El «abuelo» de Bonnie & Clyde

Es una historia de novela y el escritor italiano Pino Cacucci la convirtió en un libro. «En cualquier caso, ningún remordimiento» reconstruye la turbulenta vida del anarquista Jules Bonnot, obrero metalúrgico y hábil mecánico de coches que además de haber sido ocasional chófer de Arthur Conan Doyle durante una corta estancia en Londres, se hizo conocido por sembrar de violencia las calles de París entre finales de 1911 y comienzos de 1912 como líder de la temible «Banda de Bonnot». Había nacido como Jules Joseph Bonnot en Pont-de-Roide en 1876 y desde muy pequeño supo lo que era la desgracia. A los diez años, murió su madre, y seis años después, su hermano mayor, que se suicidó por cuestiones de desamor. Su padre, un hombre duro y analfabeto que se dedicaba a la fundición de metales, debió entonces ocuparse de él y lo empleó como aprendiz en cuanto oficio pudo. Pero Bonnot enseguida demostró que no se llevaría nada bien con los patrones ni con la Policía, que lo arrestó en un par de ocasiones acusándolo de haberse metido en líos. Así que, una vez terminado el servicio militar, Bonnot decidió irse de Francia con Sofía, una modista joven con la que se había casado, y se fue a Suiza.

Su compinche «Plátano»

Al poco tiempo de llegar a Ginebra, nació su hija, pero la pequeña murió después del parto. Más tarde, Bonnot empezó a participar en manifestaciones sindicalistas, pero las autoridades suizas lo echaron del país, con lo cual cruzó de nuevo la frontera y llegó a Lyon, donde trabajó en una fábrica de coches y se inmiscuyó en sus primeras fechorías delictivas junto a «Plátano», su brazo derecho, de cuya muerte sería luego el principal sospechoso. Separado de Sofía y perseguido por la policía, a comienzos de 1910 dejó Francia y se fue a Londres. Allí, gracias a sus conocimientos de mecánica, consiguió ser el silencioso chófer del escritor Arthur Conan Doyle.

Éxito de ventas cuando fue publicada en Italia en 2011, «En cualquier caso, ningún remordimiento» ofrece un retrato de Bonnot que poco tiene que ver con el de un hombre que se entrega a la violencia ciegamente, tal como ha sido despuntado por los periódicos de la época, que siguieron su caso con atención. Novela al fin, Cacucci pinta un perfil diferente del anarquista: el de alguien que creía en un porvenir mejor mientras el presente se le iba haciendo cada vez más infeliz. «El dolor tiene un límite, una barrera. Más allá de ese límite hay sólo dos caminos: el refugio en la locura o la gélida indiferencia. El rostro de Jules parecía haber optado por esta última opción», escribe Cacucci sobre su personaje, un hombre que, consciente de que la felicidad es una quimera, decide pasar a la acción y opta por esa «gélida indiferencia».

El encuentro en París, en 1911, con los integrantes del periódico «l'Anarchie», que dirigía Víctor Serge, fue una bomba de relojería. Muchos de los jóvenes anarquistas del grupo, como Octave Garnier y Raymond Callemin, se unieron enseguida a Bonnot e iniciaron un periplo delictivo que contaba con algo tan inusual entonces como era un coche. En 1911, la «Banda de Bonnot» robó un Delaunay-Belleville y cometió el primer atraco: quedarse con el maletín del cobrador de la Société Générale en la calle Ordener de París.

Gante, Thiais y algunas ciudades francesas más fueron entonces escenarios del recorrido rabioso de la «Banda de Bonnot», que poco a poco fue dejando los ideales del anarquismo y pasó a convertirse en un grupo de bandoleros a los que la Prensa retrataba con escarnio, dada la extremada violencia con la que actuaban: en un par de meses habían matado a una pareja, a un policía y a un sereno. «El odio era la única energía capaz de mantenerlos en pie», escribe Cacucci sobre la «Banda de Bonnot», que con la policía pisándole los talones cometió su último golpe en marzo de 1912: un nuevo atraco a la Société Générale, esta vez en la sucursal del barrio parisino de Chantilly, que se saldó con tres empleados muertos. Ése fue el final de la Banda. Pues a partir de entonces sus miembros comenzaron a caer uno a uno. Bonnot no. En su escondite de Choisy-le-Roi, soportó un asedio policial que comenzó el 27 de abril y que contó con refuerzos de un regimiento de Zuavos y ametralladoras. Al día siguiente, la policía dinamitó la casa. Al entrar, Bonnot recibió con tiros a los policías, que lo hirieron y lo llevaron al Hospital de París. Entre los escombros había escrito: «Tenía el derecho de vivir aquella felicidad. No me lo habéis concedido. Y entonces, ha sido peor para mí, peor para vosotros, peor para todos... ¿Debería lamentar lo que he hecho hecho? Quizás. Pero no tengo remordimientos. Arrepentimientos sí, pero, en cualquier caso, ningún remordimiento...».