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La perfecta anatomía de un verso

La poesía de Teresa Gómez (Puebla de don Fadrique, Granada, 1960) se gesta en la lírica de «la otra sentimentalidad», que valora la experiencia, la cotidianidad y el testimonialismo. Con los años sus versos irán evolucionando hacia un intimismo neorromántico, de cálida expresividad subjetiva, logrado tono confidencial y entrañable reflexión humanista. A este registro pertenece «La espalda de la violinista», un poemario cuyo título justifica la propia autora a través de una significativa anécdota: durante un concierto de música clásica se fija en la espalda de una violinista, que se mantiene erguida, los músculos entregados a la perfección interpretativa, consiguiendo, con elaborada técnica anatómica, la expresión simple y llana de la pura belleza musical.

Los temas predominantes son aquí el amor, el deseo y la soledad: «La noche tiene garras que te tocan de pronto/y son como tus besos cuando no estás conmigo» (pág. 67); sin olvidar el pautado paso del tiempo: «Una tarde, como cada tarde,/y al fin igual que siempre, diferente» (pág. 47); la incomunicación afectiva: «Elegiste mi nombre para dormir contigo,/pero no me dejabas acariciar tus ojos» (pág. 37); o la conflictiva sentimentalidad: «Qué obstinada amenaza de tormenta/arrastra como nubes tus deseos» (pág. 89). Este libro radiografía acertadamente el costumbrismo de los afectos, la ternura de las sensibilidades eróticas, la gestualidad de las emociones, los ritmos de la pasión amatoria y las conmociones del desamor. Deslumbrantes metáforas de tenue surrealidad, versos de obsesivo enamoramiento, consciencia de la propia temporalidad, sutil percepción de la realidad física del amor, y exquisita habitualidad intimista conforman un elaborado poemario que fluye, sin embargo, con el sencillo coloquialismo de la mejor estética contemporánea.