El amor de la perversa Dragon Lady

Salamandra rescata la novela pulp «El lagarto negro» del japonés Edogawa Rampo

Ante el éxito de la novela negra, algunos editores han vuelto la vista atrás. Siruela, con inéditos anglosajones de los años 30, Black Salamandra con un heterodoxo de la novela criminal japonesa: Edogawa Rampo. De entrada, «El lagarto negro», más que una novela negra al uso es un relato de misterio extravagante influido por las aventuras exóticas orientales de Sam Rohmer, autor de «Fu Manchú» (1913). Pues es en la figura de la hija de Fu Manchú donde engrana esta obra de Edogawa Rampo. Una exótica vampiresa oriental aparecida en «La hija del dragón» en 1931, interpretada en el cine por Anna May Wong, modelo de la ladrona Midorikawa de «El lagarto negro»: una «femme fatal» tan estilizada como la cleptómana del bolero cubano «que robaba por un goce de estética emoción».

- Un juego simbólico

El encanto del delirante relato de Rampo reside en el conjunto de clichés que baraja con la gracia ingenua de las novelas pulp de los años 30. Este relato en concreto debería incluirse dentro de la «novela de culto» –en el sentido que se le da al «cult movie»–, que se gana la simpatía del lector por sus deficiencias, anomalías, discutible calidad y exaltación retro del camp y el «kitsch», muy valorados por los amantes del pop.

En realidad, «El lagarto negro» es una novela simbólica de amor entre una perversa Dragon Lady y el detective Kogorö Akechi, opuestos y complementarios. Un juego de dominación que recuerda el mundo de los cómics de bondage, con su estética hierática, diálogos discursivos y situaciones bizarras. Enclavado en el movimiento cultural japonés «Ero-Guro-Nansensu» (Erótico, Grotesco, Nonsense) de los 20, con su preferencia por el erotismo, la decadencia y el nihilismo. En este libro es el narrador dramatizado quien le confiere al relato su originalidad y marca hasta qué punto Edogawa Rampo juega con el lector usando la intromisión como un recurso retórico que permanecía olvidado en el folletín y que el autor vuelve a dotar de encanto retro con sentencias como: «Es posible que, en este punto, los lectores muestren algunas objeciones» o «¿Podrá el famoso detective mantener su promesa? ¿No será de nuevo derrotado?»

El autor-narrador le advierte al a lo largo de la novela poniéndole sobre aviso: «Ni siquiera la inteligente dama de negro era capaz de resolver un misterio tan intrincado». La intromisión retórica del narrador es la clave de bóveda de este relato de misterio trivial en el que los dos contendientes utilizan los subterfugios más disparatados y los disfraces y situaciones más peregrinos para entretener al lector con continuos disparates en la estela de Raffles y Sherlock Holmes. Hay algo de travestismo gay en «El lagarto negro». Una sensibilidad «kitsch» por los recursos de la cultura popular que maneja con indudable gracia en la narración de esta oscura historia de amor sadomaso digna de figurar entre las obras maestras del friquismo pop.

Sobre el autor

Fallecido en 1965, este japonés se especializó en novelas negras y de misterio de componentes erótico-grotescos que alcanzaron popularidad en su época.

Ideal para...

todos los amantes de los subgéneros como la literatura camp, el kitsh y el friquismo pop en estado puro

Un defecto

La ingenuidad que muestra la construcción del relato de misterio y pasión

Una virtud

La capacidad de seducción de una novela que bascula en todo momento entre lo simbólico y lo bizarro

Puntuación: 8