Josep María Flotats: «Necesitamos gente como Voltaire y no la hay»

Regresa, junto a Pere Ponce, a la capital con «Voltaire/Rousseau. La disputa» después de agotar las entradas la pasada temporada

Josep María Flotats / Foto: Cipriano Pastrano
Josep María Flotats / Foto: Cipriano Pastrano

Regresa, junto a Pere Ponce, a la capital con «Voltaire/Rousseau. La disputa» después de agotar las entradas la pasada temporada.

¿Es aburrida una obra de teatro sobre filósofos? «Voltaire/ Rousseau. La disputa» agotó todas las entradas en el María Guerrero. Ahora regresa al Teatro Cofidis Alcázar hasta enero. El texto de Jean-François Prévand, que dirige e interpreta Josep María Flotats junto a Pere Ponce, pone de manifiesto que la apuesta de subir a un escenario textos ilustrados de grandes pensadores del Siglo de las Luces sigue siendo válida y actual. Y lo hace en forma de combate dialéctico. Un panfleto anónimo acusa a Rousseau de abandonar a sus cinco hijos y éste recurre a Voltaire para averiguar quién es el autor del libelo.

–Está muy vinculado con la dramaturgia francesa.

–Vengo de la escuela francesa, Estrasburgo, París, conozco su teatro, estilo, directores, autores... Entiendo mejor algo con lo que he convivido tanto tiempo que con lo que no. He montado autores franceses que nunca se habían hecho en España.

–¿Qué vio en este texto?

–Voltaire me fascina, aunque también Rousseau en otros aspectos. Aparte de mi admiración, creo que necesitamos gente como Voltaire y desgraciadamente no hay. Por la necesidad de oír cosas esenciales, tan profundas y bien dichas, tan inteligentes y, al mismo tiempo, tan asimilables, pensé en la obligación de decirlo en un escenario. Siempre defiendo cosas con las que estoy de acuerdo y pienso que son importantes.

–La relación entre ellos era muy especial, ¿no?

–Sobre todo, dura. Una relación de admiración-odio, más de Rousseau, porque siendo aún adolescente, Voltaire ya era famoso, había triunfado, era un dios y él intenta acercarse e igualarse. Pesó mucho entre ellos la diferencia de edad, pero también la de clase, Rousseau es un plebeyo y Voltaire un aristócrata.

–En cualquier caso, dos intelectuales excepcionales...

–Sumamente brillantes e inteligentes. En estos diálogos, uno puede quedarse impactado comprobando esto. Son dos genios discutiendo. Prévand no se lo ha inventado, son frases literales escogidas de textos y cartas originales con las que ha creado una línea argumental.

–¿Es una obra filosófica?

–En absoluto. Es sobre filósofos, pero para nada una obra filosófica solo apta para intelectuales. Los espectadores salen con ganas de leerlos. Como ha dicho alguna crítica, es asequible para cualquier espectador.

–Y no aburre...

–Porque hay mucho humor en esas observaciones y en lo brillante de las respuestas. Es un placer oír a dos genios discutiendo de temas tan serios y, a la vez, tan divertidos de escuchar.

–¿Son textos actuales?

–Totalmente aplicables hoy. Todo aquello sobre lo que debaten sigue vigente. Confrontan sobre religión, igualdad, educación, teatro... Hay temas que siguen siendo tan candentes, que ¡uy, uy! cuando se tocan.

–Defienden sus ideas apasionadamente, ¿no?

–Sí, pero lo bonito es que son dos hombres honrados dispuestos a morir por lo que ellos creen.

–¿Falta ese debate intelectual actualmente?

–No encontramos ahora un debate intelectual de este calado. Ojalá hubiese en Europa un par de «Voltaires» para explicar, aclarar, iluminar... Seguramente las cosas irían un poco mejor. Lo que necesita la gente –dice el filósofo– es luz y lo que hay son nubes que ocultan la verdad.

–Ahora el debate está en las redes sociales...

–Atravesamos tiempos mediocres, la sociedad está invadida por ellas. Es un debate inmediato, irreflexivo, zafio, grosero y, además, falso, porque afirman cosas que se sabe y se puede demostrar que no son verdad, muchas veces desde el anonimato.

–¿Tiene algo de didáctico esta obra?

–Claro, su filosofía nos ayuda a pensar, a comprender, a ejercitar el raciocinio, a tener una visión más amplia de nosotros mismos y de la sociedad. Son tan claros, tan transparentes y brillantes que hay un punto pedagógico, no de adoctrinamiento. Cuando estamos delante de maestros algo emana, se transpira maestría.

–¿Qué tal actuando y dirigiendo al mismo tiempo?

–Aquí no es habitual, pero yo he sido formado por directores que también interpretaban. Lo he vivido en Francia y es totalmente compatible, pero tienes que tener muy claro lo que quieres. Además, tengo la ayuda de José Ramón Gómez-Friha.

–Este teatro de ideas que hace se da poco, ¿no?

–Cada vez más, sobre todo en las jóvenes compañías. Más que con clásicos, con temas contemporáneos, comprometidos en querer buscar un teatro social que invite a la reflexión, de preguntarse quién soy, dónde estoy, para qué sirvo, qué hago y adónde voy.

–¿Cómo ve el momento actual del teatro?

–La crisis pasada ha sido terrible y el teatro no es ajeno. El 21% de IVA ha sido la muerte de muchas pequeñas producciones, de muchos proyectos y eso ha sido muy duro. Ahora empieza a levantar la cabeza, pero la gente, va al teatro.