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Las bacterias se comen el Titanic

La sal y las bacterias están diluyendo el barco. Dentro de 20 años no quedará nada

La sal y las bacterias están diluyendo el barco. Dentro de 20 años no quedará nada.

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Del Titanic quedará el mito y nada más. La sal, el óxido y las bacterias están diluyendo el transatlántico de una manera más rápida de lo que nadie había pensado y se calcula que en menos de veinte años sus restos, sumergidos a 3.500 metros de profundidad, habrán desaparecido para siempre. Una nueva expedición ha bajado hasta esa profundidad para recoger nuevas imágenes y comprobar el estado de conservación del barco más famoso del siglo XX. La sorpresa entre los científicos fue enorme al comprobar el sinfín de objetos y espacios que esperaban ver de nuevo y que, sin embargo, habían desaparecido desde que visitaron la nave por última vez en 2011. La porcelana del camarote del capitán, que deslumbró por estar intacta hace unos años, ya no existe, y la bañera, uno de los objetos más reconocidos por los miles de aficionados y entusiastas que siguen cada noticia relacionada con el hundimiento, ya forma parte del pasado: no queda nada de ella. Estancias enteras han desaparecido o están en trámite de hacerlo.

El Titanic se hundió en 1912, durante su trayecto inaugural al impactar con un iceberg. La nave, que los ingenieros diseñaron para que bajo ninguna circunstancia pudiera hundirse, se fue a pique cuando el hielo, igual que una navaja, rasgó el acero del casco como si fuera un vulgar papel. El accidente, más allá de la tragedia, donde perdieron la vida cientos de personas (alrededor de 1.500 sobre las 2.220 que iban a bordo), se ha interpretado muchas veces como un aviso del destino contra la innata prepotencia de los hombres. Desde entonces, la fama del Titanic ha ido aumentando hasta convertirse en una leyenda, algo a lo que contribuyó la película de James Cameron, protagonizada por Kate Winslet y Leonardo DiCaprio, que ganó once Oscar.

El objetivo de esta nueva expedición era obtener nuevas fotos, pero esta vez en 4K, la máxima resolución posible. Estas imágenes formarán parte de un nuevo documental respaldado por Atlantic Productions que se estrenará más adelante. Pero también serán la base para poder reproducir la embarcación con absoluta fidelidad en un ordenador y poder estudiar el tiempo que aún le queda antes de que su casco termine desapareciendo y no quede ningún vestigio del pecio. En este proceso de deterioro se ha observado, por ejemplo, que los camarotes de estribor destinados a acoger a los oficiales están colapsando. La cubierta, que ha resistido desde su hundimiento, hace más de cien años, también está desmoronándose por efecto del océano atlántico que está, literalmente, deglutiendo el Titanic.

La acción del mar está siendo implacable en estos últimos años y solo hay que detenerse un momento a mirar las nuevas instantáneas que se han tomado para corroborarlo. El extremo de la proa, donde Leonardo DiCaprio gritó «soy el rey del mundo», es, ahora mismo, un resto devorado por el óxido. No se necesita demasiada imaginación para vaticinar cuál es su futuro a medio plazo. El Titanic, que hasta ahora sobrevivía como un fantasma debajo de las aguas, dentro de poco será solo una historia que habrá que buscar en los libros de historia.

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