Literatura

Leonardo Padura: : «Lo que pasa en Cataluña es una locura»

El creador de la serie policiaca del detective Mario Conde recibe este viernes el Premio Princesa de Asturias de las Letras y reflexionó ayer sobre literatura y derechos civiles.

El creador de la serie policiaca del detective Mario Conde recibe este viernes el Premio Princesa de Asturias de las Letras y reflexionó ayer sobre literatura y derechos civiles.

Leonardo Padura tiene doble nacionalidad, cubana y española, pero su pasaporte cultural proviene de las calles de Mantilla, aquel barrio de La Habana donde se asentó su familia en 1954. Él creció en esas cuadras impregnadas por el olor a pan caliente que aún declara añorar, aunque su territorio de fuga –todos los hombres necesitan un vector de creatividad que les aleje de los diferentes imperios de la monotonías y deberes– ha sido el cauce de la literatura. «Siempre me ha interesado la novela negra. Cuando descubrí a Raymond Chandler y Dashiell Hammett me deslumbraron. Son unos autores vinculados a una literatura norteamericana que siempre me ha interesado: Hemingway, Faulkner o John Dos Passos, que enlazaría con Updike y Salinger». El novelista, que el lunes llegó a Oviedo y que este viernes recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Letras, reconoce que sus inicios en el género policiaco resultaron paradójicos: «Trabajaba como crítico de novela negra en Cuba y fui el verdugo de unos libros peor que mal escritos y muy mal politizados. Sólo hay que recordar cómo se llamaban: “Novela policiaca revolucionaria”. En los ochenta me interesé por Sciascia y Rubem Fonseca. Uno con la violencia brasileña y el otro con la mafia hicieron una novela social interesante que me ha influido».

–¿Eso le convenció de este género?

–Hay que mencionar a Rodolfo Walsh, con «Operación masacre», y Truman Capote, con «A sangre fría». Estos autores dejaron en mí una perspectiva de la novela policial que me hizo ver que no era algo intrascendente, sino que tenía capacidad literaria y de penetración social. Es un género que cuenta con la ventaja de enseñar el lado oscuro de los hombres y la sociedad.

–¿Qué le asusta del lado oscuro de las personas?

–La envidia. Un hombre por envidia es capaz de hacer cosas horribles. Y el arribismo, que arrastra a los individuos a desarrollar instintos animales. El hombre es capaz de hacer cosas que ni siquiera los animales llegan a hacer.

–En España, ahora, se habla mucho de patria. ¿Qué es para usted?

–Es muy sencillo. Nací en una casa de un barrio, Mantilla, en 1955. Todavía vivo en esa casa y sus pequeñas cosas son las que representan la patria.

–¿Qué le parece lo que está sucediendo en España?

–Puedo equivocarme al comentar estos asuntos. Tengo un principio: no hablar de una sociedad si no la vivo desde dentro, pero pienso que lo que está sucediendo en Cataluña, el independentismo, es una locura.

–Cuando se enarbola la palabra «libertad», ¿qué opina?

–Lo que está por encima es la libertad nacional, pero también está la libertad política, la religiosa y la sexual. Durante el siglo XX se han alcanzado algunas, como la sexual en los sesenta. Pero a la vez suceden regresiones, como el fundamentalismo religioso. Por supuesto también están las libertades políticas, que son un derecho de las personas. Cada individuo debe poder ejercer su albedrío político. Esto tiene dos límites: la discriminación racial y el fascismo.

–Usted vive dentro de Cuba pero viaja al extranjero...

–El exilio siempre es una pérdida, porque abandonas tu casa, tu cultura. Hay cubanos que viven fuera, como mi hermano. Es cierto que a los que vivimos dentro de Cuba nos faltan derechos civiles que debemos ganar, pero llegará un momento en que los ciudadanos de Cuba los podrán ejercer. Es una evolución de la sociedad que no se puede detener. El propio marxismo lo dice y habla de ese desarrollo.

–¿Es conveniente acelerar el proceso de apertura?

–Debería ser más rápido porque son muchos años de carencias, pero el Gobierno de Cuba considera que un cambio brusco aumentaría la desigualdad y desencadenaría reacciones sociales. No se quiere que aumente la desigualdad. Yo crecí en un país donde todos eran iguales, aunque algunos fueran más iguales que otros, pero era un país homogéneo. Ahora se está volviendo heterogéneo. Si se produce una aceleración en los cambios se incrementarán los desequilibrios. Hay que mantener un equilibrio entre ambas posturas.