Lorenzo Silva: «La crisis esconde un déficit brutal de responsabilidades»

Veinte años después, el escritor publica una historia de amor: «Música para feos».

Los héroes nacen de una pasión, un arrebato, un impulso o una convicción que los empuja a una aventura, una exploración, un territorio agreste, ignoto. Lorenzo Silva es un escritor prudente que considera que «los grandes temas no hay que tocarlos en exceso, no debemos acercarnos a ellos si no se tiene algo distinto, original. Y menos, en el amor, sobre todo si no tienes dos personajes que merezcan la pena». Él los ha encontrado en dos caracteres bateados, que vienen de vuelta, dos milicianos del día a día batidos por los desencantos de la realidad: un militar, acostumbrado a expresarse con silencios y evasivas; y una periodista desengañada de la profesión. Con ellos ha forjado «Música para feos» (Destino), una historia que discurre entre España y la guerra de Afganistán. «La seducción depende en gran parte de aquello que se nos escapa, de lo que no podemos apoderarnos de la otra persona, del misterio que se nos hurta. Pero, la seducción también culmina cuando somos capaces de entregar los secretos.

–¿Cuál es la diferencia de amar en tiempos de guerra y en tiempos de paz?

–En el primer caso, la amenaza existe desde que nace. El amor ya es un sentimiento difícil de alimentar y, en la guerra, más. Pero en esas circunstancias también puede hacerse más fuerte. En el segundo presupuesto, el riesgo procede de la propia dinámica del amor.

–¿La frustración de sus personajes es la de estos tiempos de crisis?

–Sí. Pero tengo la impresión de que la palabra crisis se ha quedado pequeña y la estamos estirando como un chicle. La crisis es una etiqueta difusa, vaga, pero tiene manifestaciones concretas. En la novela se habla de la depauperación económica, profesional y moral de los protagonistas. Y de la defraudación de las expectativas legítimas que albergaba la gente, que ha aplicado unos esfuerzos y sacrificios, en arreglo de unas premisas, que no se han cumplido. Las personas ha sido defraudadas brutalmente. Y de lo que hablo va más allá de la prima de riesgo o de otros indicadores.

–¿Qué hay detrás de la palabra crisis?

–Un cóctel explosivo de hipocresía, cinismo, estafa. Ha habido fenómenos de engaño y de engaño masivos, y, un déficit brutal de asunción de responsabilidades y exigencias. Y todo eso es más importante que durante unos años haya bajado el PIB . Esto no es algo de ayer, es de hace diez años, lo hemos gestado en las últimas dos décadas, y no lo vamos a resolver mañana.

–En su libro aparecen dos profesiones muy criticadas ahora: militar y periodista.

–Todas las profesiones tienen una visión positiva y otra negativa. Hace décadas, unos militares traicionaron su juramento, aunque ésa es una tara que va a más allá de su profesión. Pero hay que señalar que ahora los militares asumen su oficio con una entrega encomiable. El periodismo que se ha criticado es el que no busca la verdad o persigue una noticia y que, por diversas razones, tiene que bajar las aspiraciones de su oficio. Pero el periodismo es muy noble y a veces supone un riesgo personal en favor de la comunidad.

–Afirma en esta obra que desde el 11-S ya no existe seguridad en el mundo.

–Y no la hay. El 11-S fue un golpe meticulosamente diseñado desde la propaganda para golpear el corazón financiero de la gran potencia. Que nadie está a salvo lo demuestra el vídeo del Estado Islámico que enseña cómo matan a un general iraquí, cómo pueden entrar en cualquier parte.

–¿Estos años de seguridad, paradójicamente, han adormecido a Occidente?

–La seguridad ha hecho olvidar a muchos occidentales que la violencia es inherente a la condición humana. Resulta muy sencillo que estalle, y es raramente viable por el raciocinio. Hay que reconocer que este sistema de negociar y llegar acuerdos y convenciones no es lo normal de los seres humanos y las colectividades humanas del pasado. Lo que el hombre ha hecho la mayor parte del tiempo es guerrear y atajar los problemas con violencia. Ahora, lo curioso es que los europeos no tenemos medios para defendernos y la Unión Europea depende del Ejército de Estados Unidos, porque no tiene.

–¿No estamos preparados para lo imprevisible?

–Bueno, un discurso tan intenso acerca de nuestros derechos y tan somero sobre nuestras responsabilidades, acerca de dónde proviene todo, las fuentes reales de nuestro comodidad y seguridad, nos ha afectado. Nos falta conciencia para muchas cosas. La gente piensa que la luz está garantizada, pero hay que recordar que la energía es ínfima. Si alguien corta en el Magreb y los rusos se ponen de uñas, aquí empezamos a pasar frío en veinte días.

–Su protagonista trabaja en Afganistán. ¿Hay mucho odio fuera de Europa?

–Existe gente afectada por unas condiciones de vida durísimas. Se ha probado, con episodios recientes, que se han tomado decisiones con nociones precarias sobre algunos temas. Irak vivían bajo una tiranía, pero han pasado de una vida complicada a una apocalíptica. Y todo eso ha dependido de un señor que estaba a miles de kilómetros. Cuando uno lee su libro, te puedes dar cuenta de la falta de la realidad en la que se desenvolvía. Por eso hay un odio terrible, porque hay personas que han perdido a toda su familia por una bomba inteligente.

–¿Por eso partimos con desventaja respecto al Estado Islámico (EI)?

–El EI languidecerá, como sucedió con Al Qaeda. Empezará a remitir, como el ébola. Lo que ocurre es que EE UU, en vez de optar por el método de Bush, ha elegido una terapia más lenta: formar a los ejércitos de esos países. Es una decisión más inteligente. Tardará en dar resultado. Pero con lo que no vamos a acabar es con el yihadismo o el islamismo fanático, mientas no ataquemos los problemas de fondo: estamos hablando una evolución interna de las sociedades islámicas, porque no todos los musulmanes son islamistas. Es algo que debe hacer la población hacia una visión más civilizada y moderna de la vida, y superar la visión bárbara del EI.

–¿Hay un pacifismo absurdo?

–Hay un pacifismo un poco ponciopilatiano, de me lavo las manos. O tratamos de decidir dónde está la justicia o simplemente ganará el más fuerte. Hay situaciones en las que hay que hacer la guerra y el que sabe hacerla bien causa menos daños. Para eso existen los ejércitos bien preparados. Lo que diferencia a un soldado de un criminal, es que un soldado tiene un código moral.