José Ramón Germá Lluch: «Antes perdíamos todas las batallas contra el cáncer; ahora no»

José Ramón Germá Lluch / Oncólogo y escritor. En su libro «Los siete pilares anticáncer» expone el esperanzador camino que ha desembocado en un 65 por ciento de curaciones

José Ramón Germá Lluch
José Ramón Germá Lluch

En su libro «Los siete pilares anticáncer» expone el esperanzador camino que ha desembocado en un 65 por ciento de curaciones

Hay personas con obsesiones negativas, que se entregan a ellas y destruyen todo cuando se cruza a su paso. Otras, por el contrario, caen en los brazos de una obsesión positiva y se zambullen en ella como si fueran peces de colores. Resulta raro decir que el cáncer puede ser una obsesión positiva. Pero en el caso del Dr. José Ramón Germá Lluch, sin duda lo es. Gracias a ella, lleva 43 años analizando cada pasito que da la medicina en la lucha contra esta enfermedad, desmenuzándola más bien, para poder facilitar su curación y, sobre todo, su prevención. De todo eso habla en su libro «Los siete pilares anticáncer» (Planeta).

Me pregunto cuándo y cómo empezaría esa relación suya con esta enfermedad, tan fructífera para todos. «Yo fui digestivo antes que oncólogo –me cuenta el doctor–. Cuando acabé la carrera quería empezar la especialidad. Estaba casado y tenía un hijo ya y había que comer, ¿no? Así que cuando me dijeron que no había plazas para hacer digestivo en el Hospital de San Pablo, que era donde estaba por entonces, y sin embargo vi un anuncio en el pared que ponía “oncología” pensé que tenía que decidirme por lo que fuera posible. Ahora me produce cierta vergüenza, pero en ese momento no sabía ni lo que era. Fui a ver a su jefe y me enganchó con una frase. Me dijo: “Mira, German, si haces oncología no te aburrirás nunca”. Aquello fue el gancho perfecto para una persona inquieta y con ganas de innovar como yo. Y estoy muy contento de haberme quedado en esta especialidad, a pesar de los muchos fracasos que uno tiene».

Hablamos de eso. De los fracasos. No hay que olvidar que el cáncer, hace no tanto, era una enfermedad más tenebrosa que la propia imagen de la muerte con su guadaña. El cáncer mataba sí o sí. Ahora, no siempre. Ahora, muchas veces, no. Pero debe haber sido difícil pasar por aquel desierto de desesperanza... «¿Sabe qué pasa? Que cuando uno ha sido enterrador, que es lo que yo fui del 73 al 76, y sabía que casi todos los pacientes con cáncer de testículo se iban a morir, porque la tasa de mortalidad en aquellos momentos era del 90 por ciento, y ve que un año más tarde, después de inventarse un fármaco, que es el cisplatino, se pasa a un 90 por ciento de curaciones, ya nunca pierdes las esperanzas. Es decir, primero perdíamos en todas las batallas y por paliza. Luego, empezamos a ganar algunas con estos fármacos; y ahora ya, desde finales de los 90, somos lo suficientemente inteligentes para aliarnos con las diferentes especialidades y conseguir que nuestra estrategia diagnóstica y terapéutica conjunta sea cada vez más eficaz. Hoy en día hay un 65 por ciento de curaciones... ¡Y yo estuve trabajando con un 32 por ciento!».

- Tumores silentes

Habla sonriendo Germá. Y lo hace porque cree en lo que dice. Lo ha comprobado por sí mismo. Aunque sabe que hay cánceres a los que de momento no se les puede ganar la partida, como el cáncer de páncreas: «Es que son tumores muy silentes, que se producen además en las zonas más profundas del cuerpo y que cuando dan síntomas, en muchas ocasiones, ya se ha diseminado... Junto con el de pulmón, por cierto, uno de los más inducidos por el tabaco».

El puñetero tabaco, que me hace recordar con tristeza la muerte, hace ahora un año, de una persona tan querida como José Manuel Lara, siempre envuelta en el humo de sus cigarrillos... «Si conseguimos que no haya tabaco, a lo mejor reducimos ese prototipo de tumores que han causado la muerte de gente tan conocida como Pavarotti, Jurado, Pedro Zerolo o Lara», asegura el doctor.

Ese es uno de los siete pilares anticáncer de los que habla en su libro, junto con el diagnóstico precoz mediante las campañas de despistaje, luchar contra los tumores que producen las infecciones específicas de la hepatitis B o el papiloma virus con las vacunas, protegernos del sol, elegir la dieta mediterránea para evitar la obesidad, hacer ejercicio... «Y luego –añade José Ramón Germá– los que tienen la mala suerte de tener la herencia dolorosa de un cáncer hereditario, pues ir a las unidades de consejo genético para evitar que ese cáncer se produzca».

En nuestra mano está evitar el cáncer, al menos en un 60 por ciento. Y nosotros lo podemos hacer porque somos unos privilegiados y nos ha tocado nacer donde nos ha tocado. «En Bolivia, Ecuador o Colombia, por ejemplo, hay una incidencia brutal de tumores víricos. Ni hablemos ya del sida y de sus tumores asociados, que también están; pero ahí tenemos el famoso papiloma virus de la mujer, que produce el cáncer de cuello uterino y que es causa necesaria, es decir, que si no te infectas o si consigues controlar esa infección, no se te va a producir, y que es la primera causa de muerte en muchos países de Suramérica», relata Germá Lluch.

Me sale la vena feminista, sin poder evitarlo, y le pregunto al doctor que por qué no se vacunan los chicos, si son los que lo contagian. «Bueno, ya sabe –me responde– dicen que no es un costo eficiente. Vamos que la OMS no considera que el coste de las vacunas versus el beneficio que se puede sacar esté equilibrado, así que lo desaconseja. Yo creo que con el tiempo se hará y se reducirá la incidencia de este cáncer».

Hablaba antes el doctor de genética, que no se puede negar que sea una lotería. Hace que haya personas que incluso siguiendo a rajatabla «los sietes pilares anticáncer» que se proponen en el libro, no se libren de la enfermedad: «Es cierto. Yo creo que hay una propensión genética que existe específicamente. De hecho, se sabe, por ejemplo, que si una madre tiene un cáncer de mama, a pesar de que no sea un tumor hereditario, las hijas tienen más posibilidades de tenerlo». ¿Y las nietas?, pregunto sin poder evitar meterme en el saco. «En principio también. Lo que recomendamos es hacer el screening del cáncer de mama en las hijas diez años antes del momento en el que se produjo el diagnóstico de la madre. Sabemos que existe una proporción un poquito mayor, por lo tanto, si la madre lo tuvo a los 50, a pesar de que nosotros no acostumbramos a aconsejar realizar una mamografía a los 40 años, por la radiación a la que se somete a la mama, recomendamos que se la haga ».

¿ Y las resonancias magnéticas?, pregunto a sabiendas de que son lo único que vuelve el pecho transparente. «No irradian –explica–, pero encuentran gran cantidad de pequeñas lesiones que acaban produciendo dudas y llevan a muchas autopsias innecesarias. Yo aconsejo, en general, una mamografía cada dos años y en los años que no toca la mamografía una ecografía». El doctor Germá Lluch lo sabe todo del cáncer. O todo lo que se sabe sobre la enfermedad. Y por eso ha recogido su historia en este libro, donde desvela también la verdad sobre las amenazas del tabaco, las carnes procesadas o el sedimentarismo humano y ofrece herramientas eficaces para resistir al enemigo, a Don Cáncer, como lo llama él, incluso para vencerlo... Que ya es posible en muchas ocasiones.

Personal e intransferible

José Ramón Germá Lluch nació en Barcelona en 1949, está casado, tiene cuatro hijos y cinco nietos. De lo que más orgulloso se siente es de su familia; se arrepiente de no ser innovador; perdona siempre y le cuesta olvidar. Le hacen reír y llorar «las emociones humanas». A una isla desierta se llevaría a su mujer, porque, «aparte de ser una magnífica mujer, cocina de fábula». Le gusta comer «ensaladilla rusa y buenos vinos». Su manía es «ser demasiado rígido conmigo mismo». Su sueño es «curar a todos los pacientes con cáncer». «De hecho, tengo una frase que dice que hay que tener los sueños lo suficientemente grandes para encontrarlos cuando uno se despierta», apostilla. De mayor le gustaría «ser uno de esos personajes de cien años que siguen pescando y haciendo huerto, y simplemente llega un día que se les acaba la vida». Y si volviera a nacer sería «corresponsal de guerra, con lo cual, probablemente ya no estaría aquí, porque se me habrían cepillado hace unos años...»