Neruda, feroz amante

Una niña, escondida en un armario, ve la relación sexual de un hombre llamado Pablo y una mujer que tiene una mancha en la pantorrilla. La descripción, con mucho del estilo del «nouveau roman», nos introduce ya en la primera página en un mundo hecho de sensaciones, de casi voyeurismo, en un universo, como fueron las casas de Pablo Neruda (Isla Negra, la Chascona y la Sebastiana) inundadas de miles de objetos relacionados con el mar, desde sus famosos mascarones a sus colecciones de conchas, que tanto llamarán la atención a la niña, Elisa, protagonista de esta novela. El enigma del genio sitiado por sus mujeres es trazado por la argentina María Fasce a veces incluso con breve crueldad, como quien atraviesa la vida de sus mujeres en un mar interior embravecido por la creación. La acción en la primera parte de la novela se sitúa en su mansión de Isla Negra, en el momento en que está a punto de romperse la relación con su primera pareja, la aristocrática Delia del Carril (veinte años mayor que él), y pasar a su segunda mujer, Matilde Urrutia.

En esta obra, y mientras todavía está allí Delia, aunque Neruda tiene ya relaciones de amante con Urrutia, entra a trabajar Raquel, que lleva a su hija, Elisa. Todo ello oculta un secreto que la autora nos descubre en la página 157. Luego se nos contará la vida y las parejas de Elisa en París y su conversión en escritora, una parte que creo que tiene menos interés que la primera. Y para quien quiera investigar más en aquellos tiempos recomiendo indagar en la relación secreta del poeta con Alicia Urrutia, sobrina de Matilde, que también fue a vivir con Neruda y su esposa llevando a su hija Rosario. Al fin, parece decirnos Fasce, la obra de poetas y escritores, como las antiguas estatuas romanas, suele yacer oculta entre barros y zafiros, según el verso de Eliot.