Una niñez olorosamente comunista

Fascina este extraño libro, en ocasiones siniestro, otras evocador, lírico, en la estela de Seamus Heaney y surrealista al estilo gogoliano. Un debut seductor que podría tildarse de cuento folclórico marcado por el colapso de los regímenes comunistas de la Europa del Este y la promesa de un futuro mejor... que nunca llega. Wioletta Greg no sacrifica sutileza o complejidad en este retrato aldeano de una niña nacida en la meseta de Cracovia, Czestohowa, a la que presta su nombre. Así, veremos por los ojos de Wiolka un pueblo donde las viejas costumbres coexisten con las granjas colectivas socialistas y las tradiciones católicas. Los acontecimientos políticos clave –la imposición la de ley marcial o la visita del Papa a Polonia– asoman por estas páginas, pero la autora no incide en ellos. A su tinta le importa la niña –cuyo padre es un desertor reciclado en taxidermista– que colecciona etiquetas de cajas de cerillas, traga mercurio y sabe que no debe abrir la puerta de la habitación secreta ni matar arañas porque puede provocar tormentas. Hay algo fascinante en estos relatos de formación, especialmente cuando se desarrollan en un país secreto del pasado. Más aún, si proceden de una poeta que maneja a la perfección la brevedad. Acompañamos a la pequeña cuando nos ilustra sobre los cepillos de pelo almacenados en una lata de cacao, una visita al recinto ferial o el intento de ganar un concurso de arte... y hasta su despertar sexual, incluyendo intentos de abuso infantil. Pero no busquen una revisión nostálgica de la niñez que no la encontrarán y sí, en cambio, el mundo interior de la protagonista y su imaginación sinestésica: un pasillo que se transforma en el vientre de la ballena bíblica, una mesa de la cocina que palpita con lombrices... Greg es una maestra de lo no dicho. Si a ello le sumamos la sensación de surrealismo que atraviesa la novela el lector podría llegar a desorientarse... aunque es un mal menor. Es refrescante encontrar un escritor de ficción tan libre de pompa estilística y tan sutil a la hora de exponer su verdad. Un libro, tan vívidamente contado, que se huele, se toca y se siente.