salían a la calle para apoyar las reformas, no para acabar con todo. Se pedía Justicia, no ajusticiamientos. Hoy se piden más ajusticiamientos que Justicia. Antes había un clima de Ilustración. Hoy existe una depauperación y las cosas que eran buenas, ahora son malas por el mal uso. Insisto: hay que hacer autocrítica.

-Los políticos solían formarse en un partido o entraban en la política después de demostrar su capacidades en una profesión. Hoy salen de la televisión.

–La auténtica casta actual son los políticos que salen de la televisión, de esos pseudoprogramas que sustituyen la Ilustración por lo truculento.

-Ellos aseguran que no son populistas.

-Los populistas son como curanderos. Si te diagnostican una enfermedad seria, vas el médico, pero algunos, si se alarga el remedio, acaban en un curandero, que te da hierbas y pases mágicos. El problema del curandero es que no te cura. La enfermedad es verdad, pero el curandero te dice que los médicos son una «casta», que se apoyan entre sí y te dicen: «Véngase conmigo», pero nunca te curan. Vamos a ver cómo funcionan los partidos nuevos, pero los partidos que vienen de hablar contra la corrupción, pero apoyan un régimen como el de Venezuela, que es infinitamente más corrupto que el de España; que han estado siempre comprometidos con la política, pero jamás se han manifestado contra ETA, y a los que, además, nunca hemos oído una expresión contra los nacionalismos, pero van hablando del derecho de decidir de los pueblos, que es una forma prehistórica de referirse a estas cosas... bueno, a unos ignorantes los engañan con las preferentes y, a otros, con soluciones bolivarianas. Pero siempre están engañados.

-¿Qué posibilidades existen de restituir la convivencia con Cataluña?

-No admito que exista una entidad política separada de España. Cataluña es una división territorial del Estado español que ha tenido unos gestores que lo han hecho bastante mal, que son un ejemplo de corrupción, y que han lanzado este mito nacionalista para tapar esa mala gestión. La gente en Cataluña sufre un auténtico lavado de cerebro. Sólo hay que escuchar esas tonterías del choque de trenes o que la culpa la tiene el centralismo. Si ves la televisión nacional –la dos, la tres o la cuatro, da igual–, jamás verás programas anticatalanes, que les denigran o que se rían de ellos. En cambio, eso sucede en las televisiones en manos de los nacionalistas respecto al resto de España. Se ha demonizado a los españoles frente a los catalanes, a los que se les ha creado la idea de que son unos españoles separados de los demás. Es un lavado de cerebro «goebblesiano».

-El País Vasco permanece en un segundo plano.

-Porque el Partido Nacionalista Vasco ha optado, en esta ocasión, por un perfil bajo. Ya tienen las concesiones fiscales que quisieran los catalanes. Pero dentro del País Vasco continúa la presencia de los que sacaron ventaja de la violencia. Ahora no hay violencia, se asegura. Claro, no la hay, pero el resultado de la violencia es que unos han sacado ventajas sociales y han ocupado determinados puestos. Existen discursos que han conseguido cierta preferencia por haber sido apoyados por la violencia. Y eso está presente en todos los terrenos: en el educativo, el económico... Pero, desde luego, es un perfil mas bajo que el de Cataluña. Lo malo de los nacionalismos es que han impregnado a todas las regiones de España y, en este momento, todas ellas quieren potenciar sus identidades.