Un cuadro te puede marcar la vida

El recurso ya fue utilizado muchas veces: una novela que gira alrededor de un cuadro que sirve de metáfora de la historia que se cuenta. Bernhard Schlink, el escritor alemán que en 1995 se convirtió en best seller con la hermosa novela «El lector», también recurre al mismo recurso en «Mujer bajando una escalera», pues en ella dibuja un rectángulo amoroso en cuyo centro hay un cuadro con ese título. El protagonista y narrador que tiene como centro ese cuadro y como escenario el mundo actual y globalizado, es un abogado de setenta años. Un hombre viudo que vive sin problemas económicos y que descubre, en la Art Gallery de Sidney, el cuadro que da título a la novela y al que lo une un pasado tan lejano como sentimental. Hacía décadas que no lo veía, y el encuentro con él, intenso e inesperado como son los encuentros con el arte, será la clave que lo llevará a recordar una época de su vida y, también, a examinar un presente que se le escapa de las manos.

Narrada con un estilo claro y fluido, y dividida en tres partes de breves capítulos, la historia de «Mujer bajando una escalera» se desplaza entonces hacia un momento crucial en la biografía del narrador: la vez que siguió un caso que nadie quería seguir: una disputa entre el propietario del cuadro (el millonario Peter Gundlach), el pintor (Karl Schwind) y la musa que baja la escalera: Irene Gundlach, joven y bella esposa del millonario y que mantuvo en pugna de amor a los tres hombres y que se bajó de la escena junto con el cuadro.

Mezcla de policial romántico (género en el que Schlink, con cuatro libros, es todo un especialista) la obra no se sostiene en la clásica resolución de un enigma. Quizá porque en este thriller sentimental y contemporáneo lo importante no sea algo que haya que descubrir, sino el simple hecho de ser una trama bien ejecutada y en la que se cruzan el arte, la política, el deseo, el amor.