Los «amantes peregrinos» de Carlos García Gual

El helenista y filólogo ingresó ayer en la RAE, donde ocupará el sillón «J», con un discurso sobre la invención de la novela en Occidente en el mundo griego.

El helenista y filólogo ingresó ayer en la RAE, donde ocupará el sillón «J», con un discurso sobre la invención de la novela en Occidente en el mundo griego.

Cuando el 30 de noviembre de 2017 la Real Academia Española (RAE) eligió al helenista, escritor, traductor y crítico Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) para ocupar la silla «J», vacante desde el fallecimiento de Francisco Nieva, prácticamente todos los medios coincidieron en su valoración: «mito», «sabio», «maestro»... y, sobre todo, verdadero humanista de nuestro tiempo, gran apasionado del mundo clásico. Su candidatura fue presentada por los académicos Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron y Miguel Sáenz, compitiendo con el escritor Alfredo Conde. Ayer ingresó en la RAE con la lectura de su discurso: «Historias de amantes peregrinos. Las primeras novelas», centrado en la aparición de la novela en Grecia, al que respondió la académica Carmen Iglesias.

Tras glosar los méritos de su antecesor en el sillón, el dramaturgo Francisco Nieva, Carlos García Gual dedicó su discurso a la irrupción del género novelístico por primera vez en el mundo clásico. Un discurso dividido en once capítulos que recorren la novelesca historia de «los amantes peregrinos» y el triunfo final del amor romántico. Sostiene que «las primeras novelas fue un invento literario griego de la época helenística». Para ello comenzó aludiendo a «los peligros de leer novelas» que significaba el emperador Juliano en una carta «con la instrucción de no permitir a los sacerdotes la lectura de “ficciones con argumentos amorosos” (lo que llamamos “novelas”). Y las razones para tal censura –afirma– eran de orden moral: esos relatos de amor excitan las pasiones y avivan fogosos deseos».

Según García Gual, «la novela es un, género de invención muy tardía, postclásica, que ni en griego ni en latín tuvo un nombre propio». Así que, «en contraste con la épica, la tragedia, la comedia, la lírica, la filosofía, la historia, etc., la teoría literaria no heredó un término griego para la novela». Según el académico «en la tradición clásica no faltaban relatos de ficción ni motivos amorosos y eróticos, pero nunca desligados de la forma poética y sin trasfondo mitológico. Las ficciones “románticas” reflejan las inquietudes sentimentales de un público muy distinto del clásico, presto a emocionarse con las azarosas aventuras de jóvenes amantes que cifran su felicidad en amor recíproco y el matrimonio como única meta de su existencia. Este género literario nuevo y tardío se aproxima a cierta literatura moderna popular y se aleja de la tradición clásica», afirma. En él, «los protagonistas dejan de ser héroes, para ser personas próximas a los lectores y acreditan una condición indispensable: ser bellos y jóvenes». Es decir, «el amor como tema fundamental combinado con el del viaje azaroso y la separación de los amantes durante tortuosas peripecias que concluyen siempre en un final feliz». A este público se suman las mujeres «por su orientación sentimental y afanes románticos. En estas novelas, las figura femenina tiene tanto protagonismo como las masculinas».

García Gual concluyó afirmando que «ni los jóvenes enamorados son héroes míticos, ni la novela tiene pretensiones históricas. Al público helenístico los novelistas le prometen un nuevo mundo ficticio y sentimental que avanza, desbocado y prosaico, por una senda erótica de inagotables horizontes, hacia su inmensa descendencia en la modernidad».