La forja periodística de Camilo José Cela

Camilo José Cela, en la época en que redactó estos artículos
Camilo José Cela, en la época en que redactó estos artículos

Un libro reúne los artículos de juventud, donde ya asoman sus preocupaciones por el estilo y la memoria que marcaron posteriormente su obra.

No hay un Cela, hay muchos. Está el Cela poeta, el Cela pintor, el Cela actor, el Cela torero, el Cela que caminó por la Alcarria, el Cela del tremendismo de «La familia de Pascual Duarte», el Cela innovador y literario de «San Camilo 1936» y «Oficio de tinieblas 5», el Cela andariego que se hizo de punta a punta los Pirineos de Lérida, el Cela que empleaba choferesa negra –su Oteliña– para conducirse por paisajes ya hollados, el Cela de «Papeles de Son Armadans», el Cela fundador de editoriales, el Cela personaje, y seguro que, si uno hace memoria y apura, le sale otro puñado de «celas» que se puede sumar a esta lista. Adolfo Sotelo Vázquez, catedrático de la Universidad de Barcelona, viene a descubrirnos una faceta más de este escritor poliédrico, de mil rostros, que se empeña en esconderse detrás de tantas máscaras, sombras y embozamientos. Es el Cela periodista, el Cela articulista que se empeña en ir haciendo muñeca y trabando estilo en esa inspiración de aliento corto que es la pieza periodística; un género que tira de mucha ocurrencia y fantasía verbal, y que siempre está abordado de premuras y servidumbres. Este es un Cela joven, que escribe para sacarse un sueldo, unas monedas para subsistir que le permitan ir ejerciendo de novelista, que, aparte de una profesión, también es una postura, una estética, casi.

Una memoria

Adolfo Sotelo Vázquez ha revisado sus más de seiscientas columnas literarias –Cela dijo que formaban un corpus de mil– que escribió en diferentes circunstancias durante su juventud y en las que asoman ya sus preocupaciones. Un conjunto que publica en el volumen «La forja de un escritor», que publica la Fundación Banco Santander en su colección Cuadernos de Obra Fundamental, y que ha dividido en tres partes bien diferenciadas: los que se refieren a experiencias propias, en los que reflexiona sobre literatura y los que dedicó al arte. Cela, como tantos otros autores, se arrimó a las orillas de la Prensa, de la publicación diaria, para cubrir sus preocupaciones económicas. Su protector fue Juan Aparicio y, gracias a esta amistad, comenzó a desarrollar una obra que se asentaba sobre dos pilares firmes: la mirada y la memoria, ésta llegó a convertirse en un tema en sí mismo. Adolfo Sotelo Vázquez destacó la enorme madurez y la precocidad de un escritor, «recordemos que es un Nobel y éste es un premio que no se concede a cualquiera», que encontró su voz y su estilo a una edad muy temprana. Algo que no impidió que cometiera errores: «En su lado oscuro, digamos que está el disparate de proponerse como delator cuando tenía 21 años, algo que sólo se puede comprender por la influencia que ejerció la Guerra Civil española». Aparte de una obra inicial deslumbrante y su declive, con obras como «Cristoversus Arizona» o «La cruz de San Andrés», Cela siempre se mostró cuidadoso con los asuntos pecuniarios, como revela el examen atento de su correspondencia, como comentó Adolfo Sotelo Vázquez, quien admitió el daño que le provocó a su figura el personaje mediático que se inventó a partir de los años setenta. Una sombra que ahora, en la celebración del aniversario de su nacimiento, impide ver sus contribuciones culturales, como el puente que tendió con el exilio español.