Huérfanos de «El exorcista»

Fallece William Peter Blatty, autor de la «mejor novela de terror» según Stephen King, y ganador del Oscar al mejor guión por la mítica adaptación de este clásico

Fotografía de archivo del escritor y director de cine estadounidense William Peter Blatty de 'El Exorcista'
Fotografía de archivo del escritor y director de cine estadounidense William Peter Blatty de 'El Exorcista'

Fallece William Peter Blatty, autor de la «mejor novela de terror» según Stephen King, y ganador del Oscar al mejor guión por la mítica adaptación de este clásico

Hoy en día, cuando las librerías y las pantallas rebosan de sagas demoníacas y vampíricas, de posesiones y casas encantadas, resulta extraño hacerse a la idea del tremendo impacto de «El exorcista» durante los 70. Pero buena parte de lo que vino después (pensemos en Stephen King, que ayer consideraba en Twitter a «El exorcista» «la mejor novela de horror de nuestro tiempo») y de lo que tenemos hoy, se debe a la pluma de un tipo de Nueva York (muerto ayer, a los 89 años) que hurgó en lo paranormal y, concretamente, en una de las actividades menos conocidas de la Iglesia: el Ritual Romano contra la posesión demoníaca.

El interés por la religión acompañó a William Peter Blatty desde siempre. Nacido en el seno de una familia de inmigrantes libaneses, su madre le inculcó los valores católicos, y de su admiración específica por los jesuítas extraería la inspiración para el personaje del padre Merrin. Pero antes de ser el autor de «El exorcista», Blatty desempeñaría numerosos trabajos nada anormales –vendedor, repartidor...–, tras los que, curiosamente, se inició en la literatura humorística. Las buenas críticas, que le llevaron incluso a guionizar dos películas de Blake Edwards, lo animaron también a continuar rasgando el papel; pero en su cabeza ya daba vueltas una historia muy diferente a su anterior producción. Espoleado por la lectura de un misterioso caso de posesión en Mayland durante los años 40 y después de un exhaustivo trabajo de investigación sobre un mundo extremadamente poco conocido, Blatty colocó las primeras líneas de «El exorcista» (prólogo aparte): «Como el maldito y fugaz destello de explosiones solares que sólo impresionan borrosamente los ojos de los ciegos, el comienzo del horror pasó casi inadvertido».

- Escalera de Georgetown

Aquel libro (año 1971) atrapó al lector norteamericano: se mantuvo durante 57 semanas en la lista de «best sellers» de «The New York Times». El siguiente paso era lógico y hasta obligado: trasladarlo al cine. El propio Blatty escribió el guión e incluso se implicó en la producción. El filme multiplicó la fama de la novela (la cinta más taquillera con la calificación «R») y la leyenda (un rodaje accidentado, crisis nerviosas en el patio de butacas...) apuntaló el éxito de una producción que aún hoy se recuerda por sus efectos especiales, algunas localizaciones icónicas (como la mítica escalera de Georgetown), la música obsesiva de Mike Oldfield, o frases como «Hoy es un buen día para un exorcismo». Sumó 10 nominaciones en los Oscar del 73, de las que se llevó mejor sonido y mejor guión adaptado precisamente para Blatty. El escritor siempre se lamentó de que el descomunal éxito de esta obra castró sus posibilidades como novelista de comedia: «La triste realidad es que nadie quiere que las escriba». Así que la sombra de «El exorcista» siguió presente en toda su obra futura, con varias secuelas, como «Legión» (1983) o «El exorcista III», que el propio Blatty llevó al cine como director en 1990.

William Friedkin, director de «El exorcista», apenas un año después de rodar «The French Connection», recordaba ayer a Blatty en Twitter como un «amigo querido y hermano». Con él se reencontró el 30 de octubre de 2015 en una de sus últimas apariciones públicas, con motivo de la colocación de una placa conmemorativa en las famosas escaleras del filme. Por ellas cae el joven padre Karras, de resultas de la pérdida de su fe. Blatty reflejó sus dudas y miedos tras la muerte de su madre en este sacerdote e hizo de «El exorcista», según dijo, sencillamente una batalla entre el bien y el mal. La novela lo reconfortó: «Solidificó mi creencia de que algún día volvería a ver a mi madre».