Agente en apuros

Obras de Beethoven y Strauss. Piano: J. Perianes. Royal Concertgebouw Orchestra. Director: S. Bychkov, director. Auditorio Nacional. Madrid, 1-II-2016.

La Razón
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Los artistas previstos para este concierto de Ibermúsica, con el que comenzaba una espectacular semana de su ciclo, tocaron en Barcelona el día antes y, al llegar a Madrid, enfermó el pianista Jean-Yves Thibaudet. ¿Qué hacer en una situación así a pocas horas del inicio del concierto? Afortunadamente se encontraba en Madrid Javier Perianes, curiosamente con un piano en mitad de la pradera del Bernabéu grabando un programa para la BBC sobre sus aficiones extramusicales y él, forofo del Madrid, eligió ese lugar para la grabación. Obviamente un artista no se puede sentar ante un piano para abordar una obra como el «Emperador» en minutos si no la tiene en dedos, y Perianes demostró tenerla para tocarla a gran nivel sin apenas ensayo. Tampoco era fácil porque las formas de entender la música de él y del director Semyon Bychkov no discurren paralelas. Sin embargo, se encontraron a gusto en el primer tiempo y no se separaron demasiado en los dos siguientes, aunque hubo naturalmente algún que otro desajuste y lograron alcanzar un éxito indudable. Sin embargo Javier Perianes debería prodigarse menos en España, ya que se está convirtiendo en solista de la «casa» y eso no es bueno. No lo es porque es español y en España, si quieres que te valoren, has de ser más reconocido fuera que dentro. No se valora en lo que se merece quien es como uno más de la familia. No es bueno porque tanta presencia acaba perjudicando a otros colegas, quienes no estarán muy contentos porque así es este mundo.

En la segunda parte se escuchó una muy potente «Vida de héroe». Strauss se habría sentido feliz de haber escuchado su obra con una orquesta de la categoría del Concertgebouw. Con un conjunto así casi sobra el director, ya que es tan admirable su sonido que el oyente se olvida del concepto directorial para disfrutar de solos y tuttis. Entre los primeros el dulce del violín de Vesko Eschkenazy cantando la felicidad doméstica y entre los segundos la formidable batalla. Al sonado triunfo colaboró Semyon Bychkov, un buen y enérgico maestro, aunque esta vez quedó por debajo de las maravillosas huestes que comandaba. Un apunte final: la alegría de volver a ver totalmente lleno el auditorio.