La Barcelona que soñó Le Corbusier

Una muestra permite conocer la riqueza creativa de uno de los grandes nombres de la arquitectura de la historia y su relación con la Ciudad Condal

Perspectiva de Barcelona, según el Plan Macià, de 1933, diseñado por Le Corbusier
Perspectiva de Barcelona, según el Plan Macià, de 1933, diseñado por Le Corbusier

A veces habría que imaginar cómo serían las ciudades si hubiéramos dado libertad a los artistas para rediseñarlas. Barcelona es un buen ejemplo. Si a finales del XIX se perdió la oportunidad de tener la Torre Eiffel al rechazar la iniciativa del ingeniero francés, en el siglo pasado fue Le Corbusier el que se encontró con la negativa de las autoridades locales.

CaixaForum en Barcelona acoge desde ayer una exposición dedicada a Charles-Édouard Jeanneret, Le Corbusier para la historia del arte. Es un completo paseo por la obra del arquitecto en todas sus facetas, como la de diseñador o pintor. La muestra también permite conocer algunas iniciativas que no pasaron del plano. Entre ellas está la Barcelona soñada por Le Corbusier, una interesante propuesta denominada «Plan Macià». Este genio suizo, nacionalizado francés, realizó el proyecto junto con Pierre Jeanneret y el histórico Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para la Realización de la Arquitectura Contemporánea (Gatcpac).

Enamorado de Barcelona y firme partidario de la causa republicana, Le Corbusier definía así su idea, presentada en 1933 al presidente de la Generalitat Lluís Companys: «El porvenir de la República Catalana y el Urbanismo no era más que uno en el espíritu tan clarividente del presidente y de las personas preparadas que le rodean. Expuse mi tesis, mi admiración por la ciudad de Barcelona –lugar geográfico obligado de una capital y esplendor natural conjugados– la intensidad de esta ciudad, la juventud de espíritu de sus gobernantes, permitían todas las esperanzas: en fin, un punto viviente de la tierra, donde los tiempos modernos encontraron asilo».

Los documentos expuestos en CaixaForum –en su mayoría procedentes del Musseo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA)– nos permiten conocer de primera mano la manera de trabajar de uno de los revolucionarios de la arquitectura del siglo XX. En el caso particular de Barcelona, Le Corbusier preveía la destrucción de la mitad de la parte antigua de la ciudad. De allí habría nacido un espacio basado en la íntima relación entre los bloques de viviendas, las avenidas arboladas y las plazoletas que constituyen las manzanas. Al final del estudio, que mayoritariamente se realizó en París, Josep Lluís Sert realizó una estimación de lo que debería ser el presupuesto de las obras. La idea de Le Corbusier fue finalmente abandonada. Planos, maquetas, pinturas o recreaciones de cuatro espacios diseñados son algunas de las 215 que pueden verse en esta exposición, con vocación de ofrecer al visitante una mirada completa a un universo creativo de primer orden gracias a la libertad poco convencional de sus ideas. Para ello, se nutre de manera muy significativa de los fondos del MoMA, donde pudo verse esta antológica el verano del pasado año, con más de 400.000 visitantes. También hay préstamos de la fundación que lleva el nombre del arquitecto en París.

Fascinación por la tecnología

La muestra analiza de manera muy rigurosa la intensa relación de Le Corbusier con el paisaje. Ello se percibe, por ejemplo, en el diálogo que construye entre la naturaleza y las ciudades en constante crecimiento. Su interés por el elemento natural queda patente en los dibujos que realizaba casi de manera diaria, paisajes relacionados con su biografía humana y artística, ya sea en las montañas de su Suiza natal, en la costa mediterránea o en el sur de Francia o Italia, pasando por las grandes planicies del norte de la India. Le Corbusier visualizaba con inteligencia la metrópolis como un escenario natural.

CaixaForum subraya también la fascinación que sintió por las nuevas tecnologías, a menudo con polémicas reacciones por la poética visualización que quiso darle. Controversias aparte, el resultado final fueron unos 400 proyectos, además de 75 edificios en una docena de países. Pero su producción se extiende también a la escritura con unos 40 libros publicados, además de redactar cientos de texto en los que no desaprovechó la oportunidad para ofrecer una muy moderna e influyente lectura de la cultura.

El recorrido expositivo se inicia con sus primeros trabajos realizados durante su juventud en las montañas del Jura, Suiza, pasando por la huella dejada en Estambul, Atenas, Roma, París, Ginebra, Moscú, Barcelona, la India hasta concluir en la Costa Azul. Asimismo, la muestra subraya cuatro tipos de paisajes en el imaginario de Le Corbusier: el de objetos encontrados, el doméstico, el arquitectónico de la ciudad moderna y los que soñó para los grandes territorios que planeó.

Espacios reconstruidos

Pese a lo muy completa de la propuesta, el comisario de la exposición, Jean-Louis Cohen, una de las principales autoridades en el arquitecto, reconocía ayer que es prácticamente imposible abarcar en una sola muestra todas sus producciones –con obras en todos los continentes salvo Australia– y vertientes. Por ello prefirió centrarse en abordar su lado más contradictorio porque «esta tensión hace que Le Corbusier sea emocionante», al tratarse de «un viaje».

CaixaForum permite incluso adentrarse en cuatro espacios reconstruidos para la ocasión, con su mobiliario original: la Maison Blanche; un pabellón para la Villa Church, en Ville d'Avray; la «unité d'habitation» de Marsella, y la cabaña de Roquebrune-Cap-Martin, donde pasó el arquitecto sus últimos años de vida.

Otro de los ejes es la presentación de una serie de imágenes captadas por el fotógrafo británico Richard Pare. Entre 2011 y 2012, Pare se propuso reexaminar las obras realizadas por Le Corbusier a la manera de como pueden ser contempladas hoy. Ello le ha llevado a viajar siguiendo los pasos del arquitecto por paisajes como los de las primeras casas de La Chaux-des-Fonds, en Suiza, hasta el complejo del Capitolio de Chandigarh, en la India. Además de lograr unas fotografías de gran belleza, el gran mérito de Pare es que permite al espectador una lectura poética gracias a la interacción entre la luz y la textura que, por ejemplo, revela los efectos que el tiempo ha plasmado en edificios con más de medio siglo de vida.

El relato que ofrecen las salas de CaixaForum también aborda el establecimiento del arquitecto en la capital francesa entre 1917 y 1929, una etapa en la que destacó por su proliferación artística de la mano de su mítico manifiesto fundacional: «Después del cubismo». En ese texto, Le Corbusier no dudaba en rechazar las complejas abstracciones del cubismo en favor del estudio de las formas geométricas puras. Fue por estos años, en los que fundó, junto con el poeta Paul Dermée, la influyente revista de arte y cultura «L'Esprit Nouveau» y que influiría a artistas como a un jovencísimo Salvador Dalí. Fue en esas páginas donde adoptó su celebérrimo seudónimo de Le Corbusier con el que firmó sus más provocadores artículos, una época en la que siguió pintando y creando paisajes.

La exposición viajará también a la sede de CaixaForum en Madrid. La muestra sigue el modelo de la realizada en Nueva York, aunque aportando dos piezas no vistas en la ciudad de los rascacielos y centradas en el proyecto de Barcelona, una ciudad imaginada por este genio, pero que nunca pudo ser materializada.