Deliciosa desfachatez pop

El thriller arqueológico ha conocido un éxito enorme desde «El nombre de la rosa» (1980), de Umberto Eco, un semiólogo que retomó la tradición decimonónica de la novela de intriga policiaca, inserta en la novela gótica, con resonancias tanto de «El monje» como de Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle. Eco añadía a la intriga en el convento un códice secreto, el «maguffin» perfecto para alumbrar el subgénero de intriga arqueológica, cuyo mayor éxito ha sido «El código Da Vinci» (2003). Desde entonces, no pueden faltar sectas secretas, un libro esotérico perdido, un complot, erudición de pacotilla y un final repleto de efectos especiales; de tal manera que el resultado bascula entre la novela de intriga internacional y la investigación criminal apocalíptica: un pastiche típicamente posmoderno.

La última en recoger todos estos estilemas, convertidos por la repetición en «estigmemas», es «El enigma de Platón», de Simone Regazzoni, filósofo italiano alumno de Jacques Derrida y especializado en libros sobre la filosofía pop de las series televisivas «Perdidos» y «House», y «Harry Potter». La singularidad de esta novela de intriga arqueológica es la intención manifiesta del autor de caer en todos los tópicos del subgénero con gran elegancia y supina desfachatez. No es un autor ingenuo, al contrario, como especialista en géneros populares y filósofo pop que los analiza la acumulación de lugares comunes puede entenderse como un «patchwork» enloquecido repleto de homenajes, que rinde pleitesía a la novela, el cine y el tebeo de la cultura popular de masas, utilizando el mismo lenguaje del «best-seller». La intertextualidad posmoderna, vista desde la perspectiva de un teórico «derridiano» de la «pop sofía» aplicada a la novela fantástica.

Comienza con referencias al mundo egipcio mezclado con papiros sagrados, sectas nazis y un libro de «Las doctrinas secretas de Platón», cuyo conocimiento e interpretación daría al traste con el Apocalipsis que la sociedad secreta del Cuarto Reich prepara, y finaliza como si el capitán Nemo atravesara «Stargate» (1994).

Subtramas de cine

Como todo caso rodeado de misterio, la obra va integrando con soltura subtramas recogidas de los libros de aventuras de Julio Verne. Sin rubor, incluye persecuciones típicas de filmes hollywoodiense como «En busca del arca perdida» y «La búsqueda», virando vertiginosamente hacia las novelas fantásticas de Michael Crichton. Nada que no esté «in nuce» en la novela gótica y los relatos de aventuras fantásticas de ciencia ficción de Verne y Wells.

A todos quiere rendir homenaje Regazzoni y lo hace con el desparpajo de quien prefiere entretener fabulando, por muy absurda y demencial que resulte la aventura, a quedarse corto. Tal es el exceso y la mezcolanza, que el lector se enfrenta a un tebeo de resonancias épicas en el que cualquier referencia que se le ocurra seguro que la encuentra reflejada en «Abyss», título original de «El enigma de Platón».