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Jöel Mestre¨: «El galerista siempre será un cómplice del artista»

Expone hasta el 11 de enero sus nuevas creaciones en la galería madrileña My Name’s Lolita Art bajo el nombre de «Pecios y prototipos».

Expone hasta el 11 de enero sus nuevas creaciones en la galería madrileña My Name’s Lolita Art bajo el nombre de «Pecios y prototipos».

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Nacido en 1966 en Castellón, Jöel Mestre ya pasó el periodo de prueba de «joven promesa» para convertirse en realidad consolidada. Su obra cuelga de diferentes museos e instituciones. Es profesor de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, y formó parte de «Muelle de Levante», una colectiva fundamental en los años 90 que renombró a un grupo de artistas como «neo metafísicos», hijos de Hopper y nietos de De Chirico.

–¿Qué es «Pecios y prototipos»?

–«Pecios...» es una apropiación, y hace alusión a los textos breves de Sánchez Ferlosio. Desde hace tiempo encuentro analogías entre este género y la pintura. Son observaciones y reflexiones alrededor de una emoción, un acontecimiento, un suceso mediático o banal, hechos que pueden servir de pretexto para diseccionar y dar vueltas a la realidad. Para los que nos gusta pintar más que hacer cuadros sabemos que el proceso genera preguntas, asociaciones imprevistas, lecturas, conversaciones, títulos, textos y hasta cuadros. Pintamos una realidad aparente. La pintura también especula con la forma, los métodos indirectos como la fotografía, el vídeo, el collage tridimensional, la palabra. Son formas de observar lo mismo pero de distinto modo revelándote aspectos con los que no contabas. Hay una gestión del azar en todo el proceso hasta alcanzar un prototipo o modelo en equilibrio. La influencia del diseño, la publicidad, los «massmedia», los entornos virtuales no nos impiden renunciar a expresiones y procedimientos de la pintura tradicional y escénica.

–¿Hay de lo uno y de lo otro en la exposición de My Name’s Lolita Art?

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–Tengo la impresión de que sí. Al verla en la galería he tenido la sensación de que es una muestra muy serena (inquietante quizá) pero muy armónica. Imagino que esta es una reacción natural a todo el ruido que hoy tenemos fuera. El color azul, por ejemplo, es el dominante. Es un color muy aséptico (más aun en combinación con el blanco) muy vinculado a la señalética, a la comunicación y a la publicidad. Es un color de consenso social (Michel Pastoureau ha explorado muy a fondo este asunto), corporativo y dominante entre las instituciones, omnipresente y atemporal, desde las cerámicas de Della Robbia, los lejos de Patinir, a la cabecera del último Telediario, los campos de color de Barnett Newman o los plásticos de Fukushima.

–¿Hay menos toques surrealistas en sus nuevas obras?

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–Creo que hay menos código y es más sensual.

–¿Y cuánto hay de literario?

–De forma explícita creo que poco, cada vez hay menos citas, menos apropiación literal, y sin embargo mi experiencia con la pintura es cada vez más narrativa, no porque cuente nada en concreto sino porque hay otros vínculos implícitos que me animan a emplear la pintura atendiendo diversos niveles.

–¿Qué significa en su trayectoria una exposición como «Muelle de Levante»?

–Fue un encuentro de referencia. En aquel momento sirvió para reu-nir a gente que estaba trabajando en una línea parecida y apenas se conocía. Y esto sucedió por diferentes vías. Lo más sorprendente es que no fue un acontecimiento aislado, veinte años después aquella pintura no solo sigue vigente, sino que ha sido capaz de responder a temas y escenarios cada vez más complejos. La conciliación de la pintura con un entorno tecnológico tan dominante, por ejemplo, no deja de ser extraña y, sin embargo, conviven. «Muelle de Levante» no fue ideológica en un sentido limitador, prueba de ello es su continuidad bajo otros títulos, su diversidad de propuestas y diálogos que establece con todo tipo de autores y disciplinas. Actualmente la colectiva «Arquitecturas pintadas» viaja por Centroeuropa, de Berlín a Varsovia, bajo la denominación de figuración postconceptual, término acuñado por Paco de la Torre a partir de una brillante tesis doctoral, y comisariada por los pintores Juan Cuéllar y Roberto Mollá.

–¿Se siente unido a algún tipo de corriente artística o prefiere ir por libre?

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–Por supuesto que hay afinidades, y me siento unido a unos más que a otros, pero eso no te resta independencia. La pintura es aún más emocionante cuando la compartes. Es un medio que te cuestiona constantemente, te pregunta donde estás y cuál es la naturaleza de tus intenciones, en este sentido sigo encontrando mi trabajo muy ecléctico.

–¿Quién manda en el mundo del arte? Parece que un reciente estudio habla de las artistas mujeres preocupadas por temas sociales y políticos.

–No conocía ese dato. Ha habido siempre una tendencia muy pragmática en este mundo, hoy desde luego está muy valorada. Y no me extraña, pero existe bastante desorden y el arte en este sentido pue-de resultar muy reflexivo. Parece que manda una conjunción del mercado, el apoyo mediático (y ahí entra el apoyo institucional) y el propio autor.

–¿Tienen tanto peso los curadores y los directores de centros de arte?

–Aquí también hay de todo. Los que tienen un discurso y recursos pueden crear tendencia. A veces su peso es corto en el tiempo y en cambio su legado es valioso y positivo.

–¿Ha quedado obsoleto el papel del galerista tal como se entendía hace no más de diez años?

–El escenario parece otro, pero el galerista siempre será un cómplice (en el mejor sentido de la palabra) un interlocutor que cree, y también cuestiona, pero disfruta con el trabajo del artista al que representa. Ese diálogo resulta fundamental y a veces decisivo en la evolución de un autor.

–¿Se puede vivir del arte?

–Es complicado y la situación económica no siempre resulta favorable. No depende únicamente de un buen trabajo sino que depende de muchos factores. Sin embargo, el arte presente tiene muchas caras. Se trata de encontrar tu lugar y de ver qué puedes aportar y cómo.