Historia

La cultura italiana, contra el “fascismo eterno”

El fallecido escritor Umberto Eco advertió que esta forma de totalitarismo está más extendida de lo que pensamos, que nunca deja de estar latente y que basta un chispazo para activarla.

Benito Mussolini en el balcón del Palacio de Venecia
Benito Mussolini en el balcón del Palacio de Venecia

El fallecido escritor Umberto Eco advertió que esta forma de totalitarismo está más extendida de lo que pensamos, que nunca deja de estar latente y que basta un chispazo para activarla.

Las teorías de los intelectuales rara vez ocupan el debate público. Ocurre solo en ocasiones excepcionales, normalmente cuando sus autores han muerto y la arbitrariedad de las redes sociales las convierte en virales. La extrañísima ecuación se manifiesta estos días en Italia, con la idea de Umberto Eco del «fascismo eterno». Advertía el –obviamente– fallecido escritor que esta forma de totalitarismo está más extendida de lo que pensamos, que nunca deja de estar latente y que basta un chispazo para activarla. La llegada al gobierno italiano del ultraderechista Matteo Salvini sacó la tesis del armario.

Y también él se ha encargado de alimentarla. Huye de la condena al fascismo, recurre constantemente al inagotable catálogo de aforismos de Benito Mussolini y disfruta con la transmutación del dictador. El último ejemplo, la pasada semana, ofreciendo un discurso desde el balcón en el que el «Duce» contempló la ejecución de cuatro partisanos en el municipio de Forlì. La estrategia es bien sabida: provocar hasta convertirse en «trending topic». El resultado es una normalización de esta ideología que Italia no había vivido desde que resultó derrotada en la Segunda Guerra Mundial. La nueva letanía de este «fascismo eterno» se vive estos días en Turín, que desde mañana acoge su Salón del Libro, la feria literaria más importante del país. La última frontera que faltaba era la de la cultura.

En Turín se promocionará un nuevo ensayo sobre Salvini publicado por la editorial Altaforte, vinculada con un grupo neofascista llamado CasaPound. La decisión ya provocó la dimisión de uno de los asesores del certamen, pero la verdadera polémica ha llegado tras unas declaraciones del propietario de Altaforte que reconoció orgulloso sus ideas y manifestó que «el antifascismo es el verdadero mal del país». Un grupo de autores italianos, de prestigio bastante relativo, desertó para no compartir espacio con estos individuos. Aunque la carta más impactante vino del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, que amenaza con retirar el stand que tenía previsto instalar en la feria. No obstante, la opinión más extendida entre los escritores es acudir al evento para hacerles frente. «Porque si los fascistas entran en nuestros barrios o se presentan a las elecciones, ¿qué hacemos, nos vamos de nuestras casas o no nos presentamos a las elecciones?», argumenta la novelista Michela Murgia.

La disyuntiva está en contrarrestar o no a estos grupos, ¿pero nadie se ha preguntado en Turín si era conveniente invitar a un evento cultural a una editorial cuyo propietario ha sido condenado por protagonizar distintas peleas y acuchillar a un joven en una de ellas? Hay otra canción convertida en viral, aunque en realidad nunca ha dejado de serlo: «Bella Ciao», el himno de la resistencia. Italia no ha sido capaz todavía de hacer cuentas con el fascismo, sino que ha tenido que convertir uno de los principios recogidos en la Constitución en una constante lucha.