Historia

Masonería, una sociedad secreta para nobles y reyes

El historiador del derecho Javier Alvarado publica dos volúmenes, más de 1.000 páginas, dedicados a la relación de la sociedad secreta más famosa y controvertida con las principales casas reales europeas.

El historiador del derecho Javier Alvarado publica dos volúmenes, más de 1.000 páginas, dedicados a la relación de la sociedad secreta más famosa y controvertida con las principales casas reales europeas.

La hermandad humana expresada en el simbolismo de las asociaciones iniciáticas y fraternas para distintos fines que han existido a lo largo de la historia es una de las facetas sociales imprescindibles del «homo sapiens». Grupos fuertemente cohesionados en torno a símbolos sapienciales o religiosos, como los pitagóricos o los órficos en la antigüedad, fundaron utopías terrenas con el fin de conocer los secretos del más allá; la tradición de las sociedades iniciáticas, en torno a los gremios de constructores medievales o en los que buscaban una ciencia universal en la alquimia, ha producido grandes avances culturales y grandes iniciados que han ejecutado logros inolvidables de la cultura y las ciencias, desde «La flauta mágica» de Mozart a las teorías de Kepler o Newton. Con la llegada de la edad moderna, muchos de estos grupos fraternales, en pos del mejoramiento del ser humano desde su individualidad al colectivo, se basaron en ideas revolucionarias, pero no en lo político, sino precisamente en lo humano, en su afán de redescubrir –a partir de símbolos y rituales –las capas más recónditas de la conciencia que hacían del autoconocimiento un despojarse del yo para buscar una hermandad universal con todos los hombres. Lo simbólico, como decía el célebre historiador de las religiones rumano Mircea Eliade, es un elemento de la estructura de la conciencia humana y cuando los miembros de la sociedad iniciática conocida como francmasonería se autodenominan «hijos de la acacia», el poderoso simbolismo de este árbol de hoja perenne nos remite inmediatamente a la idea de la trascendencia del yo y nos dice mucho más sobre las características de esta sociedad iniciática y fraternal que la mayor parte de los sesudos estudios y de los arraigados prejuicios que a lo largo de la historia han abundado sobre ella. El problema de este tipo de sociedades es, en verdad, que su carácter iniciático y sujeto al secretismo ha dado pábulo a todo tipo de historias ajenas a la realidad. La historia de la masonería está plagada de sombras, rumores malintencionados y ataques prejuiciosos que han tratado de desprestigiarla y de privarle de su carácter humanista, convirtiéndola en una de las organizaciones más denostadas del mundo.

Tópicos y prejuicios

Uno de estos prejuicios acerca de la masonería es que fue una sociedad secreta al servicio de organizaciones radicales, republicanas, izquierdistas y anticlericales que pretendía conspirar contra el orden burgués establecido, la monarquía o la iglesia católica. A desmontar algunas de estas falsas premisas se dedica ahora una de las obras más impresionantes de los últimos tiempos, producto de diez años de trabajo y que se ha publicado en la editorial Dykinson. Se trata de «Monarcas masones y otros príncipes de la acacia», de Javier Alvarado Planas, un monumental libro de más de un millar de páginas –eruditas pero en un tono accesible y divulgativo– que dan fe del profundo conocimiento de su autor sobre uno de sus temas predilectos. Alvarado Planas es catedrático de Historia del Derecho y de las instituciones en la UNED, académico correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de Jurisprudencia y Legislación, y uno de los más reconocidos expertos en historia de la masonería y de las sociedades fraternales, que ha dedicado muchos años de estudio, libros, cursos y conferencias a estos y otros temas. Su trabajo le ha valido, entre otras distinciones, el Premio Nacional de Historia por la obra colectiva «El Rey. Historia de la monarquía», y el V Premio Hidalgos de España por su reciente libro «Masones en la nobleza de España: una hermandad de iluminados». En esta ocasión, nos ofrece un libro imprescindible para comprender la masonería, que propone un recorrido por la historia de esta fraternidad igualitaria y de carácter secreto en las casas reales europeas y los ambientes nobiliarios.

«Monarcas masones» se compone de dos tomos, de unas 600 páginas aproximadamente, que se estructuran en XII capítulos en referencia a las cortes europeas y los monarcas reinantes de las diversas dinastías en los siglos XVIII, XIX y XX. En el primero, y tras una introducción general sobre este movimiento secreto, un primer y prolijo capítulo se dedica, como es natural, a los reyes de Inglaterra, siendo este país el pilar de la masonería moderna desde la fundación de la Gran Logia de Londres (1717). El capítulo III se dedica a Francia, a los círculos reales e imperiales de ese país, en lo que el autor denomina la «masonería caballeresca», desde el final del antiguo régimen hasta finales del siglo XIX. El capítulo IV versa sobre la monarquía de los Países Bajos, el V sobre los países nórdicos –en el que se nota un excepcional trabajo de campo del autor para conseguir la documentación iconográfica poco accesible de los retratos reales–, el VI a la masonería imperial austrohúngara, con informaciones sobre la iniciación de Francisco I, y un capítulo VIII sobre Portugal, donde la masonería tuvo un gran incidencia lo largo del siglo XIX y también llegó a extenderse por el Imperio de Brasil. Si los anexos al volumen I se dedican a los grandes maestros de las logias de Escocia y de Irlanda, el volumen II pasa a los emperadores y nobles masónicos de Alemania (cap. VIII), la monarquía italiana (IX) y los zares masones (X), mientras que el capítulo undécimo se dedica a Polonia y la influencia de la masonería en su movimiento de reafirmación nacional. Por último, el capítulo XII estudia la relación entre catolicismo y masonería al hilo de un repaso por los eclesiásticos que han sido masones. El volumen II y toda la obra se cierran con unas reflexiones finales sobre la mala fama de la francmasonería a propósito del presunto «contubernio» con el judaísmo, el comunismo y el anticlericalismo radical que quisieron ver algunos. No hay que echar mucho la vista atrás para encontrar, sin ir más lejos en nuestro país, restos de tales prejuicios inveterados, como los que llevaron al régimen de Franco a emprender una feroz purga contra lsus miembros. Cabe recordar que el propio dictador fue candidato por dos veces a ingresar en la masonería y que los rechazos que sufrió pudieron influirle sobremanera, como sucede a menudo con otros aspirantes fallidos o réprobos de sociedades iniciáticas de la historia, como el pitagorismo.

Elevados ideales

No puede resultar extraño que los masones, que tanto contribuyeron a difundir los principios del liberalismo social, político y económico con sus actividades, hubieran penetrado de tal modo en las casas reinantes europeas: el doble cuerpo de los monarcas, que diría Kantorowicz, se ha prestado bien a simbolismos variados. Y era natural que sus elevados ideales y símbolos de hermandad y saber universal cundieran especialmente entre las clases más educadas de la corte. Descubrimos así a lo largo del libro que creadores vinculados a las casas gobernantes, como Goethe, Liszt o Mozart, que fue conde palatino, también estuvieron en-tre los grandes iniciados. A ello se añade la constatación de que en las logias no se debía hablar de política o religión, lo que excluía afanes conspirativos. El balance histórico de la masonería sigue siendo ambivalente y controvertido, pero Alvarado propone, con tino, alternar el rigor histórico con la reivindicación de sus aspectos positivos: buscar al menos, «entre Clío y Temis», algo de ecuanimidad para juzgar como es debido y no demonizar esta sociedad iniciática.

En suma, la presente es una obra emblemática de la erudición histórica española que no debe faltar en la biblioteca de los amantes a desmitificar los prejuicios y las leyendas. Complementan la magnífica edición una bibliografía de 30 páginas y un glosario de términos masónicos para el uso del lector, aparte de un extenso y exhaustivo índice onomástico para cada volumen. Ya se ha hablado de las ilustraciones, pero hay que recalcar que los pliegos en color y su selección de imágenes son todo un tesoro. En ellas podemos ver que monarcas tan emblemáticos como Eduardo VIII o Jorge VI de Inglaterra o el emperador Guillermo I de Alemania no dudaron tampoco en fotografiarse con la indumentaria simbólica de su iniciación en la francmasonería. En fin, un libro monumental, imprescindible para el lector iniciado o interesado en estos temas.